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Posmodernidad: Nietzsche
Selección de ContraPeso.info
5 enero 2015
Sección: LIBERTAD CULTURAL, Sección: Análisis
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ContraPeso.info presenta una idea de Luis Ignacio Batista. Agradecemos a parrafo.001-1Arcol.org el amable permiso de publicación. El título original de la columna es Nietzsche y el Atrio de Los Gentiles.

En días recientes, me encontraba repasando una entrevista que Carmen Aristegui realizó al filósofo catalán Octavi Fullat hace un par de años cuando éste visitaba México.

Fue a través de youtube, está al alcance de todos, por lo que recomiendo que el lector vea dicha entrevista para que complete la visión de lo que este artículo invita a reflexionar.

Dos cosas me dejaron pensando bastante de aquella entrevista.

La primera idea tal vez muchos de los lectores lo habrán escuchado. Octavi Fullat decía que estamos en la posmodernidad y lo que marca su inicio es la idea nietzscheana de “Dios ha muerto”. Hay una novedad que Fullat propone y que más adelante tocaré.

El segundo punto de atención fue cuando hizo referencia a los valores. Desde luego se trató el ya trillado tema de la “crisis de valores”, pero no voy tanto por ahí.

Según Fullat, los valores han perdurado un tiempo y después desaparecido. Sin embargo, pese a ello, por diversos motivos únicamente dos valores han prevalecido –o sobrevivido– a lo largo de la historia occidental: la dignidad y la eficacia.

Ahora bien, ¿qué tienen que ver ambas ideas? Vamos a verlo.

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1.    Dios ha muerto: un problema de lectura

Lo que ofrece Fullat es una lectura de la frase de Nietzsche de la que muchos no nos habíamos percatado.

Normalmente quienes tenemos una inteligencia no tan aguda, leemos el “Dios ha muerto” de Nietzsche como una defensa del ateísmo. Si se es creyente y practicante de alguna religión, la frase resulta abominable.

La primicia está en que Nietzsche marca el inicio del posmodernismo, cuya característica es más que palpable: es relativista, entre muchas otras cosas desde luego.

Al decir “Dios ha muerto”, en parte sí, Nietzsche está defendiendo el ateísmo, pero primordialmente está definiendo lo que se conoce como relativismo.

Estaba poniendo la primera piedra de lo que serían los cimientos del pensamiento de la sociedad posmoderna. Su esencia está en que desaparece todo valor absoluto para afirmar que todo es relativo.

A partir de entonces, cosas como el valor del amor –y otras cosas– se reducen a algo cuyo valor depende de la visión de cada quien. Es decir, relativo a “mi” manera de pensar, a “mis” antojos, etcétera; se relativiza “a mí” y “a ti”: si para mí el amor es todo y para ti nada, da igual, los dos tenemos la razón.

No hay referencia a lo absoluto, todo se vuelve relativo. Es cambiar la máxima “Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza”, por aquella de “el hombre hizo a Dios a su imagen y semejanza” y como el hombre ya no necesita de Dios…lo mató.

Dios ha muerto. El absoluto ha muerto.  No hace falta mucho análisis ni ser un agudísimo observador para notar que esto es el pan de cada día en la sociedad occidental.

El principal efecto de esta estructura de pensamiento es que la nuestra se ha convertido en una época de incertidumbre. Ya no hay –más bien se cree que ya no hay– valores absolutos de los que una persona pueda asirse y tener seguridad.

Incluso para quienes creemos que existe un Dios que da sentido a todo, también eso se relativiza porque quien no cree en Dios sencillamente respeta nuestra “opinión” como una “opinión más” aunque no comparta la misma manera de pensar, y por tanto la verdad de Dios también se relativiza para nosotros, sin quererlo.

Esto es tremendo porque si cada quien cree tener la verdad, sucede que si “mi verdad” contradice “tu verdad” no va a pasar nada. El asunto se trata de que ambos tenemos la razón aunque cada quien niega la verdad del otro para afirmar la propia… es un estado de confusión, un terrible estado de incertidumbre.

Ahora bien, invocando al vetusto “principio de contradicción”, vamos a poner un ejemplo: si una mujer afirma que abortar es un mal y que es un homicidio y por tanto quien lo practique debe ir a la cárcel, pero otra mujer favorece la legislación del aborto como un derecho, entonces entramos en un conflicto bastante gordo.

¿Es posible que una misma cosa pueda ser dos cosas contrarias al mismo tiempo?, es decir, una cosa no puede ser buena y mala a la vez, de la misma manera que una cabellera no puede ser blanca y negra al mismo tiempo.

Eso es una contradicción. Por tanto el aborto, siguiendo con el ejemplo, no puede estar bien y mal a la vez. Alguna de las dos mujeres debe tener la razón.

