Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Opiniones Conservadoras
Eduardo García Gaspar
7 septiembre 2015
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIEDAD
Catalogado en:


Necesita una buena dosis de valor. Un cierto grado de valentía.

Y combinarse con un poco de desprecio hacia el pensamiento estándar. Me refiero al sentido común. A la sencillez de lo obvio.

A algo que tienen en común algunas de las opiniones que tomo de I. Kristol (The Neoconservative Persuasion: Selected Essays).

Dice él que prefiere las obras de Jane Austen a las de J. Joyce o M. Proust; que en pintura es preferible Rafael a Picasso; que Aristóteles es mucho más digno de estudio que Carlos Marx; que hay más que aprender de Tocqueville que de M. Weber.

Más aún, la pena de muerte no es del todo reprobable; a la criminalidad no se le puede solucionar con terapia; y la religión no esta fuera de lugar en las escuelas. Creer que la memorización es una forma de aprendizaje y que no debe desaparecer de la educación; que la permisividad sexual es un absurdo; y que resulta un utópico pensar en un mundo sin guerras.

Opiniones como las anteriores requiere un cierto valor para hacer expresadas. Están fuera del gusto intelectual de nuestros tiempos. Van contra el pensamiento estándar y contra lo políticamente correcto. Son creencias que definen una cierta manera de pensar.

Por ejemplo, opinar que la tolerancia es menos deseable de lo que se pretende hacerla; o, más aún, afirmar que la familia real sólo admite a un hombre y una mujer. Igual que sostener que la igualdad es un concepto de doble filo que debe tratarse con cuidado; o bien, decir que los derechos humanos no debe ser una lista creciente de reclamos al gobierno.

No son ideas ni creencias populares. Reflejan una cierta mentalidad, la del sentido común y la del sentido de la realidad. Que los gobernantes no son seres en los que se pueda confiar la economía de un país y que, por tanto, no son viables los regímenes socialistas, ni los intervencionistas.

También, requiere un cierto valor el afirmar que los gobiernos no pueden hacer felices a las personas, y que si lo intentan, todo acabará en un fracaso estrepitoso. Igual, se necesita cierta valentía para decir que no somos los humanos un accidente biológico. O bien, para decir que la castidad es una buena virtud para combatir al SIDA y que el aborto es una asesinato.

Opiniones o creencias como las anteriores definen una cierta mentalidad. Llámela usted como quiera. Podría llamarse sentido común, o realismo, o cualquier otra cosa. Es una mentalidad que bien podría ser llamada conservadurismo, por emplear un término que no es bien visto.

Pruebe usted decir que es un conservador y verán la reacción que generalmente se presenta. Diga que no debe haber impuestos progresivos y verá lo que pasa. O afirme que el verdadero matrimonio es el de un hombre y una mujer y podrá ver la reacción que eso provoca.

Si encuentra que sus opiniones son bien recibidas, estará frente a personas que también son de esa misma mentalidad, conservadoras, aunque ellas no lo sepan. Pero puede ser que enfrente usted a otro tipo de mentalidad, el que se llama progresismo y que es prácticamente el polo opuesto.

Conocemos la existencia de esas dos mentalidades y hasta aquí no he dicho nada nuevo. Lo que creo que bien vale una segunda opinión es otra cosa.

Creo que existe una buena cantidad de personas que son conservadoras y que no saben lo que los son. Quizá incluso opinen que el conservadurismo es odioso y que, por tanto, ellas no pueden ser conservadoras.

Pues bien, si usted cree en la libertad económica y se opone a regímenes socialistas e intervencionistas, estará ya muy cerca de la posición conservadora en la actualidad. Los conservadores tienen un gran respeto por la iniciativa individual y sospechan de toda política colectivista.

A eso se añade otro rasgo importante. Ven con escepticismo toda la iniciativa gubernamental que se base en acumulación de poder y en la promesa de una sociedad ideal. Los conservadores son muy realistas, no aceptan ideas como la de que los humanos somos parecidos a los primates y que por eso debemos tener un comportamiento sexual similar.

Piensan que la sociedad es algo frágil con lo que no se puede jugar sin riesgos severos. Por ejemplo, redefinir a la familia y al matrimonio tiene consecuencias profundas y contrarias a la experiencia de siglos. No es algo con lo que debe jugar la ley.

En fin, todo lo que quise hacer es algo muy sencillo. El mostrar existe un tipo de mentalidad realista y de sentido común que nuestros tiempos requiere alguna valentía para ser manifestada. Mucha gente piensa así aunque no sepa a qué tipo de mentalidad pertenece.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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