Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Libertad y Prosperidad: Historia
Eduardo García Gaspar
6 enero 2015
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, PROSPERIDAD, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Puede ser por ignorancia. Quizá también, por pereza. androjo

O por causa de inercia mental. Otros dicen que por desconocimiento.

También podría ser por terquedad mental.

Cualquiera que sea la explicación, esto es algo que bien merece una segunda opinión.

Piense usted en un objetivo claro, el de progresar. Generar prosperidad, crear riqueza, o como usted quiera llamarle. No está mal, es lo que queremos todos. Viviríamos mejor y reduciríamos la pobreza. En esto estamos todos de acuerdo, o casi.

Lo que sigue es obvio y se trata de determinar cómo. Eso que debemos de hacer para ser más prósperos y florecientes.

Aquí es cuando comienzan las dificultades y no son pocas. Pongamos de lado las discusiones normales de este campo y seamos racionales.

Primero, la noción de progreso y creación de riqueza es nueva. Tiene unos pocos siglos. Desde más o menos fin del siglo 18 y claramente a partir del siglo 19. Entre 1800 y 1900, por ejemplo, el salario per cápita en Inglaterra se cuadruplicó y eso cuando la población creció cuatro veces.

Eso sucedió en otras partes también en fechas posteriores, incluyendo el siglo 20. Qué fue lo que sucedió, qué se hizo.

El fenómeno tomó por sorpresa a todos. Acostumbrados a vivir en un mundo estático, tener prosperidad fue un shock. Lo sigue siendo para algunos.

No le podemos dar mérito a los recursos existentes porque ya existían antes. Tampoco a la transferencia de recursos de un sitio a otro, como la plata y el oro de América Latina llevada a Europa. Debe ser otra cosa. Algo nuevo que no se tenía antes.

La prosperidad creciente coincidió con algo nuevo. Por esas fechas, principalmente en el siglo 18, se dispuso de un recurso nuevo. Bueno, no era nuevo, pero no había sido usado: el talento humano en una posición que permitía iniciativas, trabajos, esfuerzos, inventos.

En tiempos anteriores, el nuevo recurso no había sido aprovechado realmente. Cierto, se trabajaba el campo, las artesanías, una industria primitiva, pero todo estaba bajo el control de alguien.

El poder lo tenían los reyes, los príncipes, los jerarcas religiosos, y ellos ordenaban al resto, que eran siervos, criados, soldados, artesanos.

Los arreglos feudales, así como los mercantilistas, ilustran esto: estructuras de poder en los que unos mandan y otros obedecen.

Si nos vamos hasta el siglo 16, tenemos a los musulmanes y a los chinos como grandes civilizaciones con poderes muy concentrados. Europa igual, pero con una salvedad, la de no tener un poder central único, sino muchos poderes locales fuertes.

Eso permitió a Europa que cada centro fuera independiente y experimentara con autonomía. En algunos de esos centros de poder, notablemente el Reino Unido, se dieron condiciones que liberaron el trabajo, la iniciativa y la imaginación de muchos. Eso ya existía, pero ahora fue desencadenado. El resultado lo sabemos ya.

Podemos, por tanto establecer una relación razonable y causal entre el crecimiento de la prosperidad y una causa central, la libertad que da pié al aprovechamiento de los talentos humanos.

Tome usted, por ejemplo, países con enormes recursos naturales, ricos en teoría, pero pobres en la realidad. O el caso de países con pocos recursos y muy ricos. Hong Kong es un ejemplo clásico, junto con Japón.

La clave no parece estar en los recursos naturales, sino en otro recurso, el humano. Si se le deja libre es capaz de hacer maravillas.

Veamos esto de otra manera. Lo que sucedió a partir del siglo 19 fue algo que aún no se entiende mucho.

Hubo una creación de espacios libres para la persona que así pudo aprovechar sus talentos. El espacio libre lo produjo el retiro de la gran estructura de poder y lo ocupó esa enorme cantidad de talento personal.

Es lo mismo que ocurrió en la democracia, cuando el espacio ocupado por los grandes poderes se retiró y dio cabida a la participación de las personas. Por eso los mercados libres y la democracia van juntos. Son espacios de libertad en los que se tienen contribuciones por millares de cada persona.

La sociedad próspera, que tomó por sorpresa a casi todos, no es perfecta. Sigue padeciendo problemas de mentiras, fraudes, violencia, abusos y demás, incluyendo pobreza, aunque mucho menor.

Entonces es que se presenta eso que es producto de ignorancia, pereza, inercia mental, desconocimiento, terquedad, o lo que sea.

Los problemas de la sociedad próspera, según demasiados, quieren ser solucionados por la vía que había creado estancamiento y falta de prosperidad: quitarle libertad a la persona, impedirle usar sus talentos y regresar a las estructuras de poder concentrado en unos pocos.

Post Scriptum

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