¿Qué es un precio? La idea común de ser un simple desembolso de dinero, a la idea de ser un punto de coincidencia y acuerdo que permite la transferencia de propiedad o derecho de uso.

Definición de precio

La definición de precio da a veces la impresión de ser un secreto. La realidad es que saber qué es un precio ayuda como pocas cosas para entender a la Economía.

Una buena definición es esta:

«El precio es el encuentro dialogado entre oferta y demanda. El vendedor “dice” su valuación y yo “digo” la mía, ya regateando, ya diciendo si lo voy a comprar o no. De este diálogo multiplicado ad infinitum surge el precio, esto es el resultado del encuentro dialogado entre oferta y demanda». Gabriel J. Zanotti, Principios básicos de Economía Austriaca

Más tradicional, es esta otra definición:

«Precio, del latín pretĭum, es el valor monetario que se le asigna a algo. Todos los productos y servicios que se ofrecen en el mercado tienen un precio, que es el dinero que el comprador o cliente debe abonar para concretar la operación». definicion.de

Si se trata de un productor tratando de vender sus productos, el precio tiene un significado de marketing:

«Para Philip Kotler y Gary Armstrong, autores del libro “Fundamentos de Marketing”, el precio es “(en el sentido más estricto) la cantidad de dinero que se cobra por un producto o servicio. En términos más amplios, el precio es la suma de los valores que los consumidores dan a cambio de los beneficios de tener o usar el producto o servicio”». promonegocios.net

Precio, significado y precisiones

Idea general y común

La idea central de precio es la de una cantidad de dinero que se intercambia por un bien o servicio. Esta es la definición popular y obvia.

Lo que cualquier persona tiene que sacar de su bolsillo para ser propietario de un bien. O para hacer uso de él durante un tiempo.

Precio, una coincidencia entre dos

Esa cantidad de dinero, en realidad, muestra una coincidencia de valuaciones del vendedor y del comprador. Es un acuerdo sobre el valor del bien o servicio.

La simplicidad de la definición es engañosa, por causa de una palabra vital “valuación” de esas dos personas en un momento concreto.

Esto significa que los precios se moverán hacia arriba y hacia abajo, dependiendo de esa valuación personal doble en una situación concreta y momentánea.

Los precios se mueven

Si existe abundancia del bien, los precios tenderán a ser más bajos que cuando exista escasez.

Si la valuación del vendedor es baja, como cuando quiere deshacerse de inventarios, los precios tenderán a reducirse. Si la valuación del comprador es alta, los precios tenderán a subir.

Los precios se mueven y esa es su naturaleza. Eso significa que se ajustan a las evaluaciones que hacen las personas de sus propias necesidades bajo las circunstancias que ellas perciben.

Si el precio es «el encuentro dialogado» entre comprador y vendedor, él es en realidad una conversación dinámica que se acomoda a valuaciones personales.

Resultado de valuaciones subjetivas

Se mueven porque las valuaciones personales cambian, es decir, lo que las personas opinan es la causa de los cambios.

Billones de ellas, actuando como compradores y como vendedores ocasionan los cambios en los precios. Todo porque cada uno tiene valuaciones subjetivas cambiantes y circunstanciales.

Se forman mercados

Es un proceso en el que las personas actúan individualmente realizando valuaciones de bienes y servicios que llevan a intercambios que forman precios.

De lo anterior se intuye que el precio no es fijado ni establecido por nadie en particular.

Esto va en contra del clisé común que supone que el precio es establecido por el vendedor a su entero capricho obligando al comprador a comprar a ese precio. Ni siquiera sucede eso exactamente en casos de monopolio.

Los precios se establecen de manera espontánea por medio de acciones voluntarias entre compradores y vendedores, lo que puede verse muy bien en el caso de un mercado libre.

En él que varios vendedores en competencia y muchos compradores.

Los precios son información

La información que forman los precios en un mercado espontáneo está desperdigada entre compradores y vendedores. Yo existe en ningún otro lugar que en sus mentes, en porciones distintas y parciales.

En realidad, toda la información que ha formado a los precios no puede ser centralizada en lugar alguno (mucho menos mantenida al minuto).

Los precios solamente pueden existir como tales en un mercado espontáneo que permita a las personas hacer valuaciones y realizarlas en intercambios libres y sin interferencia de terceros.

Y una cosa más…

Un caso fascinante de formación de precios es el de la Reventa de Boletos. La formación libre de precios en el mercado es algo tan obvio que pocos lo pueden ver.

Bonus track: el descubrimiento de los precios, hace muchos siglos.

La visión de los precios

La comprensión del concepto y la naturaleza del precio puede ser mostrada en las citas siguientes, muchas de ellas anteriores al nacimiento de la ciencia económica.

En El arte de la guerra de, escrito siglos antes de la Era Cristiana, su autor Sun Tzu escribió esta observación disponible a todos:

«Donde se reúnen las tropas el precio de todo bien sube porque todos codician las grandes ganancias que pueden tenerse».

