Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Prudencia, Necesidad Política
Eduardo García Gaspar
19 marzo 2015
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Es propio de nuestros tiempos. Integral al modo de hacer política en la actualidad. androjo

Un modo de ser y de pensar del gobernante.

Me refiero a hacer sin pensar y a pensar sin reflexionar.

Quizá lo mejor para describirlo sea decir que falta algo, que falta prudencia, que falta sentido común.

En concreto, la política de nuestros días se hace sin prudencia y sin sentido común. Inicio con una cita de I. Kristol:

“En lo que sea que consistan los derechos del hombre… la política consiste en el ejercicio prudente de esos derechos más que la mera aseveración de ellos”.

La frase del autor intenta resumir el punto de otro célebre político E. Burke.

Pienso que el punto general de la frase es claro y que el tema de los derechos humanos lo ilustra muy bien. Que algo haya sido visto y considerado como un derecho no significa que sea implantado inmediata y literalmente en política.

Tomar decisiones políticas requiere un paso intermedio, eso que se tiene que hacer antes de tomar una acción. Quizá pueda llamarse”ejercicio prudente”.

Muestra que la política no puede ser la implantación en serie de un largo conjunto de propuestas y de ideas que descuidan el sentido práctico y la experiencia histórica.

Aquí hay algo que bien vale una segunda opinión. Un buen gobernante es uno que usa consistentemente lo que conocemos como una virtud básica. Lo llamamos prudencia. Pero también quizá se le pueda decir sentido común.

Significa que antes de implantar una política de gobierno o tomar una decisión gubernamental, el gobernante debe pensar en las consecuencias que ella tendrá y en las posibilidades de buenos resultados.

Recordar esto es un tanto vergonzoso.¿Después de todo no es esto lo que debe hacer todo gobernante? La realidad parece comprobar que la prudencia no es una virtud que se use con frecuencia dentro de los gobiernos.

Casos concretos a los que me refiero con falta de prudencia: legislar derechos humanos haciendo caso omiso del costo que eso representa; pensar que el aumento del salario mínimo causará progreso; vender agua por debajo de su precio de distribución; bajar tasas de interés de las hipotecas.

Con esto podemos llegar a una útil idea acerca de la política.

Podemos definir a la buena política como un acto de equilibrio entre lo que debe conservarse y lo que debe cambiarse. Contiene, por tanto, un respeto implícito por lo existente, por la experiencia del pasado, pero también contiene una sospecha sana y continua sobre lo nuevo.

No es que rechacen lo nuevo, es que primero y ante todo deben examinarlo con una sana actitud de escepticismo. Lo nuevo, por definición, no es siempre lo mejor. Lo viejo, por definición, no es siempre lo malo.

El equilibrio al que me refiero en la buena política solamente puede lograrse por medio del ejercicio de la prudencia. La virtud que trata de examinar las consecuencias de toda acción que realizamos quienes por definición somos imperfecto.

La falta de prudencia en las decisiones políticas a las que me refiero está muy bien representada en los déficits públicos. La realidad de que un gobierno gaste más es lo que ilustra la clara de falta de reflexión. No puede gastarse más de lo que se tiene. Esa es una realidad inevitable que solamente puede entender una mente prudente.

Otro síntoma de la falta de prudencia en las decisiones gubernamentales es el modo en el que se aprueban las ideas y las propuestas de los gobernantes. Usted lo ha visto. Los programas gubernamentales suelen ser aprobados y justificados solamente sobre la base de las intenciones que persiguen.

Y peor aún, su éxito es medido utilizando el parámetro del dinero gastado en ellos. Se cree que cuanto más dinero se gaste, más éxito tiene el programa. Otra ilustración de la falta de prudencia en la política de nuestros días.

Lo que digo es simple. La política de nuestros días está llena de casos en los que las decisiones son tomadas sin prudencia.

No es sorpresa que los proyectos gubernamentales tengan un alto índice de fracaso. Peor aún, a pesar de ser fracasados se mantienen pensando que sus objetivos son suficientes para ser conservados.

La falta de prudencia se nota en otro aspecto. Comienza con la premisa de creer que el gobierno todo puede hacer y que todo lo que hace es bueno. Más aún, supone que el gobernante es un ser perfecto, que no comete errores y que tiene un comportamiento siempre moral.

Finalmente, me atrevo a sugerir que el origen en de falta de prudencia en las decisiones políticas, se debe a ignorar una realidad obvia. Somos seres imperfectos. La perfección es una expectativa imposible en nuestro mundo. La prudencia solamente es posible en mentes que reconocen que somos seres imperfectos.

Post Scriptum

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