Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Malvados Mercados Volátiles
Leonardo Girondella Mora
9 marzo 2015
Sección: ECONOMIA, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


Es una parte frecuente del discurso político el acusar los mercados libres de ser inestables, separador.001convulsos y fluctuantes —característica que el gobernante aprovecha para justificar su intervención para convertir a los mercados en procesos estables, firmes y balanceados.

En lo que sigue, quiero examinar esa acusación que se hace a los mercados libres, la de ser desequilibrados y bamboleantes.

Comienzo por aceptar que un mercado libre sí produce la impresión de tener movimientos rápidos e incluso tambaleantes. Eso es una realidad, los mercados libres tienen movimientos rápidos, incluso instantáneos y hasta desequilibrantes.

Eso es lo que el gobernante convierte en un defecto que él debe solucionar por medio de la intervención económica gubernamental —una propuesta que mucho suele aceptarse sin estudiar el asunto más a fondo, cosa que es lo que quiero ver en lo que sigue.

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Primero, debe reconocerse que los mercados libres sí se mueven con rapidez —son volátiles, es decir, tiene movimientos veloces en ocasiones considerables. Esto es una realidad innegable.

Segundo, la pregunta que debe hacerse es inevitable: ¿es la volatilidad algo negativo? El gobernante presupone que sí, que la volatilidad es indeseable. La realidad niega esa impresión que tiene el gobernante.

Los cambios rápidos y fuertes que puede mostrar un mercado libre no son un problema —al contrario, es una cualidad de grandes beneficios para todos. Eso que aparece como indeseable, en realidad es la capacidad que tienen los mercados para ajustarse rápidamente a cambios en el medio ambiente económico.

La volatilidad que se percibe es, en la práctica, una buena velocidad de reacción—algo que muestra que los mercados tienen una gran cualidad, la de ser sensibles a cambios. Esto es positivo, igual que lo sería la rapidez de reacción de un equipo médico atendiendo a un paciente.

La capacidad de reacción de los mercados libres es muy superior a la capacidad de reacción de la burocracia gubernamental —que no hace falta demostrar que es lenta y por eso poco recomendable.

Lo que el gobernante propone resulta ser algo negativo —él quiere sustituir a un sistema de reacción rápida con otro sistema de reacción lenta. Como un equipo médico que atiende a destiempo a su paciente.

Los mercados, cuando ajustan sus precios, están enviando señales rápidas para que las personas tomen decisiones —una especie de sistema instantáneo de noticias con información que es importante.

Es decir, lo que el gobernante está proponiendo, al querer evitar lo que él percibe como volatilidad indeseable de los mercados libres, es una medida aberrante —una necedad que puede entenderse como censura de información económica.

Cuando el gobierno entra a retirar la rapidez de reacción los mercados libres está introduciendo un elemento artificial que impide que la información de los precios llegue a quien necesita esa información para tomar decisiones —consecuentemente esas decisiones se tomarán a destiempo y con información desactualizada.

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Lo que he querido hacer en esta columna es mostrar que la sensibilidad de los mercados libres a cambios en el medio ambiente no es algo indeseable —todo lo contrario, es una gran cualidad de los mercados libres, porque así proveen con información económica a quien toma decisiones para el mejor uso de los recursos.

Lo que sucede, en los ojos del gobernante, es un engaño a sus sentidos: los cambios rápidos de los mercados libres son entendidos por el gobernante como desequilibrios que deben corregirse y que él tiene la capacidad de hacer esa corrección.

El problema por supuesto es que esa visión entiende de manera incorrecta lo que sucede en los mercados libres —no es volatilidad lo que debe de verse, sino una capacidad rápida de adaptación a los cambios en el medio ambiente.

Y esa es una gran cualidad de los mercados libres —la que permite tomar mejores decisiones para el mejor uso de recursos que son limitados.

Si el gobernante se saliera con la suya y cancelara lo que él considera volatilidad, produciría decisiones equivocadas que desperdiciarían recursos limitados.

Nota del Editor

Si a usted le gustó la columna, quizá también, Entendiendo La Especulación para ver cerca otro concepto cuya apariencia resulta repulsiva al gobernante.

También, resulta fascinante ver el concepto de Reventa De Boletos.

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