Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Necesidades y Dolores
Eduardo García Gaspar
30 septiembre 2015
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Las necesidades humanas se notan. Se sufren y duelen cuando no son atendidas. ¿Suena lógico?

Por supuesto. Piense usted en el malestar que se tiene por dejar de beber durante un día entero o más. Tener hambre, lo mismo, produce dolor. Llega a convertirse en enfermedad.

Las necesidades duelen cuando no se satisfacen. ¿Cierto? Todo indica que sí.

Piense usted en un trabajo continuo, sin descanso, eso puede llegar a mostrar con dolor o malestar la necesidad de reposar. Igual, llega a doler la no satisfacción de necesidades de vestido y de un techo como cobijo.

La regla parece ser clara: la no satisfacción de necesidades humanas produce malestar, dolor, sufrimiento; toda una serie de condiciones que connotan tribulación y quebranto. Pero la pregunta que sigue es irresistible.

¿Produce tormento o pena toda necesidad no satisfecha?

O en otras palabras, ¿hay o no necesidades que cuando no son satisfechas no producen daño sensible? A primera vista, no. Dejar de comer, eso duele y se nota. Igual que dejar de beber, o estar enfermo y sin medicinas. Es fácil notarlo, pero claramente esas son necesidades físicas.

Y no solo tenemos necesidades físicas, también las tenemos de otro tipo. Piense usted en la definición tradicional del ser humano como un animal racional. Eso significa que tenemos necesidades de la razón. Necesidades de aprendizaje, de conocimiento, de entendimiento y comprensión.

¿Duele el no satisfacerlas? Supongo que de cierta manera.

Por eso valoramos la educación y le dedicamos tanto tiempo. Años pasamos estudiando en las escuelas y, muchos piensan, que el resto de la vida seguimos adquiriendo conocimientos. ¿Produce congoja no satisfacer necesidades de la razón, como el saber más?

La respuesta lógica es que sí. Seguramente no es el mismo malestar que producen el hambre o la sed, pero tiene que ser también una angustia, una zozobra.

La comparación entre el sabio y el ignorante ilustra esa sensación. Nos compadecemos del ignorante, lo entendemos como alguien que está en una situación mala, que puede resolverse satisfaciendo sus necesidades de aprendizaje.

¿Duele el no tener habilidades del pensamiento, el no seguir reglas de lógica, el ignorar sucesos históricos? No de la misma manera que el hambre, pero debe producir dolor, aunque sea de manera indirecta: coloca a la persona en una posición de desventaja frente a otros.

La pregunta siguiente es lógica. ¿Se siente esa falta de satisfacción de necesidades del saber? la falta de comida es fácilmente percibida, pero quizá no con la misma intensidad se siente la privación de conocimiento y aprendizaje.

La conclusión es clara: es posible tener necesidades que nos son naturales y que no hayan sido satisfechas sin que lo notemos con claridad.

Tal vez sintamos sus síntomas, pero ligarlos a necesidades mentales no satisfechas es poco notorio. Y, lo peor, es posible que el no satisfacer esas necesidades mentales de saber más produzca cierto placer, incluso gusto y delicia. Después de todo, el saber más requiere esfuerzo y podrá ser más atractivo el descanso.

Por ejemplo, una persona que hace totalmente de lado a la lectura de todo, desde libros hasta periódicos, y su ambición es sentarse a ver televisión, futbol y series de TV. No está mal hacer estas cosas, pero lo que parece estar mal es que ellas anulan la posibilidad de satisfacer necesidades de la razón, del saber.

¿Duele no satisfacerlas? Para muchos seguramente no, al contrario. Lo que sucede en casos como este es que la persona no llega realmente a realizar su potencial de animal racional. No es ambicionar que se convierta en un sabio, sino que simplemente sea humano y eso significa satisfacer la curiosidad intelectual.

Lo que me lleva a la definición de una buena vida, una que merece ser vivida y ella debe tener por fuerza la satisfacción de necesidades de la razón, del pensar, del saber más.

En otras palabras quizá esto pueda expresarse diciendo que tener una buena vida es haber adquirido un gusto poderoso por el conocimiento (el que aunque no se note físicamente es tan importante como el comer).

Cuando una civilización desprecie el conocimiento, cuando ella combata la búsqueda de la verdad, cuando en ella domine el relativismo, esa sociedad habrá dejando de albergar a seres humanos.

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