Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Protección Como Abandono
Eduardo García Gaspar
5 mayo 2015
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
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Es la una palabra favorita. El político la repite y aprovecha.androjo

Se convierte en una misión de vida. La razón del ser del gobierno.

Proteger, abrigar, custodiar, salvaguardar.

Y resulta que en ese proceso los gobiernos mutan hasta convertirse en un ente destinado a la protección universal.

Un ejemplo de varios en una faceta, la del empleo:

“[los trabajadores] pueden confiar en que el gobierno y esta Presidenta tomará todas las medidas para proteger el empleo y que no sean ellos y su familias los que paguen los efectos de este momento económico”. Michelle Bachelet.

Así, en abstracto y sin detalle, resulta imposible decir si se está de acuerdo o no con esa idea. Por supuesto, la creación de empleos y su conservación es algo bueno. Nadie lo duda, pero el problema no es un de evaluar objetivos, sino de calificar medios.

Lo que importa es la manera en la que se pretende lograr esa meta.

Otro ejemplo, en otro campo, pero similar en contenido:

“El Gobierno [argentino] lanza medidas para proteger la industria nacional. Frenarán las importaciones de ropa, juguetes y zapatos, principalmente de China. Y habrá restricciones para bicicletas, computadoras, relojes y neumáticos. Quieren evitar que se dañe la producción local”.

No hay problema con el objetivo de querer industria nacional, ni con el de crear y mantener empleos. La real discusión se da en la manera de hacerlo, como lo muestra esa cita: impidiendo importaciones que por lógica serían más atractivas al consumidor (de lo contrario, no se prohibirían).

El asunto del gobierno convertido en protector de empleos e industria nacional, visto más de cerca, tiene dos aspectos a examinar. Uno, el de la manera en la que eso se haría. El otro, el del elemento descuidado y abandonado.

Empecemos por el primer elemento, el de las formas que se usan para lograr crear y mantener empleos. Desde luego, es posible eso de muy diversas maneras. En Francia, por ejemplo, se intentó acortando la jornada de trabajo para que eso ocasionara la contratación de otros.

Igual, podría lograrse elevar el número de empleos si la ley prohibiese el uso de la mano derecha en las fábricas, como propuso F. Bastiat (1801-1850) en una de las parodias más famosas en Economía. Similar a la idea de tapiar las ventanas para evitar la entrada de sol y ayudar a la industria de la iluminación.

El punto es claro, no se trata de crear y mantener empleos. Se trata de crear y mantener empleos productivos, necesarios. Ningún empleo está justificado sin el apoyo de la otra parte de la ecuación: la necesidad del otro lado, el comprador.

Podría emplearse a miles de trabajadores para producir millones de carretas de caballos. Viendo solamente la cifra de empleos conservados, esas fábricas no desaparecerían jamás. Pero viendo la necesidad del comprador, esos empleos no son productivos y podrían trasladarse a producir otras cosas en verdad necesarias.

Lo que me lleva al otro elemento, el que siempre suele olvidarse.

Y ese elemento que suele ignorarse es el trabajador mismo, pero en su papel de comprador y consumidor. Porque, si por ejemplo, se prohiben importaciones, se verá con facilidad la ayuda a la industria local y sus empleos, pero no se verá tan fácilmente que esos trabajadores y el resto, tendrán ahora menos variedad de productos: más caros y no tan buenos.

Ayudar a la gente en su papel de trabajadores y dañarla en su papel de consumidores no tiene mucho sentido. Pero es lo que suele suceder cuando los gobiernos se tornan protectores sin sentido. Protección de empleos e industrias, que les da material para discursos, pero les hace cometer un error central: desproteger al consumidor.

Y la realidad es que todos somos consumidores, todos. Preservar empleos para producir carretas puede ayudar a los empleados en esa producción, pero resulta en un daño general: menos bienes para el consumo (los recursos usados para las carretas podrían usarse para producir cosas necesarias).

En fin, otro caso de miopía económica producida por ignorancia política. Queriendo proteger a unos trabajadores y a unas empresas, se termina abandonando a todos los consumidores.

Post Scriptum

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