Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Multiculturalismo: su Condición
Eduardo García Gaspar
11 marzo 2015
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es parte del vocabulario de moda. androjo

Una palabra frecuente y casi sagrada. Supone una idea buena.

Una que no necesita examinarse. Que pide aprobación sin juicio.

Me refiero a multiculturalismo.

Bien vale una segunda opinión examinar la idea. Ella se ha entendido como,

“… una convivencia pacífica y respetuosa entre las personas de esas distintas culturas, convivencia que exalta y alaba la riqueza de cada cultura y la diversidad acumulada que representa” ¿Qué es Multiculturalismo?.

Entendido de esta manera, no presenta riesgos. Al contrario, el multiculturalismo es digno de halago. Una buena posición ante el conflicto posible que existe en la convivencia de personas de culturas distintas.

Sin embargo, su interpretación lleva a diferentes gradaciones interpretativas.

En un extremo de esas interpretaciones, la que podemos llamar razonada, el multiculturalismo mantiene las nociones positivas de convivencia y solución de conflictos posibles. Incluso acarrea la connotación de enriquecimiento mutuo entre personas.

Esta interpretación razonada, sin embargo, contiene un elemento poco reconocido. Supone que las personas de todas las culturas en convivencia coinciden en un valor común, el de la convivencia. Algo que puede ser interpretado como un respeto mutuo dentro del marco de leyes bajo el que conviven.

Sin ese valor común, compartido por todos, no podrá realmente existir multiculturalismo.

Si uno o más de los grupos culturales se niegan a aceptar al marco de leyes, si no están dispuestos a aceptar el principio de convivencia, no serán ellos capaces de formar parte del multiculturalismo.

A lo que me refiero, y que suele pasarse por alto, es que el multiculturalismo necesita que las personas de diferentes culturas que conviven acepten una idea general de convivencia respetuosa entre ellas. Algo que solamente puede lograrse aceptando el respeto a las leyes del país, y las libertades y responsabilidades que allí existan.

Es decir, la diversidad cultural tendrá que al menos aceptar un valor común a todas las culturas que convivan en una sociedad, el del respeto mutuo, la libertad y la obediencia de la ley.

En el otro lado del multiculturalismo, al que podemos llamar radical, su idea se lleva hasta interpretaciones extremas.

Especialmente la de proponer que no existen ideas centrales superiores que obligan a todos, sean de la cultura que sean. La idea de que todas las culturas son equivalentes y que ninguno de los valores que pueden tener es superior.

Llegando a este extremo, por ejemplo, se concluiría que la misma idea de convivencia y de respeto a libertades y leyes, no es superior ni obliga a todas las culturas que conviven. Cuando esto se piensa, el mismo multiculturalismo llega a su autodestrucción.

Esto puede demostrarse con una situación específica.

Imagine un caso, el de un país como Canadá, con una gran cantidad de nacionalidades y culturas. Su multiculturalismo depende de que sus ciudadanos acepten y reconozcan un valor común general: aceptación de libertades universales y respeto a las leyes.

Cuando una de las nacionalidades o culturas no respeta ese gran valor común como parte de su cultura misma, entonces ella rechaza al multiculturalismo, es decir, a su convivencia mutua en la diversidad.

Si, por ejemplo, los emigrantes a ese país, de una cierta nacionalidad o cultura, rechazan la libertad de culto allí existente, o la prohibición de la poligamia en las leyes, puede decirse que tal cultura no es compatible con el multiculturalismo.

Y eso es precisamente el punto que bien vale una segunda opinión.

El de que el multiculturalismo es un rasgo básico de una cultura específica y que tiene que ser compartido por el resto de las culturas que convivan. Si una o más de ellas no incluyen esa creencia, resultarán ser incompatibles con el multiculturalismo.

Puesto de otra manera, sí hay diferencias entre culturas. No son ellas totalmente equivalentes. Y será superior la cultura que acepte como creencia el respeto a libertades y leyes, de la sociedad en la que vivan, que la que no lo haga.

Post Scriptum

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