Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Moral e Inteligencia
Eduardo García Gaspar
28 septiembre 2015
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Todos lo sabemos. Quizá queramos negarlo, pero no lo ignoramos.

Lo conocemos como un mandato, como un mandamiento: “no robarás”. No se necesita gran refinamiento para entenderlo.

Cualquiera puede definirlo como una prohibición, la de quitarle a otro algo que es de su propiedad. Para tomar algo que pertenece a otro, es necesario que este otro lo permita. Es algo que se entiende, en todo tiempo y en todo lugar.

Es el principio general del que parten las leyes que castigan al robo. No es sorpresa alguna que sea uno de los Diez Mandamientos, el séptimo. Esto que parece tan obvio tiene sus complicaciones.

Por ejemplo, la prohibición del robo necesariamente parte de una idea previa, la de que la propiedad privada es positiva, un derecho personal. El robo, por tanto, está prohibido por ser una violación de ese derecho, una especie de ataque a la persona misma.

Hasta este punto, poca discusión pueda haber. Las cosas, sin embargo, se complican cuando se introducen otras ideas. Por ejemplo, la de si puede haber o no un límite en la cantidad de cosas poseídas; o bien, la de si algunos bienes pueden o no estar sujetos a ser propiedad personal.

Hay grandes desacuerdos en esas ideas. Los liberales tienden a opinar que pocos límites o quizá ninguno deben aplicarse a la propiedad personal. Del otro lado, los socialistas tienden a opinar que la propiedad privada debe tener muy grandes limitaciones que los gobiernos deben imponer.

Lo anterior debe tener una solución razonable. La discusión podría ser ganada por el sistema de propiedad que mejor resultados dé para prosperar. También, podría ser ganada por el sistema de propiedad que más se acomode al respecto de los derechos personales.

En fin, nada que usted no sepa. Hay, sin embargo, un caso fascinante. El de una persona que roba para sobrevivir.

Digamos que una persona en el desierto, a punto de morir de sed, encuentra un campamento vacío de donde toma una cantimplora y bebe agua que no es de su propiedad. El propietario del campamento se encuentra ausente en ese momento.

El problema que se plantea ahora es el obvio. En un sentido estricto, no hay duda de que se trata de un robo. El hombre que está a punto de morir de sed ha tomado un objeto que no es de su propiedad. Sin embargo, cualquier mente razonable pensará que la circunstancia particular del caso podrá llegar a justificar el robo.

Tal vez se trate de eso precisamente, de un robo justificado. La clave por supuesto está en encontrar qué es lo que puede justificarlo. Posiblemente pueda justificarse argumentando que el propietario de la cantimplora, comprendiendo la situación en la que se encuentra el otro, le habría dado a beber el agua.

Es una argumentación que apela algo que se supone sería un comportamiento razonable por parte del propietario. Esta persona, movida por la compasión, le habría facilitado el agua. Ya que no se encontraba presente en este momento, quien necesita el agua parte de la hipótesis de que el propietario le hubiera permitido beber el agua de la cantimplora cualquiera que se encontrara en su situación.

Pero esta argumentación está incluyendo algo que suele pasar desapercibido. Los mandatos morales no son independientes unos de otros. Este caso lo ejemplifica muy bien.

La prohibición de robar no es la única que existe. También hay otra, que aplica en este caso, la prohibición de matar, es decir, el respeto a la vida.

Sabiendo que la vida es sagrada y que la propiedad privada debe ser respetada, la forma de combinar esos mandatos es dejaba a nuestra inteligencia. No es complicado concluir que cuando la vida está en peligro existe una condición que puede justificar un robo.

La persona que está a punto de morir de sed no podrá ser acusada de robo, pero si lo podrá ser en caso de que además de la cantimplora se lleve consigo una bolsa con monedas de oro cuyo propietario es el mismo de la cantimplora.

Piense en otra posibilidad. En el campamento quién está a punto de morir de sed encuentra tres cantimploras, las que se lleva antes de que llegue su dueño, a quien obviamente dejaría en una situación muy mala.

Lo que bien creo que vale una segunda opinión es enfatizar el punto de que los grandes principios morales no son independientes unos de otros.

Quien por ejemplo, piensa que no debe existir la propiedad privada debe también pensar en lo que le sucede a los demás principios morales cuando la propiedad privada sea prohibida.

Pero quizá lo principal es entender que los grandes principios morales, como los contenidos en los Diez Mandamientos, necesitan de nuestra inteligencia para poder ser aplicados con lógica y justificación.

Post Scriptum

Si usted lo gustó la columna, quizá también Derechos De Propiedad.

Sobre los grandes mandatos morales y su significado, hay una serie de columnas en ContraPeso. info: Diez Mandamientos.

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