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Selección de ContraPeso.info
1 abril 2015
Sección: DERECHOS, Sección: AmaYi
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Es una cuestión de todos los días. Cada persona tiene una idea sobre la mejor sociedad, su propio proyecto. No está mal, pero hay un problema. ¿Por qué debe implantarse el proyecto de la persona A y no el de B ni el de C? ¿Acaso hay personas con más derecho que otras para implantar su proyecto?

La respuesta obvia, y errónea, es implantar el mejor proyecto, no importa de quién sea. Con el problema natural, no hay acuerdos sobre cuál es ése sistema que es el mejor.

Por eso hay que analizar el asunto desde otra perspectiva. Preguntarse si existe el derecho de una persona para implantar un sistema sobre toda la sociedad, y de la respuesta sacar conclusiones.

Eso es lo que hizo un economista en su libro Bastiat, F. (1987). The Law. The Foundation for Economic Education Irving-on-Hudson, New York, pp 71 y 72.

Lo primero que hace Bastiat es preguntar si la ley da un derecho a ciertas personas sobre otras para imponer un tipo de gobierno o proyecto de sociedad. Su respuesta es negativa.

La ley no da derecho a unas personas a implantar su régimen ideal sobre los demás. La ley es exclusivamente una forma de defensa del individuo ante los demás.

Las personas pueden ser atacadas en sus personas y en sus bienes. La ley sirve para evitar y castigar esos ataques, como robos, fraudes, daños en sus personas y similares.

Esos derechos son iguales para todos. Si los derechos legales de todos son iguales se sigue una conclusión que es inevitable.

Ninguna persona tiene el derecho de imponer a otra una determinada forma de vida o sistema social. Si se permitiera que una persona impusiera al resto un cierto arreglo social, ello significaría que esa persona tiene más derechos que otra, lo que contradice la igualdad de derechos ante la ley.

¿Qué ley justifica que Pablo viva bajo la organización impuesta por Pedro?

No existe razón que fundamente con lógica la imposición de las ideas de una persona y no las ideas de otra. No es lógico suponer que la naturaleza le ha dado a una persona sí y a otra no, la suficiente imaginación para soñar una utopía y el suficiente poder para imponerla.

La ley no puede seleccionar, como le llama Bastiat, la fantasía de una persona para imponerla sobre las demás utilizando el poder y la coerción del gobierno.

A continuación, Bastiat inicia su argumento en contra de los que llama adoradores del gobierno.

Bastiat los ataca por una sencilla razón: quienes creen que la ley debe ir más allá de una función exclusiva de defensa de la persona y sus propiedades, son precisamente quienes desean imponer su utopía sobre los demás usando el poder del gobierno para hacer respetar la ley.

Dice que la ley está restringida a la defensa de la persona y sus bienes. La ley no puede ir más allá de esa función. Cuando la ley es llevada por encima de ese límite da comienzo la imposición del sistema social de alguien.

Los adoradores del gobierno critican a la idea de restringir la función de la ley a la protección de la persona y sus bienes. Atacan a esa ley restringida porque quieren usar a la ley como una fuerza motivadora de los ciudadanos que les dé energía para realizar aquello que pide la utopía que se quiera imponer, la que sea.

Eso es un error, según Bastiat. La ley no puede usarse para motivar a los hombres a realizar actos loables que ellos no harían por voluntad propia.

La ley no puede ir más allá de la defensa de la persona y sus bienes. Si lo hiciera, ya no existiría igualdad de derechos, puesto que el que estuviera imponiendo su utopía tendría más derechos que los demás.

Si una ley no obliga a ir a misa, eso no significa que seamos ateos. Si una ley no obliga a estudiar, eso no significa que quedemos ignorantes. Si una ley no obliga a dar caridad, eso no significa que dejemos de ayudar a otros.

¿Significa el ser libres que cesaremos de asociarnos, de ayudarnos, de amarnos, de socorrer a quienes necesitan ayuda, de estudiar, de mejorar nuestra existencia? Claro que no. El ser libres no significa que dejemos de reconocer el poder y la bondad de Dios, dice Bastiat.

No puede concluirse que si la ley se limita a proteger a nuestras personas y a los frutos de nuestro trabajo, nosotros quedaremos pasivos, sin motivos de acción, trabajo, estudio y ayuda.

Esta es la respuesta de Bastiat a quienes se preocupan por la falta de actos positivos en la sociedad y quisieran usar a la ley para obligar al ciudadano a realizarlos: no, la ley no puede pasar su límite de prohibir ciertas conductas, lo que no significa que los hombres dejaremos en automático de realizar actos loables.

Bastiat da dos elementos con los que es posible obtener una conclusión sobre el proyecto, modelo, o sistema social que alguien proponga imponer en la sociedad.

Primero, Bastiat ha afirmado que la ley no puede dar más derechos a unas personas que a otras. Por tanto, la aplicación de proyectos sociales o sistemas de gobierno que son producto de la imaginación o estudio de una persona o grupo de ellas no pueden imponerse a las demás de manera legal y justa.

Segundo, Bastiat ha atacado la idea de que la ley debe ir más allá de su papel exclusivo para castigar a quien dañe a terceros. Una ley que no mueva al individuo a realizar actos buenos, no significa que ese individuo dejaría de realizar acciones buenas sin esa ley.

La combinación de esos dos elementos da la idea completa de Bastiat.

Quien propone que la ley vaya más allá de su papel de prohibición y castigo de conductas que lastiman los derechos de los demás, está imponiendo su plan en el resto de la sociedad y eso significa que se viola el principio de la igualdad de derechos.

Entonces, ¿cuál debe ser el arreglo social a implantar? Después de todo, la sociedad debe tener un cierto arreglo, debe tener reglas, o algún sistema o plan o proyecto.

Desde luego, no puede ser el plan de un hombre o de varios que se imponga con la fuerza del gobierno sobre el resto de la sociedad.

La única conclusión posible es un arreglo social en el que sea factible que cada ciudadano haga realidad su propio plan personal.

Una sociedad en la que cada persona pueda realizar su propia utopía y no uno en el que alguien imponga su utopía sobre los demás. Esa sociedad es una en la que la ley se usa exclusivamente para proteger a la persona y los frutos de su trabajo, es decir, sus bienes.

La única respuesta es un arreglo en el que sea factible que cada ciudadano haga realidad su propio plan. Todo, por causa de la igualdad de derechos.

Si todos tenemos los mismos derechos, ¿por qué tengo que vivir bajo el sistema de reglas de otro? ¿Por qué no puedo imponer mis reglas sobre los demás?

Esa aparentemente sencilla pregunta de Bastiat es suficiente para poner en apuros muy serios a cualquier propuesta de gobierno, sea del signo que sea, venga del partido que venga.

La aplicación de un sistema de gobierno más allá del de leyes defensoras de la persona y sus bienes, significaría por definición aceptar la desigualdad de derechos entre los ciudadanos.

La solución, por tanto, está en un sistema de leyes en el que no se imponga la voluntad de unos sobre los otros. Leyes dedicadas a respetar los derechos y que hagan posible a cada persona realizar sus planes personales, gracias a la protección contra ataques en sus bienes y en sus personas.

Nota del Editor

Claudio Federico Bastiat (1801-1850) fue un economista, estadista y autor francés, famoso por sus razonamientos y por su escritura clara y hermosa. Bastiat influyó mucho en generaciones posteriores. Entre sus obras, La Ley es considerada una lectura obligada.

Este resumen de la idea de Bastiat fue publicado originalmente en diciembre de 1995 bajo el título Mi Utopía y la Tuya.

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