Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Pero lo Hicieron
Eduardo García Gaspar
15 octubre 2015
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
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La distinción es fascinante. Interesante y útil. Es la diferencia entre dos cosas de apariencia similar.

Dos cosas que se confunden con facilidad. Una es un conocimiento, la otra es un sentimiento.

Las explico con un ejemplo real.

El ejemplo del gobernante corrupto que en privado reconoció haber tomado una decisión equivocada, pero al mismo tiempo no tuvo sentimiento alguno de culpa.

Lo que debe hacerse explícito es eso, la diferencia entre saber que se hace algo erróneo y el sentimiento de culpa por haberlo hecho.

Tomemos un caso extremo, el de una persona que sabe que matar es malo y que, a pesar de saberlo, mata a otro sin sentir culpa por hacerlo. El tema se ha puesto muy interesante precisamente por esa diferencia entre saber y sentir.

Comencemos por eso del conocimiento, lo de saber que algo es malo y reprobable, lo que sea. ¿Tenemos un conocimiento innato de esas cosas? Seguramente sí. Es algo intuitivo, escrito en nuestra propia naturaleza: robar es malo, matar es malo, dañar a otros es malo.

El punto se convierte ahora en algo que todos pueden ver. Sería natural que después de hacer algo malo, como golpear a otro, la persona sintiera que no debía haberlo hecho. Es eso que llamamos arrepentimiento y culpa, lo que lleva a la idea de tratar de reparar el daño y a la intención de no volverlo a hacer.

Muy bien, pero la pregunta surge sobre la posibilidad de no tener ese sentimiento de culpa incluso a pesar de reconocer haber hecho algo reprobable. Tome usted el caso del narcotraficante en cuyo interior existe el reconocimiento de que lo que hace es malo, pero a pesar de eso, realiza esos actos de su profesión diaria.

En su caso, no existe esa característica del arrepentimiento que lleva a querer reparar el daño y a tratar de no volverlo a hacer. ¿Cómo maneja esa persona su contradicción interna? Por un lado, sabe que hace algo indebido y por el otro no muestra sentimientos de culpabilidad.

La contradicción debe ser sustancial en el interior de la persona, la que de seguro encuentra formas de sentirse afectada por ella. Me imagino que una de esas formas es evitar pensar por cualquier medio que tenga a su alcance. Puede ser que también se sienta deprimido sin saber muy bien la causa.

También, puede ser que encuentre excusas para sus acciones, es decir, las racionalice. Conozco un caso de esos, el de una persona que se sumergió en una vida reprobable justificándose a sí misma con la idea de que “para mí hacer estas cosas no es malo, porque cada quien tiene su propia verdad”.

Un caso frecuente es el del gobernante consistentemente corrupto. No puede realmente argumentar ignorancia diciendo que no sabe que sus acciones son malas. El solo hecho de tratar de ocultarlas es prueba suficiente de que tiene un conocimiento pleno de que es reprobable lo que hace.

La pregunta que sigue es inevitable, la de cómo es posible que alguien cometa actos que sabe sin lugar a dudas que no debe hacer.

Quizá la respuesta está en la creación imaginativa de excusas:

«todos lo hacen, si no lo hago no avanzo en mi carrera, tengo que crear reservas para cuando deje mi puesto, así es el sistema, si yo no lo hago otros lo harán…»

Este terreno de cosas es fascinante. Uno en el que se muestra la naturaleza imperfecta que tenemos los humanos. Hacemos cosas aun a sabiendas de que hacerlas es equivocado.

Tome usted el caso obvio del alumno que copia durante un examen. Por supuesto, él sabe que no debe hacerlo, pero lo hace. Serán de gran aprendizaje las razones con las que él justifique lo que hizo.

O también el caso del joven que abandona a su novia después de que ella le ha dicho que está embarazada. No podrá negar que ha hecho algo malo, pero lo ha hecho. Y ninguno de los dos podrá negar que hicieron mal antes, al tener relaciones sexuales sin casarse. Pero lo hicieron.

Las cosas se complican con otra variable, la frecuencia con la que se hacen actos conocidos como reprobables. Las acciones frecuentes, constantes, pueden mostrar el caso curioso de alguien que no puede alegar que desconoce que está haciendo algo malo constantemente, pero que aún así lo hace.

Necesitará esa persona formas para engañarse a sí misma, para justificarse y negar que ella sabe su conducta es mala. En nuestros tiempos hay una buena cantidad de esas formas para engañarse a sí mismo.

Y quizá pueda decirse que si eso sucede, entonces, el conocimiento de lo malo no desaparece realmente, sino que se adormila.

Post Scriptum

Espero haber sido claro en la idea central de la columna. Conocer lo que es bueno y lo que es malo es inevitable, aunque solo sea de manera primitiva y tosca; y eso es diferente a tener sentimientos de culpa y arrepentimiento, los que algunas personas pueden dejar de tener.

Tal vez el vacío moral del que podemos lamentarnos en nuestros tiempos, sea solo ese haber dejado de tener sentimientos de culpa e intenciones de corrección futura, después de haber hecho algo malo.

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