Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Lo Bueno Sin Sentido
Eduardo García Gaspar
23 marzo 2015
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La persona habló con claridad. Pidió ser tolerantes, respetuosos. androjo

Solicitó respetar la vida y condenar la violencia.

Afirmó querer ayudar al pobre, tener compasión de los marginados. E

n fin, nada que pudiera ser reprobable. Pero hubo algo curioso.

Al mismo tiempo que proponía todo lo anterior, solicitaba también liberarse de dogmas religiosos, de supersticiones sobrenaturales. Debíamos, dijo, llevar al laicismo al extremo.

Esto es lo que resulta curioso si se ve un poco más de cerca. Y bien vale una segunda opinión señalarlo.

Lo que ella pidió, todo eso de respetar la vida, de ser caritativos, de evitar la violencia y demás son ideas muy claras del Cristianismo. Forman parte de la cultura Judeo-Cristiana. Creencias y valores con un origen religioso innegable.

Y quien todo eso pide, pide también la desaparición del Cristianismo. La postura llama la atención por su contradicción, pero hay algo mucho menos obvio que esta incoherencia.

Si ponemos atención, esa posición es la de muchos que exaltan valores de origen religioso y simultáneamente proponen la desaparición de las religiones.

Es decir, retienen las creencias y valores, pero desechan sus orígenes. Y entonces sucede que permanecen las ideas, valores y creencias, pero negando su origen, se llegan a una situación en la que se pierde el sentido de esas creencias. No se sabe ya cómo comprenderlas totalmente.

Me explico. Tomemos a la idea de la igualdad humana, claramente generada por la idea cristiana de ser todos creación divina. Así, aislada, se vuelve obsesiva y mal usada. Se exagera y abusa porque dejan de considerarse otras ideas, como la libertad, otro producto del Cristianismo.

El sano balance que con sabiduría maneja el Cristianismo entre igualdad y libertad, no se entiende y la nueva mentalidad se obsesiona con la igualdad, a la que exalta hasta tal punto que relega a la libertad.

O tome usted a la idea cristiana de la templanza, ese dominio sobre las pasiones y apetitos físicos. Olvidando su origen y sentido, el cuidado del cuerpo se vuelve obsesivo, por ejemplo, con campañas contra la obesidad, el consumo de sal, los alimentos chatarra. Pero al mismo tiempo, se da rienda suelta a la liberación sexual como un derecho al gozo.

Eso es no entender a la templanza, sino tomar su idea y aplicarla sin sentido por no conocer su origen ni propósito. Igual le sucede a la obsesión ecológica, que en el cristianismo implica responsabilidad de uso y no imposibilidad de utilización.

Creo que mi punto es claro.

Primero, el Cristianismo ha dejado una huella profunda en nuestra cultura, especialmente eso que nos permite distinguir entre lo bueno y lo malo. Lo que justifica como creación de Dios y una naturaleza humana que siendo imperfecta puede alcanzar a su creado en una vida futura.

Segundo, quite usted toda idea de Dios a lo anterior y lo que queda es una serie de ideas sobre lo bueno y lo malo, a las que se les ha retirado su propósito.

Ideas que entonces son usadas sin entenderlas realmente, produciendo una situación desordenada y poco inteligente. Insisto en el abuso de la idea de la igualdad la que, mal usada, no incorpora la otra noción que la balancea sanamente, la libertad.

En el Cristianismo se entiende que somos iguales en nuestra esencia, pero es obvio que también somos libres. No somos iguales nada más, somos libres también. Y además, imperfectos, noción que se ha perdido entre quienes piensan que cambiando unas estructuras será posible la felicidad terrenal completa.

Otro ejemplo de la confusión de la que hablo. La noción de que la vida es sagrada es lo que lleva a condenar el asesinato. Lo sagrado de la vida, en ese desorden, lleva a cosas curiosas, como el condenar a todo tipo de guerra al mismo tiempo que aprueba el aborto y la eutanasia.

Este es otro ejemplo del desbarajuste del que hablo y que se produce en casos como el de la persona de la que hablé al inicio. Ella tiene a su disposición una larga lista de creencias acerca de lo bueno y de lo malo, y que usa y abusa a su discreción porque desconoce su origen y sentido.

Y eso le impide entender la razón de ser de esas cosas que pide y exalta. Por ejemplo, pide ayudar a los necesitados, lo que es bueno, pero ignora que haciéndolo por medio de ayudas gubernamentales, se pierde toda noción de mérito personal y prudencia.

Se tiene lo bueno, pero sin sentido. Se conoce lo deseable, pero sin su razón. Se conoce lo debido, pero sin su propósito. Y eso, mucho me temo, explica buena parte del descalabro moral de nuestros tiempos.

Post Scriptum

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