Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
¿Por Quién Votar?
Eduardo García Gaspar
8 junio 2015
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es la decisión clásica en una democracia. Seleccionar al candidato por el que se votará es androjoparte de las obligaciones del ciudadano.

El momento es crucial. De las decisiones acumuladas de millones dependerá buena porción de su futuro.

No sé usted pero tengo siempre problemas cuando voto. Ningún candidato que he encontrado en México se acerca siquiera un poco a lo que me gustaría que él fuera.

Tengo que satisfacerme votando por el que menos alejado esté de mis creencias (lo que significa que ni siquiera está cerca de lo que pienso).

La vez pasada, ayer, no fue a excepción. Siguió siendo una decepción. Ningún candidato, absolutamente ninguno, estuvo siquiera cerca de lo que pienso debe hacer un gobernante.

Algunos ejemplos de lo que me causa pesar.

• El candidato debería reducir el tamaño del gobierno. Quitarle atribuciones, funciones. Se trata de adelgazar a la burocracia. Pero no hacen eso. Hablan solamente de hacer eficiente al gobierno, de elevar su transparencia. Jamás de hacer lo que se debe, empequeñecerlo.

• El candidato debería reducir el gasto público para dejar más recursos en manos de las personas, que son las que mejor saben administrarlos. Pero no hacen eso. Al contrario, prometen gastar más sin mucha preocupación de lo que eso significa. Jamás pasa por sus mentes la posibilidad correcta, la de dejar a los recursos en manos de la gente.

• El candidato debería reducir la dependencia de la gente en el gobierno. Pero no hacen eso. Al contrario, crean más dependencia ciudadana. Ofrecen becas, transporte, alimentos, ferias, vales, que convierten al ciudadano en un cliente del gobierno.

• El candidato debería suspender la emisión de nuevas leyes y abolir muchas de las existentes. Pero no hacen eso. Al contrario, prometen nuevas leyes, nuevos reglamentos, que se acumulan y convierten en ocasión de corrupción y obstáculo al trabajo.

• El candidato debería dejar de ser un terapeuta que atiende problemas sociales. Pero no hacen eso. Al contrario, se colocan como un médico que escucha a pacientes que acuden a su ayuda, es decir, a favores de gobierno. Como ayudas a madres solteras, o a empresas en problemas.

• El candidato debería dejar de prometer favores a grupos. Pero no hacen eso. Al contrario, hacen promesas a los maestros, a los jóvenes que no pasaron un examen, a los viejos que quieren “mejorar la calidad de vida”.

En fin, como usted verá tengo problemas serios al votar. No soy el único. Muchos quieren algo sencillo, que el gobernante gobierne y nada más que eso al menor costo posible.

No es difícil de entender. Se trata de eso que se llama subsidiariedad.

No quiero un gobierno que me haga dependiente de él. Quiero valerme por mí mismo. Y para eso necesito que el gobierno gobierne, no que se convierta en un terapeuta social que usa dinero ajeno para resolver problemas que la gente debería resolver por ella misma. Quiero ciudadanos, no dependientes.

¿Soy un desalmado al que no conmueven los problemas sociales? Lo contrario. Desalmado es quien convierte a los ciudadanos libres en sumisos clientes de favores de gobierno. Desalmado el que alienta la creación de sentimientos de reclamos y merecimientos que convierten al ciudadano en niño malcriado.

El gobierno que solo gobierna tiene frente a sí el reto de preservar la máxima libertad posible dentro de un orden que proteja a la persona y sus propiedades e intereses. Nada más. Necesita, por eso, buena policía, buenos tribunales, pocas y sencillas leyes.

Más, por supuesto, lo que es obvio esperar, rendición de cuentas. El gobernante es un sirviente del ciudadano, no su superior. Eso le obliga a rendir cuentas claras y verdaderas.

Es inadmisible que se ostente como superior al resto y objeto de admiración.

Eso es lo que yo quisiera que dijera y prometiera un candidato. Supongo que sería un candidato poco popular, sin probabilidad de ganar. La mayoría de la gente lo vería como extraño.

Seguramente no votaría por él, sino por quien más le prometiera, como internet gratuito o casas para adultos mayores o uniformes de escuela.

Al final, los ciudadanos han puesto su voto en venta a cambio de promesas de favores. Así votan demasiados.

Post Scriptum

Un caso fascinante es el de un futbolista célebre transformado en candidato con una retórica notable.

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