Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Libertad Duradera
Eduardo García Gaspar
1 septiembre 2015
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Es un balde de agua fría. Un rudo despertar. Una vuelta a la realidad.

Un fuerte choque para quienes defienden a la democracia. Primero defender a la democracia no tiene mucho sentido pues es sólo un instrumento.

El gran valor a defender es la libertad, pero eso no es todo.

Quiero comenzar con una cita de Edmund Burke (1729-1797), el político y escritor inglés:

“Los hombres están preparados para la libertad civil en proporción exacta a su disposición para poner cadenas morales a sus apetitos; en la proporción en la que su amor por la justicia está por encima de su rapacidad; en la proporción en la que la solidez y sobriedad de su entendimiento esté por encima de su vanidad y presunción.”

La idea es clara. El autogobierno es claramente una «empresa moral» como lo ha mencionado otro autor, Irving Kristol.

Para nosotros, los que defendemos a la democracia, esto tiene consecuencias. Muy claramente la democracia necesita una cierta firmeza moral entre los ciudadanos. Es decir, la libertad requiere fibra y fuerza en las ideas sobre lo que está bien y lo que está mal entre la gente.

Visto desde el otro lado, la libertad no podrá subsistir sin eso que Burke llama «cadenas morales», «amor por la justicia», y «solidez y sobriedad de entendimiento».

Una población en la que no se tengan esas ideas no se podrá vivir en libertad. Esto puede interpretarse como una necesidad de aceptar y practicar eso que llamamos responsabilidad personal.

Lo anterior es una advertencia para quienes defienden a la libertad como si eso sólo fuera suficiente. El balde de agua fría es entender que defender a la libertad y detenerse en eso, no es suficiente. Muchos somos los que defendemos a la libertad económica, a la democracia, a la libertad política, pero solemos olvidarnos de otra cosa.

Por buenos argumentos que tengamos para defender a la libertad humana eso no es suficiente si no se hacen otra cosa.

Es indispensable defender una consecuencia natural de la libertad. Algo que será chocante para muchos de los que defienden a la libertad solamente. Me refiero a la inevitable necesidad de defender a la moral.

Visto un poco más de cerca, esto significa que defender a la libertad de los ataques del gobierno, especialmente de los ataques del Estado de Bienestar es una empresa moral. Una empresa moral que tiene dos sentidos.

El primero de esos dos sentidos, es claramente moral y consiste en proteger a la naturaleza humana. Una naturaleza que es por definición racional y que no puede lograrse bajo sistemas políticos que violen esa libertad que la razón necesita. Esto es lo que hace a la defensa de la libertad una tarea moral. Una tarea para la defensa humana.

Es en el segundo de esos dos sentidos que las cosas se puede complicar. Ya dije que es común que los defensores de la libertad se límiten a defenderla y ahí detengan su tarea.

Creo que ellos tienen una carencia, al olvidar que para ser libre, realmente libre, se necesita otro elemento, esa idea que menciona Burke, la de que sólo se puede ser libre en la medida en la que se acepta la existencia de una serie de cadenas morales. Sí, eso puede ser chocante para muchos, pero es una realidad.

El panorama general de lo anterior es claro. Las personas que defienden la democracia están cometiendo un olvido significativo al no reconocer que la democracia es simplemente un instrumento, un tanto crudo, para la defensa de la libertad. Lo que se debe defender es mucho menos a la democracia que a la libertad.

Y cuando se defiende la libertad ya sea económica, política, o cultural puede cometerse el error de olvidar que también se necesita proteger a la idea de una moral congruente con esa libertad. Llámele como usted quiera, ética o moral, pero es necesario considerarla si se quiere que la libertad florezca y se mantenga.

Esto puede ser un rudo despertar para el defensor de la libertad pues muchos de ellos se limitan a defender incluso sus excesos, cuando una buena defensa de la libertad necesita muy particularmente defender los límites de esa libertad. Límites que si se quiere que funcionen, deben tener un origen muy claro la propia conciencia moral de las personas.

Es decir, serán las personas que acepta la existencia de cadenas morales las que efectivamente puedan vivir en una democracia. En una democracia sustentable y duradera.

Finalmente puede llegarse a una conclusión. Defender la libertad sin la noción de que ella tiene límites morales, conducirá a la desaparición de esa libertad. Es esa noción que defendía Toqueville. Saber que en libertad todo puede hacerse pero no todo debe hacerse.

Post Scriptum

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La cita fue tomada de Kristol, I. (2011). The Neoconservative Persuasion: Selected Essays, 1942-2009. Basic Books.

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