Como podemos ver, esta incertidumbre que ha causado el “Dios ha muerto” (el absoluto ha muerto) causa demasiados conflictos, pues con esa manera de pensar es bien difícil edificar puntos de unión en los que se pueda llegar a acuerdos entre las múltiples maneras de pensar.

Y las consecuencias en la práctica son aberrantes, y el ejemplo citado del aborto es solamente uno de tantos. Por eso la incertidumbre es el ambiente en el que nos movemos hoy día. La posmodernidad se puede definir –a nivel de ideas– como un tiempo de incertidumbre donde nadie y todos tienen la razón al mismo tiempo.

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2.    Los invencibles: eficacia y dignidad 

Para Fullat, vencer la incertidumbre es un trabajo que se puede realizar pensando de manera nietzscheana.

A ojo de buen cubero, tiene cierta sensatez porque esto consistiría en meterse en la cabeza de las generaciones posmodernas. Se trata de pensar con cierto relativismo, pues ya no hay otro modo de dialogar con quien no cree en absolutos.

Aceptemos un momento que todo es relativo: al no haber una referencia absoluta donde fundamentar la existencia, ¿qué es lo primero que se ve afectado? Así es: los valores. Y en concreto los valores en la educación, dice Fullat.

Vamos a deslindarnos un momento de la educación y apliquemos estas ideas a todos los ámbitos de la vida para seguir con la línea de este escrito. Decimos entonces que estos valores ya no tienen un punto de referencia que los sustente, con lo cual si lo que siempre pudo haber sido un valor, ahora ya no lo es más porque a alguien ya no le parece que es un valor.

Nuevamente el asunto se pone peliagudo. Pero –según Fullat– hay una manera de salvar este asunto. Dice que si hacemos una lectura del pensamiento occidental, se pueden focalizar dos valores que sí han prevalecido y prevalecen. Pero ojo, son valores respetados, no son absolutos, y por ello han prevalecido.

¿Cuáles son? En primer lugar, está la dignidad de cada ser humano. Esa idea de que cada persona tiene un valor único, más que menos, se respeta en todos lados. Por lo menos en la teoría.

En la práctica no siempre se ve tan claro, pero teóricamente: ¡ay de aquel que diga lo contrario! Así en teoría sí podemos decir ha prevalecido la dignidad como valor respetado. Por más relativo que sea el pensamiento de alguien, ese alguien nunca aceptará ni permitirá que maten a su propia madre.

El segundo valor es la eficacia. Por eficacia, según la RAE, entendemos esa capacidad de lograr el efecto que se desea o se espera. Hasta aquí no le veo ninguna objeción.

La eficacia es un valor que prevalece y seguramente prevalecerá siempre. Porque todos queremos que las cosas salgan como las queremos. Una escuela que va a enseñar inglés tiene que poner el mejor método para lograrlo y no perder el tiempo, lo tiene que lograr, tiene que ser eficaz. Cuando nos enfermamos, pedimos eficacia cuando vamos al doctor a pedir cura. Y así en todo. La eficacia “preside las relaciones colectivas”.

Ahora bien, cuando hay un “conflicto de eficacias”, de la naturaleza que sea, la solución última de esos conflictos depende de la dignidad, el primer valor.

Fullat, en dicha entrevista, no dice cómo se da en la práctica esa solución. Sin embargo, no parece difícil intuirlo. Y el lector lo puede resolver con facilidad. Ser eficaz tiene como límite el respeto por el valor de cada persona.

Nadie puede ser eficaz a costa de aplastar a otros seres humanos, violar sus derechos o simplemente ignorarlos. La dignidad es el freno, el límite de una mala eficacia.

Es interesante poner estas ideas de relieve y, sobre todo, en el orden en que las acabamos de colocar puesto que este es un punto para iniciar un diálogo con aquellos que no creen en valores absolutos por parte de quienes sí creemos en ellos.

El atrio de los gentiles

Recientemente el cardenal Gianfranco Ravasi visitó México para recibir un Doctorado Honoris Causa.

En las conferencias que impartió, estuvo promoviendo su proyecto conocido como “el atrio de los gentiles”. Una iniciativa interesante que ya se trabaja en Europa y cuyo trasfondo histórico tiene materia para tratar en otro ensayo. Es, según se ha constatado, un proyecto que está teniendo mucho éxito.

El buen cardenal, con su atrio de los gentiles, propone activar una serie de sedes o lugares –no necesariamente físicos– de diálogo entre creyentes y no creyentes.

Se trata de lograr, dentro de las diferencias, entablar un diálogo que acerque a todos hacia una unidad, hacia la verdad. Las ideas que he expuesto pueden ser aspectos interesantes para que ese diálogo vaya empujando a encontrar puntos en común que acerque a cada persona a salir de la incertidumbre del posmodernismo.

La idea es que se descubran puntos comunes que nos hagan descubrir la verdad. Esa verdad que para muchos tiene una referencia absoluta y para muchos no.

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