Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
¿Qué Quiere Usted?
Eduardo García Gaspar
27 mayo 2015
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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«En noviembre y diciembre vamos a garantizar navidades felices para todo nuestro pueblo». Nicolás Maduro.

Es parte del ciclo político. La parte más exaltada, la menos esencial.

La que menos se piensa, la que más se grita. La más hablada, la menos examinada.

Es la parte de las elecciones. Esas en la que los candidatos se comportan como productos de consumo, prometiendo lo imposible usando dinero que no tienen.

Creo que el tema merece una segunda opinión. Seguramente debíamos comprender a las elecciones de otra manera, más pausada, menos febril. O, mejor dicho, menos superficial.

Lo que en una elección se juega, mucho me temo, va más allá de eslóganes de campaña, de promesas de cambio y de simpatías personales.

Un editorial del WSJ lo resumió muy bien (Allan H. Weltzer, “A Welfare State or a Start-Up Nation?”, 15 junio 2015):

«El por quién vote usted en la siguiente elección estará principalmente determinado dependiendo de su respuesta a la siguiente pregunta: ¿debemos promover el uso más productivo de los recursos o el mayor gasto de bienestar social? Los impuestos más altos para financiar un estado de bienestar más grande significan una mayor proporción de los recursos nacionales para pagar el sistema Medicare que todo el mundo reconoce como caro e ineficiente. Una mayor reducción del gasto, especialmente de Medicare y Medicaid, permite un uso más productivo de los recursos para el crecimiento».

Muy bien, eso es para los EEUU, pero en esencia la disyuntiva se ha vuelto universal.

Si usted dejara fuera todas las variables triviales de las elecciones, su voto estaría decidido por las ideas que usted tiene (o debía tener). Y esas ideas se manifestarán en las elecciones: votar por el crecimiento del gobierno o por la libertad del ciudadano.

Esa es la esencia de la decisión electoral de cualquier ciudadano en una elección. ¿Quiere usted más gobierno o quiere menos?

A eso se reduce la decisión de voto una vez que nos deshacemos de lo irrelevante de los discursos, las anécdotas, las promesas y los ataques de campaña.

Por supuesto, eso que es tan simple se complica en la realidad. El primero de los enredos es nuestra tendencia muy humana a perdernos en lo baladí.

Ponemos atención en casi todo antes de ver ese fondo de nuestra decisión: más gobierno o menos. Lo banal actúa como una nube que oscurece nuestra vista.

Hay otro enredo que obstaculiza ver la esencia de la decisión de voto y es la tendencia de todo candidato en campaña a convertirse en un terapeuta solucionador de problemas personales.

Se vuelven generadores de promesas que pretenden hacernos felices desde que nacemos hasta que morimos y eso, por alguna extraña razón, gusta a demasiados.

El problema es que el gobernante/terapeuta social significa algo que no se ve con claridad: más gobierno, más impuestos, más leyes, más intromisión en nuestras vidas y, desde luego, más corrupción y más desperdicio de recursos.

Peor aún, este terapeuta que promete hacernos felices recibe elogios. “Tiene gran sensibilidad social y le preocupa el pueblo”, se dice.

Las cosas se agravan con otra realidad: no hay o son muy escasos los candidatos que prometen mejor uso de recursos, mayor libertad, menos gobierno. Esto hace que quienes queremos menos gobierno tengamos que votar por el que promueve un gobierno grande, pero no tan grande como el resto.

Es decir, en otras palabras, el espectro político en México y en muchas otras partes de este continente y otros, está notablemente sesgado a candidatos que quieren más gobierno y no menos.

No hay realmente partidos grandes de corte liberal. En México, por ejemplo, el menos gobiernista es el PAN pero es claramente uno que quiere hacer crecer al gobierno.

Finalmente, el enrevesamiento en la decisión de voto entre más gobierno o menos tiene otra causa: la imposibilidad mental de asociar al crecimiento gubernamental con la pérdida de libertades y la falta de progreso.

Me parece digno de estudiar cómo es que personas que desconfían de partidos, diputados, gobernantes, votan por candidatos que quieren que el gobierno sea mayor y tenga más poder.

Entiendo que muchos de ellos viven del gobierno, directa o indirectamente, y que participen en la compra-venta de votos. Los vendedores ambulantes, por ejemplo, en la Ciudad de México, son ese tipo de personas que venden su voto a cambio de permisos y favores.

Lo entiendo, pero no lo justifico. Me parece repulsivo que lo hagan y, peor aún, creo, pueden contarse por cientos de miles en todo el país.

En fin, la esencia de su decisión de voto es simple, ¿quiere usted o no quiere tener un gobierno más grande? ¿Quiere que cada vez ese gobierno administre más recursos o menos? Eso es todo y usted decide.

Post Scriptum

El comportamiento terapéutico del gobernante se ilustra bien en este video (2:37):

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