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Las Masas: su Idea
Selección de ContraPeso.info
1 octubre 2015
Sección: Sección: AmaYi, SOCIEDAD
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¿Que es la masa? Su definición es necesaria en sociedades que le dan un peso descomunal a las mayorías. La idea de J. Ortega y Gassett (1883-1955) brinda una perspectiva valiente y nada apegada a las concepciones políticamente correctas de nuestros tiempos.

La idea fue encontrada en uno de los libros más influyentes del siglo 20, el de Ortega y Gasset, José. 1993. La Rebelión de las Masas (Planeta-Agostini, publicado originalmente en 1930).

«La muchedumbre, de pronto, se ha hecho visible, se ha instalado en los lugares preferentes de la sociedad», así comienza la parte del libro que el autor dedica a desarrollar una idea, la de las masas.

Para entender a las masas debe acudirse a una terminología sociológica y ver que la sociedad es una «unidad dinámica» que tiene dos componentes, a las minorías y a las masas.

Pueden distinguirse entre sí. Las masas son conjuntos de personas, al igual que las minorías, pero difieren en su cualificación.

De inmediato, el autor aclara que no se entienda a las masas en el sentido de las masas obreras, proletarias. Las masas están formadas por el «hombre medio», por la persona promedio como se diría en estos días.

La masas es el conjunto de seres promedio, genéricos, entre los que no hay diferencia. En esa muchedumbre hay coincidencias «de deseos, de ideas, de modo de ser» por parte de quienes la integran.

Puede, más aún, saberse si se está en presencia de una masa sin necesidad de estar frente a una muchedumbre. Una sola persona, sin estar junto a nadie más, puede ser una masa.

Ortega y Gassett da una definición, en la que se intuye que la masa se define a sí misma:

«Masa es todo aquel que no se valora a sí mismo —en bien o en mal— por razones especiales, sino que se siente “como todo el mundo”, y, sin embargo, no se angustia, se siente a sabor al sentirse idéntico a los demás».

La masa, quien a ella pertenece, es quien posee ese sentimiento de ser como todos y serlo, sin padecer agobio; como una especie de satisfacción personal en el ser como cualquiera, como el resto.

La idea es refinada con un ejemplo de alguien que no es masa. Ese hombre humilde que piensa que no tiene ninguna cualidad especial, y que se sentirá «mediocre y vulgar, mal dotado; pero no se sentirá masa».

Hablar de la masa, de la muchedumbre y definirla así, necesita su contrapartida, a la minoría. Después de todo, la sociedad ha sido entendida como formada por minorías y masas.

Las minorías, esos que la forman, no es que se consideren a sí mismos por encima del resto. Esto sería igual a confundir la idea de minoría y verla como un grupo de engreídos y altaneros.

El autor lo explica bien, la minoría está formada por el que «[…] se exige más que los demás». Lo que lleva a una comprensión muy marcada de la humanidad en general, una que la divide en dos tipos de personas:

« […] las que se exigen mucho y acumulan sobre sí mismas dificultades y deberes, y las que no se exigen nada en especial, sino que para ellas vivir es ser en cada instante lo que ya son, sin esfuerzo de perfección sobre sí mismas, boyas a la deriva».

La distinción es extrema y muy diferente a las acostumbradas clasificaciones de grupos sociales. Es como si hubiera dos vías disponibles, el de las altas exigencias personales, por un lado, lleno de severidad y dificultad, por la que optan unos pocos.

Y del otro lado, la alternativa de lo fácil, blando y laxo, por la que opta la masa que así se define a sí misma, sintiéndose igual a otros y encontrando en ello sosiego y calma.

El autor mismo apunta que esta no es una clasificación de clases sociales; es una clasificación de personas que «no puede coincidir con la jerarquización en clases superiores e inferiores».

La aseveración es reveladora, significa que en toda clase social hay esas dos clases de personas, incluso entre quienes se supondría que fueran de cierta categoría.

Después de la clasificación tan radical que ha hecho el autor, la pregunta que de inmediato se presenta es la de las consecuencias de tal división de personas.

Por ejemplo, es obvio que en una sociedad hay cosas que son especiales, que necesitan ser atendidas por personas especiales, como «las funciones de gobierno y de juicio político sobre los asuntos públicos». No son terrenos adecuados para las masas, pero ha sucedido y eso ha cambiado a la democracia.

Ahora se tiene «hiperdemocracia», cuando la masas está por encima de la ley.

«Es falso interpretar las situaciones nuevas como si la masa se hubiese cansado de la política y encargase a personas especiales su ejercicio. Todo lo contrario. Eso era lo que antes acontecía, eso era la democracia liberal. La masa presumía que, al fin y al cabo, con todos sus defectos y lacras, las minorías de los políticos entendían un poco más de los problemas de ella. Ahora, en cambio, cree la masa que tiene derecho a imponer y dar vigor a sus tópicos de café».

Esto es lo que da pie a una situación llamativa apuntada por el autor. Tómese a un escritor que se ha tomado un largo tiempo para estudiar un tema y véase que debe él considerar al lector promedio; el que jamás ha tratado ese asunto y apuntará de inmediato su opinión vulgar opuesta, sin tener la intención de aprender.

La situación es digna de ser apuntada: es un rasgo de los tiempos el que sabiéndose vulgar, «se tiene el denuedo de afirmar el derecho a la vulgaridad y lo impone dondequiera».

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La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

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