Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Perspectiva Neoconservadora
Eduardo García Gaspar
5 febrero 2015
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Suele ser simplificado hasta el absurdo. Llevado a la exageración y ridiculizado. androjo

Sin embargo, es complejo y difícil.

Más que una postura política, o una ideología, es como una especie de “perspectiva moral”. como la definió su fundador, Irving Kristol (1920-2009).

La postura neoconservadora puede ilustrarse usado una idea del mismo autor.

Si a usted le gusta más Jane Austen como escritora que J. Joyce; más las pinturas de Raphael que las de Picasso; más digno de estudio Aristóteles que Marx; más cosas que aprender de Tocqueville que de M. Weber… Si usted piensa así, entonces usted es muy probablemente un conservador.

No es en verdad propiamente una ideología como las que tanto abundan. Tampoco es una posición de un partido político. Ni siquiera un movimiento. Menos un activismo.

Esto es lo que lo hace fascinante, el ser algo que se vuelve una perspectiva creada con una buena cantidad de ideas, opiniones y creencias.

Y desde esa perspectiva se tiene una visión general de lo humano, la que altera la forma de pensar en política, economía, cultura, religión, todo en realidad.

No tiene soluciones preparadas, ni remedios prefabricados, ni proyectos de sociedad. Esta es una gran diferencia contra las ideologías, como el socialismo, por ejemplo.

Esto es lo que creo que, desde el principio, merece una segunda opinión.

Me parece obvio que nuestros tiempos son unos de simplificación exagerada. Buen ejemplo de esto es las continuas menciones de etiquetas fáciles en los medios: liberal, socialista, izquierda, derecha; a los que suele añadirse con soltura adjetivos: extrema, fundamentalista, dogmática.

Por supuesto, esas posiciones son menos simples de lo que las pintan y, la más compleja de ellas, es la que más padece de ese simplismo. No es excepcional escuchar a unos criticar a los socialistas radicales, ni a otros de los de extrema derecha; o hablar de los utópicos socialistas, o de los dogmáticos de derecha.

Este simplismo es dañino. No refleja la realidad y eso obstaculiza las discusiones. Peor aún, limita el horizonte mental de la persona. No es infrecuente que los liberales se encierren en su caja económica; o que los socialistas se disminuyan a sus proyectos nacionales. O, quizá lo peor, confundir al Tea Party con conservadores extremos.

La realidad es mucho más compleja que una sola de sus partes y eso es precisamente lo que quizá tenga el conservadurismo como característica esencial.

Y eso, me parece, es lo que nos falta en la discusión política actual, la que sufre de un simplismo que aterra. Y del que no hay salida visible.

El conservadurismo, en su complejidad, contiene ideas que parecen ser desechadas sin motivo aparente. Una de ellas, creo, es fuente de terribles conclusiones, el olvido de la imperfección humana.

Una noción que, considerada seriamente, haría rechazar los proyectos nacionales de los socialistas, que tienen buenas dosis de utópicos; al igual que las ideas de pensar en manipular unas pocas variables macroeconómicas para progresar económicamente.

La aceptación de la imperfección humana tendría consecuencias de alto impacto que complicarían las discusiones actuales a un nivel para muchos insoportable. Se acabaría con todo proyecto utópico, sea de izquierda o de derecha.

Lo mismo sucedería con otro concepto central del conservadurismo, la exaltación de la prudencia, esa virtud que manda a considerar los efectos totales de medidas gubernamentales.

No es infrecuente y quizá sea la regla general que las decisiones de gobierno sean implantadas con la sola justificación de sus buenas intenciones y nada más que eso. No aceptar que esas medidas pueden tener efectos considerables no previstos es quizá una de las peores miopías políticas de nuestros tiempos.

Puede ser que mucho del rechazo que sufre el conservadurismo se deba a otra idea que causa inquietud en nuestros tiempos. Me refiero a la existencia del mal como una constante pasada y futura, algo de lo que no podremos deshacernos jamás. Reconocer su existencia complica las posiciones políticas ortodoxas.

Unas por no creer que el mal existe; otras por pensar que pueden hacerlo desaparecer. No, ni la ciencia, ni la tecnología, ni ningún proyecto social hará desaparecer al mal.

Resulta muy ingenuo pensar que el socialismo colocará en el poder a personas libres de falta y defecto; al igual que suponer que un mercado libre es suficiente como para prosperar inevitablemente.

En fin, lo que he querido hacer es explorar al conservadurismo, con la ambición de mostrar su complejidad. Pero también para lamentar que no exista propiamente una opción conservadora en la cultura de tantos países.

Post Scriptum

La columna tomó ideas y frases de la obra de Kristol, I. (2011). The Neoconservative Persuasion: Selected Essays, 1942-2009. Basic Books.

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