Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Líderes, Aristocracia, Sociedad
Eduardo García Gaspar
29 septiembre 2015
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIEDAD
Catalogado en:


«Todos somos iguales. Las diferencias entre los humanos son escandalosas. La desigualdad es un problema a resolver con urgencia».

Ideas como estas dan la impresión de estar bajo la obsesión igualitaria que no tiene necesidad de definirse, sino de actuar. Actuar para igualar sin prudencia.

Un buen momento para hablar en el sentido opuesto. Una cita de J. Ortega y Gassett (1883-1955) nos ayuda mucho:

«[…] yo no he dicho nunca que la sociedad humana deba ser aristocrática, sino mucho más que eso. He dicho y sigo creyendo, cada día con mayor convicción, que la sociedad humana es aristocrática siempre, quiera o no por su esencia misma, hasta el punto de que es sociedad en la medida en que sea aristocrática, y deja de serlo en la medida en la que se desaristocratice».

Esta bien expresada la idea. Puede entenderse con facilidad. La sociedad es aristocrática en su esencia misma; si pierde esa naturaleza aristocrática también pierde su naturaleza social. Deja de ser sociedad. Más en contra de la igualdad, creo, no puede estarse.

Por supuesto, una idea como la de Ortega y Gassett creará en nuestros días una reacción de rechazo inmediato. No es para tanto. Veamos esa idea de una sociedad que es, por naturaleza, aristocrática.

Primero, ayudará ver su opuesto extremo, la de una sociedad totalmente igualitaria. Una en la que todos son iguales en todo. Donde no hay diferencia alguna, nada que distinga a uno de otro. ¿Imposible? Claramente y si se intentara, sería una sociedad de robots idénticos.

Descartemos, entonces, esa noción imposible de igualdad absoluta y universal. Nos lleva esto a aceptar diferencias. ¿Cuáles? La respuesta no es simple, pero afortunadamente existe.

Es la que dice que los humanos somos iguales en nuestra esencia natural, pero diferentes en nuestros rasgos no esenciales (accidentales suelen llamarse).

La igualdad esencial es lo que nos hace tener una misma dignidad y valor personal, sin distinción, que es de donde salen los derechos naturales, como la libertad y sus consecuencias lógicas. Es lo que manda a, por ejemplo, trato igual bajo la ley. Es una idea sólida.

¿Y los rasgos accidentales? Esos que no son esenciales a la dignidad humana marcan diferencias entre los humanos, grandes diferencias. Y ellas pueden formar minorías que se distinguen del resto, formando grupos que tienen rasgos aristocráticos.

No en el sentido de una nobleza o realeza que gobierna, sino en el de minorías mejor preparadas que otras.

Puede haber muchas de esas minorías. Una, muy clásica, es la minoría de los entrepreneurs. Esa gente con especial habilidad para descubrir oportunidades de mercado para satisfacer mejor necesidades del consumidor. Hay ejemplo muy notables de esto, como T. A. Edison, S. Jobs y muchos otros, que forman una aristocracia empresarial muy clara.

Hay otras minorías notables, como la de artistas talentosos en pintura, música, literatura y demás. Hay pensadores y filósofos; científicos y descubridores; religiosos y santos; gente con carrera política, diplomáticos de tradición, académicos…

En fin, existen minorías notables de personas más elevadas en algún sentido.

Ellas forman grupos o minorías que pueden verse como aristocracia y que en alguna faceta se distinguen mucho del resto. Lo que ellos hacen es importante. Sin sus contribuciones nuestra vida sería realmente mala. Necesitamos de esas «aristocracias» para vivir mejor, para ser realmente sociedad.

Lo anterior puede hacer comprender que la desigualdad humana es realmente benéfica para todos, Distribuye sus beneficios en todos. Ayuda a quienes no son parte de tales minorías y esto es algo que ignora la obsesión igualitaria de nuestros días.

Otra forma de ver esto es la idea de que la sociedad necesita líderes, tantas veces repetida. Una idea muy similar a la de aristocracias minoritarias en diversos terrenos. Algo que acepta una idea que a muchos parecerá odiosa: las grandes multitudes, la masa en palabras de Ortega y Gassett, no puede valerse por sí misma, no puede formar una sociedad.

Concluyendo, la obsesión igualitaria que tan de moda se ha puesto, debe tratarse con extrema precaución, refinando su significado.

Si ella trata la igualdad esencial humana, será una gran cosa; pero se convertirá en un instrumento malévolo cuando intente anular a esas «aristocracias» de personas notables, cuyas contribuciones son asunto de vida o muerte para la sociedad.

Post Scriptum

Añado que los reclamos de igualdad económica, motivados por la situación miserable de demasiadas personas, parten de una gran idea caritativa de ayudar a quienes lo necesitan. Sin embargo, su análisis es defectuoso pues confunden a la pobreza con la desigualdad y ellas no son lo mismo.

La pobreza se debe entender como la incapacidad personal para generar por uno mismo los recursos que se necesitan para una vida digna y esa incapacidad es el problema a resolver, no la igualación de ingresos.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras