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Psicología: Límites Morales
Selección de ContraPeso.info
9 junio 2015
Sección: CIENCIA, ETICA, Sección: Asuntos
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Sobre la naturaleza de la Psicología, ContraPeso.info presenta una idea de Gregory Jensen. Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de publicación. El título original de la columna es The Moral Limits of Psychology.

Los defensores del libre mercado insisten en que la virtud es esencial para una economía justa y floreciente. Si la moralidad es relevante para la economía, lo es igualmente para otros campos de la ciencia social, todos los que tienen como objeto de investigación a la persona humana.

La indiferencia frente a la dimensión moral distorsiona el estudio de la acción humana en la economía; también deforma a la disciplina que llega detrás de la acción, hasta la mente humana: la Psicología.

Los hallazgos empíricos y las técnicas prácticas de la psicología pueden ayudar al florecimiento tanto de las personas como de las comunidades cuando están construidas sobre sólidos cimientos antropológicos y guiados igualmente por una sólida moral claramente de acuerdo con las metas propias de la vida humana.

Desafortunadamente, como argumenta Theodore Dalrymple en su más reciente libro Admirable Evasions: How Psychology Undermines Morality, la psicología contemporánea no solamente ha sido hostil a la moral tradicional, también ha sido indiferente y ha puesto de lado al gran contexto de la civilización occidental dentro de la que surgió.

La Psicología contemporánea, de acuerdo con Dalrymple, «no es un instrumento para la comprensión propia sino una barrera cultural de la comprensión que podríamos alcanzar».

Funcionando dentro de sus propios límites, la Psicología puede ser útil. Sin embargo, con demasiada frecuencia apelamos a la Psicología pidiendo ayuda sin un entendimiento correcto de los límites empíricos y morales de la disciplina.

Como todas las ciencias sociales, los descubrimientos de la Psicología están expresados en probabilidades que son estrechamente definidas por el investigador. En otras palabras, dado un número específico de variables (que ignoran a otras por causa de la investigación), en cierto porcentaje de casos esto o lo otro es probablemente cierto. Como todas las ciencias, la Psicología conoce lo general pero lo hace a expensas de lo particular sobre lo que solo conoce probabilidades.

La observación de Dalrymple sobre la Psicología conductual es verdad también de la disciplina entera (y como Hayek nos recuerda, también de la Economía también): «lo que comenzó como una metodología se convirtió en ontología [el estudio de la naturaleza del ser]».

En lugar de situarse ella misma modestamente dentro del más amplio contexto de la tradición intelectual occidental, la Psicología se colocó a sí misma como un crítico de la cultura. Esto no se limita a los aspectos deformados de la cultura y a la conducta personal que hayan sido la preocupación de los críticos desde Sócrates y los profetas del Antiguo Testamento. Como el complejo de Edipo de Freud, los psicólogos y la psicología han buscado cada vez más socavar a la cultura misma.

Y así, dice Dalrymple, «el efecto general del pensamiento psicológico en la cultura y la sociedad humanas… ha sido abrumadoramente negativo». ¿Por qué? Porque, dice él, «da la impresión falsa de un gran aumento de la autocomprensión humana donde nada ha sido logrado, alienta a la evasión de la responsabilidad al convertir a los sujetos en objetos donde supuestamente considera o se interesa ella misma en la experiencia subjetiva y hace superficial al carácter humano porque desalienta el autoexamen y el autoconocimiento genuinos».

Desanclada de la tradición Cristiana Occidental por canónica, la Psicología contemporánea «es al final sentimental y promueve la más burda autocompasión porque hace a todos (aparte de los chivos expiatorios) víctimas de su propio comportamiento».

A pesar de eso, «usada moderadamente y con discreción» la Psicología puede «ser muy útil para individuos cuidadosamente seleccionados». Aunque sea estrictamente definida, no debemos minimizar ni rechazar los descubrimientos reales y los beneficios de la psicología.

Dicho eso, Dalrymple advierte que debemos estar conscientes de «la naturaleza de engrandecimiento propio de la mayor parte de los profesionales del “cuidado” que argumentan tener competencia y soberanía sobre asuntos que están más allá del alcance de la solución o del entendimiento técnicos, socavando todo resto de modestia, realismo, o juicio que de otra forma pudieran ellos aún tener».

El florecimiento humano nunca es un asunto técnico, sino que requiere de la «consideración de la dimensión trágica». Sin esto «todo es superficialidad; y quienes carecen de ella están destinados a una vida que es desagradable y brutal si no necesariamente corta».

Para mí es una pregunta aún sin contestar si, como concluye Dalrymple, «es la vocación de la Psicología el negar y esconder» todo esto «de la vista con un fino barniz científico». Dicho esto, el autor argumenta convincentemente la afirmación de que la Psicología «es una versión laica y ligera de la redención cristiana con el Hombre colocando en el lugar de Dios».

Nota del Editor

En Homosexualismo se hizo un análisis de un caso concreto similar al tratado por G. Jensen en esta columna: una sexóloga entrando a terrenos ajenos a su disciplina. Una buena y muy tangible muestra de la Psicología convertida en crítica de la moral.

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