Otra obra, El buscón, de 1626, donde Francisco de Quevedo escribió la observación de un comerciante, algo derivado de la experiencia diaria y los efectos de la competencia:

«Para cada cosa tenía su precio, aunque como había otras tiendas, porque acudiesen a la mía, hacía barato».

Cien años después, en La fábula de las abejas (1724), Mandeville escribió algo que intuye un mecanismo invisible de ajuste:

«La proporción de la cantidad de trabajos se encuentra a sí misma y nunca es mejor mantenida que cuando nadie se ocupa de ella o la interfiere».

S. Pufendorf en On the duty of man and citizen according to natural law, de 1682, escribió:

«Porque una escasez de compradores y dinero…, aunado a una abundancia de bienes, reduce el precio. En contraste, una superabundancia de compradores, una amplia oferta de dinero y escasez de bienes, aumenta el precio».

Es el producto de la aguda observación de la realidad: los precios suben y bajan y eso tiene sus causas, que en las citas anteriores van viéndose con mayor claridad cada vez.

Tomemos, por ejemplo, a un irlandés-francés de hace ya tiempo, Richard Cantillon (1680?-1734) y su célebre Ensayo sobre la naturaleza del comercio en general.

Fue publicado en 1755. No es algo que sea precisamente nuevo. Al final de la segunda parte, Cantillon escribió algo que es fascinante en dos sentidos:

«Si el Príncipe o el Administrador de un Estado desea regular por ley la tasa actual de interés, la regulación debe fijarla sobre la base de la tasa actual de mercado en su nivel alto, o a su alrededor. De otra manera, la ley será inútil, porque las partes contratantes, obedientes a la fuerza de la competencia o al precio actual determinado por la proporción de prestamistas y prestatarios, harán negociaciones secretas y esta limitación legal sólo avergonzará al comercio y elevará la tasa de interés en vez de determinarla».

Aún más observaciones sobre los precios

Vámonos a Venecia, en el siglo 16. Y en esa ciudad compremos un libro, uno llamado Opera omnia. Estamos ya a muy finales de ese siglo, en 1591, y el libro es una publicación reciente.

Su autor es un tipo conocido, lo conocemos ahora como San Bernardino de Siena. Inteligente que era, escribió lo siguiente.

«El agua es usualmente barata donde abunda. Pero puede suceder que en una montaña o en otro lugar, el agua sea escasa, no abundante. Puede muy bien suceder que el agua sea más altamente apreciada que el oro porque en en ese lugar el oro abunde más que el agua».

Recuerde el año, 1591. El libro de Adam Smith llegó casi dos siglos después, en 1776.

Es realmente asombroso. Tanto que ha sido dicho con frecuencia que el nacimiento de la Economía realmente tuvo lugar en esos tiempos, en las mentes del grupo que ahora se llama Escolásticos Tardíos, principalmente españoles.

Fueron estos hombres quienes pensaron que el precio justo de un bien era el determinado por la estimación de ese bien en un cierto lugar y que podía variar de un lugar a otro. Lo afectan cosas como la disponibilidad del bien.

Otro de esos tipos, unos años más tarde, en 1632, escribió que,

«El valor que nace de la abundancia… o falta de mercancía, es extrínseco a la mercancía. Solo varía su precio por medio de la estimación común».

El que dijo esto se llamaba Henrique de Villalobos y lo puso en un libro con un título somnífero, Summa de la Theología Moral y Canónica.

La realidad es que esos tipos eran observadores muy agudos de la realidad. Todos fueron sacerdotes. Esta idea es notable porque va en contra de lo que vino después, cuando se dijo que el valor de las cosas dependía del trabajo que había sido necesario para producirlas.

Es impresionante encontrar que en esos tiempos se escribió que,

«Cuando Pedro vende trigo, el comprador no necesita tomar en cuenta el dinero que Pedro gastó ni tampoco su trabajo, sino entonces la estimación común de los que vale el trigo».

Eso lo escribió Francisco de Vitoria, en De justitia.

Y unas cosas más

Las citas de los escolásticos tardíos están en de Chafuén, A. A. (1986). Christians for freedom : late-scholastic economics. San Francisco: Ignatius Press, capítulo 7. Realmente vale la pena, pero está agotado.

El lector puede entonces ver otro del mismo autor, muy similar : Faith and Liberty: The Economic Thought of the Late Scholastics (Studies in Ethics and Economics).

Para terminar, algo curioso:

«Tal vez la mejor idea del costo alocado de las especias se puede formar recordando que en el siglo XI de nuestra época la pimienta, que permanece sin vigilancia en todas las mesas de los restaurantes y se esparce casi tan libremente como la arena, fue contada por grano por grano, y ciertamente valió su peso en plata». Zweig, Stefan. Magellan: Conqueror of the Seas (Kindle Locations 263-266). Plunkett Lake Press. Mi traducción.

Conviene ver alguna de estas columnas: