Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Oxfam, una lástima
Leonardo Girondella Mora
14 julio 2015
Sección: GOBIERNO, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


Un estudio reciente sobre desigualdad —Desigualdad Extrema en México, G. Esquivel Hernández / Oxfam— contiene una introducción que merece ser vista de cerca.

Ella se titula «¿Por qué Oxfam combate la desigualdad?». Oxfam, por su parte, se define como

«[…] parte de un movimiento global que trabaja en 94 países para construir un futuro libre de la injusticia y la pobreza. Buscamos mejorar las condiciones y los medios de vida de las personas más vulnerables, fortaleciendo sus organizaciones locales e influyendo en los gobiernos y empresas para garantizar sus derechos».

Lo que haré a continuación es explorar el contenido de la breve introducción en ese documento. Merece la pena.

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La ONG ha iniciado una campaña llamada «Iguales» destinada a apuntar que la desigualdad «está limitando los avances de la lucha contra la pobreza». Para apoyarse, se explica que,

«Oxfam reveló en el 2014 que 85 personas alrededor del mundo poseen la misma riqueza que la mitad de la población mundial. Para enero del 2015, el número se había reducido a 80».

El nuevo estudio de desigualdad muestra que,

«México ha experimentado un crecimiento de la desigualdad extrema mientras la economía se ha estancado. El crecimiento económico es magro, los salarios promedios no crecen, la pobreza persiste pero la fortuna de unos cuantos sigue expandiéndose».

Luego dice que

«La desigualdad ha frenado el potencial del capital físico, social y humano de México […] ¿En dónde está esa riqueza mexicana? En términos de renta y capital, se encuentra concentrada en un grupo selecto de personas que se han beneficiado del poco crecimiento económico del que ha gozado México en las últimas dos décadas. Así, mientras el PIB per cápita crece a menos del 1% anual, la fortuna de los 16 mexicanos más ricos se multiplica por cinco».

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Después, la introducción apunta que,

«Vemos con preocupación la excesiva e indebida influencia de los poderes económicos y privados en la política pública y la interferencia que esto implica para el ejercicio de los derechos ciudadanos. Las personas más afectadas por esto son las personas más pobres […]».

Y llega así a la noción central para resolver que problema que se ha planteado:

«Por lo tanto, combatir la desigualdad para reducir la pobreza es una tarea que nos implica a todos y nos beneficia a todos».

Ese problema tendrá una solución:

« […] cambiar las reglas del juego, tanto económicas como políticas, que benefician a unos cuantos […] la acción de la ciudadanía es clave para la construcción de un Estado más eficaz».

Hasta aquí, me parece, he resumido objetivamente esa introducción que muestra la mentalidad central del reporte. En lo que sigue, analizo algunos puntos que me parecen dignos de mención.

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• No hay duda de las muy loables intenciones de Oxfam, ni de su amplio compromiso por la solución de un problema de ayuda, compasión y caridad humanas.

Pero, ¿cuál es ese problema según esa introducción? Todo el contexto señala que se trata de un problema de desigualdad y, sin embargo, se apunta que ese combate contra la desigualdad se realiza para reducir la pobreza —es decir, disminuir la desigualdad aparece como una herramienta para resolver el problema que de verdad importa, el de la pobreza.

La cuestión que desafortunadamente no se apunta es que combatir a la desigualdad es una de varias posibles herramientas para combatir a la pobreza —es decir, en apariencia Oxfam quiere combatir la pobreza y para hacerlo está apoyando una de las varias formas de hacerlo, sin mencionar otras ni la razón de su decisión.

Por supuesto, además, pobreza y desigualdad no son equivalentes,

• La desigualdad es innegable, pero no se menciona en esa introducción ninguna de sus causas y, peor aún, no se menciona siquiera la posibilidad real de desigualdades justificadas por razones de justicia.

El problema es grande, pues parte de una generalización injustificada, la de juzgar como culpables a todos los que están en los rangos superiores.

• Pero el problema central de esa introducción está en otra parte y puede mostrarse en la contradicción que contiene.

Dice que para resolver el problema deben cambiarse reglas de juego, políticas y económicas para anular «la excesiva e indebida influencia de los poderes económicos y privados en la política pública y la interferencia que esto implica para el ejercicio de los derechos ciudadanos».

Este breve análisis de Oxfam, me parece, es correcto. El sistema político económico que ha producido esa desigualdad es una asociación indebida y reprobable entre intereses público-políticos y económico-privados. No solo empresas protegidas, sino también sindicatos privilegiados por favores y concesiones gubernamentales.

La situación debe corregirse y es atinada la idea de «cambiar las reglas del juego, tanto económicas como políticas, que benefician a unos cuantos».

Pero es en extremo decepcionante que ese cambio de reglas no sea eso, sino la continuación de lo mismo que ha creado el problema que quiere corregirse: más Estado suponiendo que ahora sí el gobierno funcionará bien y «trabaje para los muchos y no para los pocos, en donde se gaste con sentido en educación, salud y servicios básicos».

Una de sus frases ilustran esa mentalidad vieja, «[…] que paguen más los que más tienen y para hacer un Estado más transparente». ¿No han aprendido de historia? Es eso precisamente lo que ha causado el problema del que se quejan, la desigualdad.

¿Quieren solucionarla? Hay un camino más simple, el de quitarle poderes a los gobiernos. Sin esos poderes ya no podrán dar privilegios a esos que concentran la riqueza y que la deben no a su talento empresarial sino a su cercanía con el gobierno.

Oxfam, por esa razón, es una gran desilusión. Sus inquietudes, sus ganas de atacar y resolver un problema grande, se encaminan a una solución vieja, anquilosada, que ha sido intentada por siglos sin dar resultados. Realmente una lástima.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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