Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
No Existen «Los Pobres»
Selección de ContraPeso.info
9 noviembre 2015
Sección: PROSPERIDAD, Sección: Análisis
Catalogado en: ,


La ayuda externa para remediar la pobreza no parece dar resultado. Un fenómeno que se explica con la idea de Victor V. Claar. Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de publicación.

Con la noticia en octubre de que Angus Deaton de la Universidad de Princeton había ganado el premio Nobel de Economía, ha tomado un mayor sentido de urgencia el asunto de cómo mejor ayudar a los pobres de los países en desarrollo.

Honrándolo con el Sveriges Riksbank Prize in Economic Sciences, también se subraya el valor de la Economía como una ciencia moral.

Nacido en Escocia en 1945, Deaton obtuvo su doctorado en la Universidad de Cambridge en 1974 y es parte de la facultad de la Universidad de Princeton desde 1983 . A lo largo de su carrera, él ha estudiado los fundamentos microeconómicos de cuestiones más amplias en relación con el consumo y el ahorro, más las implicaciones que eso tiene para la pobreza y para los esfuerzos de su reducción o erradicación.

En lo que se refiere a la comprensión de los aspectos específicos de la pobreza global, los logros de Deaton son especialmente impresionantes. Al ser pionero en las encuestas de hogares en los países pobres, él nos ha ayudado a tener una perspectiva más precisa sobre los niveles de vida y las realidades particulares del consumo de los pobres del mundo.

Estos datos han proporcionado a los investigadores información detallada a nivel micro, por lo que los economistas que trabajan en el desarrollo económico ya no tiene necesidad de hacer generalizaciones amplias y radicales, basados en información menos personal y más macro, con respecto a los pobres en una nación determinada.

En un cierto sentido, el trabajo de Deaton replantea la forma en la que vemos a los pobres. En realidad, según su forma de pensar, no existe ningún grupo, sin caras y sin nombres, como «los pobres».

En su lugar, solamente hay personas pobres y cada una de ellas maneja los recursos tan efectivamente como las circunstancias lo permiten —y sus circunstancias son únicas en un momento específico y en un lugar particular.

En el capítulo final de su libro Great Escape: Health, Wealth, and the Origins of Inequality, Deaton amplia su entendimiento microeconómico de la pobreza hasta el papel que juega la ayuda externa para el desarrollo económico y resume su posición en su revisión de The Tyranny of Experts de William Easterly.

En pocas palabras, Deaton sostiene que los organismos de ayuda socavan el buen gobierno de los países pobres.

Cuando los líderes de los países pobres pueden obtener la mayoría de sus necesidades de financiamiento mediante la ayuda directa de Occidente, ellos no están ya obligados a responder a las necesidades de sus ciudadanos, ni a trabajar buscando su bien de largo plazo. En vez de eso, esos líderes tienen incentivos fuertes para mantener en la pobreza a sus ciudadanos, usándolos como una justificación para ir a pedir caridad y aun más ayuda en el escenario mundial.

En al menos un punto, Deaton y Easterly están totalmente de acuerdo: los autócratas del tercer mundo no podrían realizar esa estafa una y otra vez sin las buenas intenciones —como tampoco sin la arrogancia— de los llamados expertos en desarrollo. Y tal soberbia entre economistas se extiende mucho más atrás en el siglo XX.

Por ejemplo, Deaton escribe que «Keynes… también creía que expertos sabios y con espíritu público (como él mismo y sus amigos) podrían mejorar el bienestar social por medio de la acción gubernamental, preocupándose menos de lo que lo hizo Hayek por las fallas gubernamentales y por la corrupción de poderosos expertos con buenas intenciones».

Cuando uno ve los éxitos de las últimas pocas décadas en la reducción de la pobreza extrema a nivel mundial, esas ganancias raramente han ocurrido en lugares donde las naciones ricas han realizado grandes inversiones de ayuda directa.

Entre 1970 y 2006, la tasa global de pobreza se ha reducido de 26.8% a 5.4% con la mayor parte de ese avance sucediendo en países como China, India e Indonesia —lugares en los que hemos realizado inversiones relativamente pequeñas de ayuda. Esta es una poderosa muestra construida con los datos encontrados en ese reporte de Maxim Pinkovskiy y Xavier Sala-i-Martin.

Suponga por un momento que Deaton tiene razón y la ayuda directa conduce a la corrupción. Deaton no es ciertamente el único que piensa así.

Por ejemplo, los campeones del comercio justo de café, Raluca Dragusanu, Daniele Giovannucci, y Nathan Nunn, piensan que «las transferencias directas de dinero distorsionan los incentivos, alejando al trabajo de las actividades productivas y hacia la búsqueda de rentas y a la corrupción» (p. 234).

Y Peter Leeson y Russell Sobel muestran que está realidad se mantiene incluso cuando la ayuda es transferida entre gobiernos localizados dentro de las fronteras de un país ya desarrollado.

¿Es verdad para todo tipo de ayuda la sugerencia de Deaton —la de retener la ayuda como una forma de alentar a los líderes políticos del tercer mundo para comportarse mejor con sus ciudadanos? ¿Qué hay de la ayuda destinada la atención de la salud —especialmente cuando se dirige a la salvación de vidas en el muy corto plazo?

Incluso en este caso, Deaton sostiene que lo que parece hoy misericordioso puede conducir a horrores en el plazo más largo.

En sus propias palabras, «la ayuda, incluida la ayuda para la salud, socava la democracia, hace que los líderes sean menos democráticos y al final dañará a la salud».

Si la ayuda de cualquier tipo hace posible que se mantengan en el poder dictadores brutales y despiadados, entonces la ayuda —a pesar de sus buenas intenciones— puede llevar a mayores recuentos de cadáveres bajo regímenes que rutinariamente abusan de sus propios ciudadanos, negándose a llevar acabo las reformas que conduzcan a los mejores resultados de salud en el largo plazo.

Si el legado de Deaton es que consideremos con mayor detenimiento los posibles costos y beneficios de propuestas futuras de ayuda externa antes de aprobarlas, entonces este es un legado sin duda digno del premio Nobel de Economía.

Nota del Editor

Victor V. Claar trata, en el fondo, el dilema de la caridad: realizarla con urgencia y motivada por las mejores intenciones, pero sin pensar ni razonar; o realizarla pensando en su efectividad, aceptando que a veces no debe darse.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



1 comentario en “No Existen «Los Pobres»”
  1. Rene Dijo:

    Gracias por la introducción al trabajo de Angus Deaton, habrá que leer sus libros. El efecto detrimental de la ayuda externa para el desarrollo económico es una idea debatible, he aquí un ejemplo:
    http://timharford.com/2015/10/development-needed-just-give-cash/
    NOTA DEL EDITOR: esa evidencia muestra donaciones externas de efectivo a personas, directamente a ellas, sin pasar por las manos de su gobierno. Siendo así, se esperarían mejores resultados que siendo donaciones para planes gubernamentales.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras