Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Premisa de la Promesa
Eduardo García Gaspar
18 mayo 2015
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
Catalogado en:


La idea existe. Demasiados la creen cierta.androjo

Suponen algo equivocado. Creen que la economía puede ser controlada desde una oficina central.

Como si se tratara de un videojuego, con un control de mandos en manos de una persona. Moviendo el control, creen, la economía seguirá sus instrucciones.

Como un esquema mental, esa creencia presupone que la economía se mueve según el mando de alguien. Que sigue sus instrucciones. No es exagerado decirlo.

Es lo que lleva al gobernante a exclamar, por ejemplo, «[…] sé generar empleos, al menos 150 mil durante mi gobierno».

Lo que les hace prometer atraer inversiones. Y, en un caso extremo, reducir a la economía a un sencillo “administrar la abundancia”.

Que hacen creer que la economía puede ser dinamizada con inyecciones de recursos. En fin, creo, el punto queda ilustrado: demasiados creen que la economía puede ser conducida desde una silla, especialmente una silla presidencial.

La suposición, aunque falsa, está inmensamente arraigada en la mente de muchos. Y, responden a problemas económicos con una reacción automática: “El gobierno debe hacer algo”, como elevar salarios, facilitar crédito, resolver obesidad, lo que a cualquiera se le ocurra.

La pregunta que sigue es la obvia. ¿Puede una economía nacional ser conducida por una autoridad central hacia metas de crecimiento, mayor empleo, más inversión y demás?

No es un asunto retórico. Es realmente cuestionar una premisa que suele darse como cierta sin examinarla.

Examinemos esto, comenzando por lo innegable. En la economía intervienen millones de personas. Cada una de ellas compra, consume, vende, produce, distribuye, actúa según ella piensa que es mejor.

Es decir, conducir a la economía es igual a pensar que es posible que esos millones actúen de la manera en la que se les diga que lo hagan.

No entiendo cómo un gobernante cualquiera puede hacerse ilusiones pensando que millones seguirán sus órdenes económicas, como crear empleos o invertir, cuando la prueba de lo contrario la tiene en casa, al intentar que sus hijos le obedezcan.

La dificultad es enorme: suponer que la economía puede conducirse desde una oficina de control central, al estilo de las torres de controladores aéreos, supone a su vez otra cosa: la gente, millones de personas, seguirán las instrucciones que les den.

Si ni incluso a las leyes se obedece ciegamente y eso que existen penas y castigos. Será imposible suponer que se seguirán las instrucciones del gran conductos económico.

Pero no solo hay ese problema, que de por sí bastaría para abandonar la idea de conducir a la economía según la voluntad del controlador central. Hay otro problema incluso mayor. El de la información.

Si usted, por ejemplo, tiene una agencia de publicidad en la Ciudad de México, sabrá mucho de ese negocio en ese país. Quizá sea un experto absoluto en ese campo.

Pero el controlador, si quiere evitar errores, tiene que saber de publicidad no solo lo que que sabe usted, sino lo mismo que saben de sus negocios millones de propietarios y empleados de ellos.

El controlador de la economía debe saber, al menos, tanto como el minero de minería, el agricultor de agricultura, el banquero de bancos, el constructor de construcción… Con cualquiera de ellos debe mostrarse que sabe incluso más.

Y, por si fuera poco, debe saber más de, por ejemplo, Guadalajara, de Monterrey, que sus propios habitantes, aunque el controlador viva en la capital.

No creo que eso sea posible. Piense usted en una realidad: el restaurantero sabe de su negocio pero seguramente no tiene la menor idea del negocio de la madera con la que han sido hechas sus sillas.

Y el maderero no necesita saber nada de dónde se compra la mejor carne para ese restaurante. Nadie, ninguna persona, sabe lo suficiente como para controlar la economía y hacerlo bien.

No solo saber del negocio y de la especialidad del empleo de cada persona, de millones de ellas, sino conocerlas mejor que ellas se conocen a sí mismas. Lograr esa información es imposible, pero ella es lo que necesita saber el conductor de la economía para manejarla bien.

En fin, todo lo que he intentado hacer es señalar un par de razones por las que tantas promesas de los gobernantes parte de una premisa totalmente falsa.

Post Scriptum

Lo que sucede a continuación es lo obvio: la economía es conducida por quien no tiene la información suficiente y que piensa que sus órdenes serán obedecidas por todos automáticamente. El resultado de eso es el que imaginamos todos: será un fracaso.

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