Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
¿Qué es Demagogia?
Leonardo Girondella Mora
18 noviembre 2015
Sección: POLITICA, Sección: Asuntos, Y MATERIAL ACADEMICO
Catalogado en: ,


La definición del concepto de demagogia puede ser mejor lograda si se acude a los elementos que le dan significado —que es lo que me propongo hacer en lo que sigue:

• Su primer elemento es muy claro, la demagogia es una de las varias posibles maneras o medios de llegar al poder gubernamental y mantenerse en él—una entre varias estrategias que son usadas por las personas de cualquier signo que ambicionan esos puestos políticos.

• En segundo lugar, algo pocas veces notado, la demagogia solamente es posible en situaciones políticas en las que las personas son percibidas como teniendo influencia en la selección de gobernantes —no necesariamente votos, sino simplemente influencia.

Esta es la razón por la que la demagogia encuentra en la democracia, y su sistema electoral, un terreno muy propicio a su uso por parte de candidatos a puestos de elección popular.

La definición aristotélica de demagogia, como una corrupción de la democracia, ayuda a comprender este elemento.

• La demagogia contiene como gran rasgo distintivo, el uso de una retórica —un modo de hablar del político que apela particularmente a emociones y sentimientos del electorado.

Esta retórica capitaliza miedos, impresiones, ignorancia, temores, esperanzas, prejuicios, afectos y envidias del electorado —especialmente de los segmentos más numerosos, los que producen más cantidad de votos.

Una buena parte de esa retórica se destina a crear resentimiento y rencor en esos segmentos en contra de otros menos numerosos, lo que produce la percepción de gobernante como un personaje destinado a remediar eso —el que castigará a los malos redimiendo a los buenos.

La desigualdad social, la lucha de clases, el racismo y sus variaciones son temas especialmente útiles al demagogo. Su retórica en mucho crea imágenes de grandes injusticias sociales, de exclusión y discriminación que promete remediar castigando a los que designa como culpables.

• Como resultado de lo anterior, pero digno de ser mencionado por separado, está la frecuente exageración de promesas políticas en las campañas de elección. No es infrecuente que el candidato prometa lo imposible y se erija como constructor de una sociedad futura perfecta —la construcción de una utopía celestial en la tierra.

• Quinto, la retórica demagógica es una usuaria frecuente de todo tipo de falacias y errores de razonamiento. La Guía Contra Propaganda Política explica esto con detalle.

Solamente apunto la falacia clásica de la demagogia, la de la alternativa única —o del dilema falso: ese gobernante se erige como la única opción posible; la otra alternativa es el caos, el desorden, la miseria.

• Una vez alcanzado el poder, la demagogia puede continuar sin mucho cambio en su retórica. La misma clase de oratoria y elocuencia será ahora usada para justificar las acciones de gobierno.

Un clímax de esto son estas frases de N. Maduro en Venezuela:

«Decidí crear el despacho del viceministerio para la Suprema Felicidad Social y lo llamé así en honor a nuestro comandante Hugo Chávez y a Bolívar… Nosotros sabemos que nuestro comandante ascendió hasta esas alturas, está frente a Cristo. Alguna cosa influyó para que se convoque a un Papa sudamericano, alguna mano nueva llegó…».

Se mantiene el aprovechamiento de emociones, apetitos, exaltaciones, prejuicios y envidias, que son alimentadas en un ciclo creciente de vehemencia que el gobernante usa para justificar sus actos —cualquier acto.

• El efecto final de la demagogia en el electorado es la construcción de una forma de pensar acerca de la sociedad como un escenario simplista de caricatura —víctimas y villanos en una lucha eterna en la que el gobernante es el único héroe al que debe apoyarse incondicionalmente.

La sociedad dividida, fragmentada, sectorizada es uno de los efectos del pensamiento demagógico.

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Los anteriores elementos describen razonablemente a la demagogia —una estrategia política para llegar y mantenerse en el poder por medio de una oratoria que apela centralmente a las emociones, prejuicios e ignorancia de grandes segmentos del electorado.

Es claro que la demagogia no tiene un signo político distintivo y puede sufrirse en candidatos de derecha y de izquierda.

Debo añadir finalmente que la retórica demagógica puede ser muy contagiosa. Ella afecta con frecuencia a personas con buenas intenciones y metas altas, las que usan expresiones, frases y conceptos propios de la demagogia y se convierten así en promotores inconscientes del demagogo.

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