Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Las Alegres Billeteras
Eduardo García Gaspar
25 mayo 2015
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


La enfermedad es común. Afecta neuronas. Altera mentes. androjo

Crea fantasías, mundos irreales donde todo es posible. Tiene sus temporadas.

La enfermedad aparece en tiempos electorales. La padecen los candidatos.

Su síntoma principal es la incapacidad de sumar y multiplicar. El signo de dinero pierde su significado. El valor de la moneda deja de tener sentido.

Y es así que los candidatos afectados pueden ser diagnosticados con otro síntoma: el lanzamiento irrestricto de promesas electorales.

Promesas cuyo costo es asunto de ínfima importancia. Un caso lo ejemplifica.. El de una candidata a la gubernatura de un estado, Nuevo León, en México. Algunas de sus promesas, publicadas en un diario el 15 de mayo.

Regalará 40,000 uniformes y paquetes escolares; otorgará 170,000 becas desde primaria hasta universidad; integrará un seguro contra accidentes en las prestaciones de los maestros; la preparatoria será gratuita; aumentará el número de profesores (algo curioso cuando la población infantil disminuye).

¿De dónde saldrá el financiamiento para todo eso? No importa, o mejor dicho, no le importa a la candidata. La enfermedad le impide ver más allá de su campaña y de ganar cueste lo que cueste. Al final, ella sabe que no pagará de su bolsillo, sino del de otros.

Otro ejemplo. Mismo lugar, misma fuente, mismo día. Otro candidato. Aumentar sueldo a profesores, una de las profesiones mejor pagadas en México relativo a otros países. Además, transporte gratuito a estudiantes.

En un folleto este candidato ofrece becas a campesinos, una universidad gratuita para rechazados en la otra, vales de despensa, ayudas a ancianos.

No cruza por su mente la idea de gastar menos. Lejos de eso: gastar lo mismo que ahora pero en otras cosas. Tampoco el dinero saldrá de su bolsillo personal.

Hay más ejemplos, pero esos bastan. Usted puede agregar otros que recordará fácilmente. Esta es la enfermedad de las alegres billeteras. Es la fiesta del gasto. Un festejo a la irresponsabilidad.

Pero es real y sucede, en este lugar y en el resto del mundo. ¿Por qué? Veamos una explicación que bien vale una segunda opinión.

Se trata de entender que las elecciones han mutado. Se convirtieron en una subasta de votos. Los ciudadanos los venden, los candidatos y sus partidos los compran. Y entre ellos acuerdan precios.

Quizá una beca prometida, tal vez transporte gratuito; podría ser una promesa de empleo como profesor, o una ayuda para hipoteca. Costales de cemento, regalos de artículos escolares.

Los precios son variados y múltiples. Podría ser la promesa de un terreno, o la de ayuda financiera. Usted dice, lo que sea que se le ocurra es una posibilidad.

Es notable que la enfermedad de las billeteras alegres sea contagiosa, muy contagiosa. Llega a nivel pandemia. Una buena parte de los electores la padecen y se diagnostica cuando el ciudadano no hace cuentas del costo de las promesas.

La cosa llega a lo risible (como esta broma sobre promesas electorales). Risible, absurdo, surrealista, cómico, aberrante, loco, disparatado, lo que usted quiera, pero sucede y eso es lo que llama la atención.

Sucede y pocos parecen mantener la razón entendiendo que se está en medio de la sinrazón política mayor en la que pueda pensarse. La gente mantiene la seriedad y discute sobre los candidatos (uno de ellos, mismo lugar, misma elección, usa palabras vulgares como distintivo personal).

Los periódicos analizan a los candidatos con seriedad. Los columnistas los alaban y critican como si no se viviera en medio una comedia.

Y, un aspecto fantástico, los candidatos aparecen en fotografías agarrados de las manos y con los brazos en alto, felicitándose a sí mismos.

Le digo, la patología de las alegres carteras incluye el síntoma de reducir la visión e impedir calcular precios y costos. La ocasión fue objeto de una canción extraordinaria, con letra de Tim Rice:

«When the money keeps rolling out you don’t keep books / You can tell you’ve done well by the happy grateful looks / Accountants only slow things down, figures get in the way» Evita, pista 6 del disco de la película.

Por supuesto, la fantasía tiene un costo que no es pequeño. No puede durar por siempre.

El despertar es tan terrible que la gente pedirá volver a soñar y llegará hasta la violencia con tal de hacerlo. Las alegres billeteras son en realidad las tristes mentiras.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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