Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Matrimonio, la Palabra
Eduardo García Gaspar
30 junio 2015
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Los significados son vitales. Permiten entender. Hacen posible dialogar.

Abren la puerta a acuerdos. Dejan entender desacuerdos.

Tome usted una palabra, como ejemplo, “matrimonio”. Y ahora intente comprender lo que significa.

No lo que usted quiere que signifique. Tampoco lo que otros quieran que signifique. Lo que ha significado y que hace que las personas entendamos de qué se trata cuando se menciona esa palabra, “matrimonio”.

No exagero que dentro de su significado, exista un elemento básico. El matrimonio se comprende teniendo en cuenta diferencias sexuales, no igualdades. Complementos sexuales, no paridades. La palabra se usa para describir, en buena parte, eso precisamente, una unión de diferencias sexuales.

Se consideraron las diferencias sexuales y sobre ellas, como parte integral, se usa esa palabra. No fue al revés. No se dio esa palabra y luego se examinó la parte de diferencias o similitudes sexuales.

Visto de otra manera, el significado de esa palabra contiene de manera esencial un elemento de mujer y otro de hombre.

No hay manera de quitarle ese significado a esa palabra. Hacerlo crearía problemas, confundiría conversaciones, impediría entendimientos. ¿Cómo poder hablar con quien define las palabras de otra manera? Es peor que la dificultad de idiomas distintos.

Me imagino que quien pretende aplicar el término matrimonio a las uniones de personas del mismo sexo, lo intente pensando en darle a esas uniones la categoría social que tiene el matrimonio. Busca que sean respetadas, pero para lograrlo altera el significado de una palabra ya definida y entendida.

Es quizá como si yo quisiera que se me admirara y respetara, para lo que me nombro, por ejemplo, doctor en medicina a lo que defino a mi modo: toda persona que tiene intención de sanar a otros (no alguien que ha estudiado por años la materia). Podré creer que soy médico, pero en realidad no lo seré.

Con una consecuencia, si otros más que yo se nombran médicos, se tendrá una devaluación del concepto real. Perderá significado el término doctor y, curiosamente, no lograré eso que perseguía, respeto y admiración.

La cosa se complica si me obstino y busco que legalmente se me reconozca como doctor. Otros más, como yo, queriendo ser reconocidos como doctores, hacemos cabildeo, presionamos a la autoridad y hacemos que ella emita una ley: serán doctores en medicina todas aquellas personas que independientemente de sus estudios muestren una vocación de sanar a los demás.

Podremos incluso hacer que se reconozca el derecho a ser doctor en medicina y que quien opine lo contrario sea visto como retrógrado y doctor-fóbico. Se habrá usado al gobierno en favor de una posición que va más allá de lo razonable, la posición de cambiar el contenido de diccionarios y definiciones.

Con un fenómeno llamativo. Quienes quieran usar la definición tradicional de doctor podrán ser castigados legalmente, censurados y desempleados, marginados y vistos como políticamente incorrectos.

La ortodoxia anterior que consideraba médico al graduado en muchos años de estudios de medicina dará paso a otra ortodoxia, la de que existe el derecho a ser doctor sin cumplir con esos estudios.

¿Exagerado? No realmente. Lo absurdo del ejemplo del derecho a ser médico sin haber estudiado es igual al absurdo de considerar matrimonio a la unión de personas del mismo sexo.

Es, de cierta manera, una ampliación de funciones gubernamentales que asigna ahora al gobierno la tarea de dar significado a las palabras.

En Alicia en el País de las Maravillas, Humpty Dumpty dice, «Cuando yo uso una palabra, ella significa justo lo que yo quiero que signifique, ni más ni menos».

En Alphaville, une étrange aventure de Lemmy Caution, la película de 1965 de Godard, el gobierno llama biblia a un diccionario del que retira palabras.

¿Fantasía? No realmente, Lo estamos viviendo ahora mismo y, quizá, esté siendo visto con una indiferencia que aterra aún más.

Post Scriptum

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