igualdad

¿Qué es igualitarismo? Significado, definición, elementos. Una posición política que toma a la igualdad como criterio principal y hasta único de una buena sociedad.

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Definición y elementos del igualitarismo

La definición del concepto puede ser lograda por medio de la enumeración de los elementos que tiene ese concepto. De esa manera puede tenerse una idea satisfactoria de lo que es igualitarismo.

1. Posición filosófica o mental

El igualitarismo es una posición filosófica acerca de la naturaleza humana. Tiene amplísimas consecuencias en campos políticos, económicos, legales y otros más.

Es como un marco mental general, un tanto reduccionista, concentrado en una sola faceta humana, la igualdad considerada como la única dimensión humana.

2. Idea vaga de igualdad

La esencia del igualitarismo consiste parte de que todos los seres humanos son iguales. Una afirmación que es demasiado vaga para ser considerada seriamente de forma tan general.

Tiene claramente una parte verdadera y cierta, que no puede rebatirse. Sin embargo, el problema es la vaguedad del significado de ‘igualdad’.

3. Una solución a la vaguedad

El igualitarismo resuelve ese problema de vaguedad afirmando que la igualdad humana equivale a una igualdad esencial. Ella se entiende como igual valor o dignidad, sin excepción alguna. Es cierto

Esta igualdad esencial e igual en todas las personas, con respecto a su dignidad, significa un merecimiento igual de respeto sin excepciones, independientemente de cada persona en específico.

El igualitarismo reconoce, además, lo innegable, la desigualdad humana en otras facetas. Las personas difieren notablemente en aspectos no esenciales, sean biológicos o mentales.

Eso crea diferencias entre las personas, pero diferencias que no alteran su valor esencial, ni su igual dignidad.

4. Un origen cristiano

La idea de la igualdad humana tiene un claro origen en el Cristianismo. De su credo se concluye que si todos los humanos son creación de Dios, todos tienen un mismo valor y merecen el mismo respeto sin excepción. Son igualmente dignos todos.

5. Consecuencias legales de la igualdad

Una de las consecuencias más notables de la igualdad humana es la idea de leyes aplicables a todos por igual.

Y que contienen una idea revolucionaria: el gobernante no puede ser tratado excepcionalmente, sino bajo las mismas leyes aplicables a los demás.

6. Derechos iguales para todos

Otra de las manifestaciones muy claras de la noción de la igualdad es la de los derechos humanos. Son una serie de principios básicos que describen en más detalle el significado y consecuencias de la igualdad esencial humana.

Una forma de entender a la igualdad humana y sus derechos ha sido la de expresarla con la idea de igualdad con independencia de otras características. La igualdad es independiente de edad, sexo, educación, raza, nacionalidad, religión, fortuna, posición y otras más.

Desde el otro lado, la igualdad humana rechaza los privilegios a grupos y acepta la idea de imparcialidad en el trato a las personas.

7. Igualitarismo y su obsesión

Siendo la igualdad una idea razonable y justificada, el igualitarismo la toma con obsesión. La convierte en el eje único de su forma de pensar y lucha por una igualdad generalizada, tosca, literal. Hay algo de fundamentalista en él.

Esta exageración igualitaria le produce enemigos. Esos que creen que hay otras cosas a las que se debe atender, no solamente a la igualdad. Especialmente, mencionada es el descuido de la libertad, hacia la que el igualitarismo muestra despreocupación total.

El problema obvio e irresoluble

El igualitarismo padece un defecto mortal: su obsesión con la igualdad. Ella es la meta única y propósito loable de toda sociedad. Una sociedad igualitaria es, por definición, una sociedad feliz.

Incluso la obesidad se remediaría en una sociedad igualitaria.

No es indebido, al contrario, ver a la igualdad como algo deseable, pero no aisladamente. Una forma aceptable de entender a la igualdad humana es hacerla compatible con la libertad humana. Lo que significa aceptar que es inadmisible que en beneficio de la igualdad se anule a la libertad.

El igualitarismo en cuanto a defender la noción de una igual dignidad esencial en toda persona humana es una noción profunda. Pero debe ser tratada sin cierta perspicacia.

Reconocer la misma dignidad en todos, no significa que ello tenga que llevarse hasta aspectos no esenciales. No quiere decir que la dignidad esencial se viole, por ejemplo, con desigualdades en educación, ingresos, u otras facetas en la que la desigualdad es real y seguramente inevitable.

La transformación del igualitarismo es una posición que considera como ideal la igualación material de las personas es una exageración que no hace justicia a la idea original, a la que viola descaradamente alterando el principio de justicia igual para todos.

El riesgo del igualitarismo no es el enfatizar a la igualdad de la dignidad humana, sino el convertir a la igualdad en un criterio único que define a una sociedad justa. Es decir, aplica a la igualdad a todo sin excepción, con lo que termina eliminando a la diversidad, aspirando a la uniformidad y dando entrada a regímenes totalitarios.

Conclusión

La noción de la igualdad humana, en cuanto a su dignidad y valor, es poderosa. Una creencia que da pie a derechos y leyes que tratan a todos por igual en su libertad.

El problema del igualitarismo es el querer llevar a la igualdad más allá de los terrenos morales y legales, para aplicarlos a campos económicos y materiales. Este traslado a otros terrenos es lo que le hace exigir igualdad económica a toda costa, olvidando el respeto que debe a la libertad y la mérito personal.

Quiero apuntar, por último, una costumbre política muy común en la actualidad. El gobernante busca con obsesión desigualdades de cualquier tipo, especialmente no esenciales, y las concibe como indebidas, prometiendo que si es elegido habrá igualdad.

La práctica consistente de esto se convierte en un igualitarismo obsesivo que se destruye a sí mismo porque solo es posible bajo una autoridad totalitaria.



Y algo más solamente…

Debe verse:

Desigualdad auto-producida: efecto de la libertad

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Igualitarismo: el caso de la hormiga versus la cigarra

Las propuestas de políticas sociales que reclaman igualdad como criterio central —y explícita o implícitamente como único— pueden ser mejor entendidas examinando algunas de sus consecuencias, que es lo que me propongo en lo que sigue.

El igualitarismo tendrá problemas con la idea de justicia que pide merecimiento —como el caso del alumno que estudia en contraste con el que no lo hace; del inteligente contra el de menor capacidad; del esforzado contra el perezoso.

Será muy dificultoso justificar que dos personas deban recibir el mismo «premio» cuando una de ellas tiene muchas iniciativas y la otra permanece pasiva.

La fábula

La fábula de la cigarra y la hormiga ejemplifica el problema que apunto — ¿sería justo que alguien buscando la igualdad, quitara a la hormiga los frutos de su trabajo para darlos a la cigarra?

Tendrá problemas de definición de términos, si es que no determina la clase de igualdad a la que pretende llegar —que puede ser moral, legal, material y de otros tipos.

Si la cigarra y la hormiga son iguales ante la moral y la ley, enfrentarán ellas las consecuencias de sus acciones bajo las mismas normas —pero si quieren que las consecuencias de sus actos sean iguales haciendo cosas diferentes, el problema surge de inmediato.

¿Puede tener la cigarra alimentos en el invierno si no ha trabajado para ello? —y si acaso se dice que debe tenerlos, entonces sale a la superficie una situación muy compleja, la de cómo obtenerlos, a quién retirarlos, quién lo realiza.

Tendrá problemas que los economistas llaman de incentivos, pues si todos deben llegar a las mismas condiciones materiales con independencia de sus acciones, los estímulos así creados premian la inacción.

Si se obtiene la misma calificación estudiando o sin estudiar, será preferible no hacerlo. Si la hormiga que ha trabajado recibe igual cantidad de alimentos que la cigarra sin trabajar, es obvio que la hormiga se unirá a la diversión y el ocio de la cigarra en el verano.

El igualitarismo tendrá problemas al manejar el concepto de la naturaleza humana, una combinación embrollada de esencia y accidentes que complica la realidad.

Los accidentes de la naturaleza humana, sus facetas no esenciales que enriquecen al género humano, tendrían que ser anuladas en las consecuencias que ellas tienen.

El enorme talento de algún científico o de algún músico tendría que desaparecer porque esas diferencias producirán desigualdad —como la de la extraordinaria habilidad de un futbolista que gana mucho.

La igualdad, cuando no se matiza, condiciona y limita, con facilidad lleva a intenciones que queriendo o no suponen como buena a la carencia de diferencias enriquecedoras para todos —los talentos únicos de unos usualmente se difunden en beneficio del resto.

La cigarra, tal vez, podría haberse esforzado desarrollando una carrera como cantante recibiendo pagos por sus conciertos —con la hormiga pagando por asistir a ellos.

Por tanto

Lo que quise hacer es apuntar algunos de los peligros más claros que se presentan con las mentalidades que ponen atención única en la igualdad humana —una falla importante de merma analítica que deja de considerar la complejidad del tema.

Peligros que equivocan a la naturaleza humana, descuidan consecuencias, fomentan irresponsabilidad y violan normas elementales de justicia —y presentes siempre por causa del olvido de otras cuestiones igual o más importantes.

El problema está claramente localizado en una ofuscación que produce una monomanía analítica más propia de activismos extravagantes que de enfoques racionales —y puede remediarse añadiendo consideraciones más allá de la sola igualdad.

No creo que situaciones extremas de desigualdad material deban ser ignoradas, pero sí creo que en lo general son mal diagnosticadas al confundir pobreza con desigualdad —que no son lo mismo.

Finalmente creo pertinente recordar que cuando los deseos de igualdad cierran la mente a otras ideas, se abre la puerta a la peor desigualdad en la que puede pensarse, la del totalitarismo.

Para hacer iguales a la cigarra y a la hormiga tendrá que presentarse otro, con el poder suficiente como para anular cualquier diferencia entre ellas —por ejemplo, prohibiendo a las cigarras que canten ya que las hormigas no pueden hacerlo.

Considérese la obra de Kurt Vonnegut, Harrison Bergeron (1961), en la que en 2081 en los EEUU se garantiza la total igualdad de la gente y para que todos lo sean, el gobierno crea dispositivos para que los más capaces no puedan aprovecharse de sus habilidades.

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[La columna fue revisada en 2020-07]