Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Política y Ángeles
Eduardo García Gaspar
14 mayo 2015
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


La pregunta es simple. Engañosamente simple, incluso tramposa en cierto sentido. androjo

Me refiero a la razón por la que hacemos cosas.

Cosas como vestir una camisa, bañarnos, desayunar, cepillarnos los dientes.

Acciones cotidianas.

Ir al supermercado, tomar una copa con amigos, ir al trabajo, leer un libro, escuchar música, conducir el automóvil, escribir un reporte, mandar un correo, descender las escaleras.

Cientos de acciones diarias que realizamos. La pregunta es el porqué.

Hay una sola respuesta posible. Hacemos lo que hacemos porque creemos que después de realizar esa acción nuestra situación será mejor que la anterior. Es decir, habrá una mejora, grande o pequeña, de las condiciones en las que nos encontramos. No hay otra respuesta posible.

Intente usted encontrarla y verá que es imposible. El hallazgo, que nos parece obvio, tiene sus consecuencias. Es, entre otras cosas, la hipótesis de la que partes los economistas para explicar nuestras decisiones de compra, venta, trabajo.

En otras palabras, esperamos obtener un beneficio de nuestras conductas.

Conviene aclarar que saber que actuamos buscando nuestro beneficio no significa que seamos unos egoístas desalmados, ni unos codiciosos malévolos. Quiere decir, eso sí, que actuamos motivados por lo que pensamos que nos mejorará la situación en la que estamos. Y eso hacemos.

Lo fantástico de esto es que de esta manera nuestras acciones, lo que hacemos buscando lo que pensamos que nos mejorará, será visto por el resto de diferentes maneras.

Quien nos vea visitar y ayudar a un amigo enfermo, pensará que actuamos de forma altruista.

Quien nos vea comprar un disco de música, pensará que estamos satisfaciendo un gusto personal. Quien nos vea trabajar, creerá que no esforzamos para vivir. Quien nos vea robar la billetera a otro, pensará que somos unos criminales codiciosos.

En todos los casos hemos actuado buscando mejorar nuestra situación haciendo lo que creemos tendrá ese efecto. La diferencia está en el cómo lo hemos intentado hacer.

Mi punto es sencillo: los humanos actuamos interesados en nuestro bienestar siempre y la calidad moral de nuestros actos dependerá del qué queremos hacer que nos beneficia y del cómo lo logramos.

Esto tiene una consecuencia política notable, en cuanto al régimen que es más consistente con nuestra naturaleza. Me explico.

Piense usted en un régimen político al que llamaremos BP (beneficio personal) y que presupone que las personas actúan motivadas centralmente por su interés propio. Que lo que ellas persiguen en cada caso es mejorar la situación particular en la que se encuentran en cada momento. Es una hipótesis realista.

Pensemos ahora en otro régimen político, al que podemos llamar AP (altruismo personal) y que presupone que las personas actúan motivadas centralmente por su interés en el interés ajeno. Que lo que ellas persiguen en mejorar la situación de los demás. No es una hipótesis realista.

Creo que he llegado al punto que merece una segunda opinión.

Ningún sistema político que parta de una hipótesis falsa podrá funcionar aceptablemente en la realidad. Depender de la creencia de que las personas actuarán todas ellas en todos los casos de manera altruista es un riesgo severo de consecuencias graves.

Piense usted en esto.

¿Le daría usted todo el poder sin limitaciones a un gobernante o grupo de ellos suponiendo que ellos siempre actuarán sacrificando su interés personal frente al beneficio ajeno?

¿Haría lo mismo con un empresario al que se le confiara, por ejemplo, todas la producción de gasolina, o computadores?

La respuesta es la natural, un no rotundo.

Debemos, por tanto, partir de una hipótesis realista, la de que la gente va a actuar motivada por su beneficio personal y que eso, en algunas ocasiones, significará conductas que dañen a terceros. Cosa que sucederá con escasa frecuencia, pero con la suficiente como para tener leyes que castiguen esas conductas.

Es un asunto de realismo, de aceptar que no somos ángeles y que, por tanto, ningún régimen político razonable puede cimentarse en la idea de que lo somos. La creencia de que los gobernantes actuarán motivados por el bien común es tan peregrina, como el suponer que lo mismo harán sindicatos y empresarios y trabajadores.

La conclusión es la natural, el régimen político-económico que no dependa del suponer que los humanos somos ángeles, tendrá mejor desempeño.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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