Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Quizá No Falten Valores
Eduardo García Gaspar
21 septiembre 2015
Sección: CRIMEN, ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La idea es simple. Tan simple que puede parecer obvia.

Y lo obvio tiene la característica de pasar desapercibido, especialmente cuando se tiene un modo estándar de ver y de pensar.

Piense usted en una posibilidad.

El modo estándar de comprender el problema es el de plantear una situación. El problema ha sido planteado como una “pérdida de valores”, como la incapacidad de distinguir entre lo bueno de lo malo.

La situación, definida de esta manera, invita automáticamente a una solución. El remedio de la instrucción que desarrolle la habilidad de las personas para poder hacer esa distinción.

Esto es lo que se persigue en, por ejemplo, los cursos de valores de negocios. Recordar que mentir en los estados financieros es indebido.

No está mal realizar esa instrucción otra vez. Es como recordar de nuevo a las personas qué hay ciertas cosas que están mal y otras que están bien. Al menos en apariencia, eso es lo que se ve en la superficie de lo que vivimos.

Lo anterior puede ser puesto en tela de juicio. Aceptemos de momento que el problema no es la incapacidad para distinguir entre lo bueno lo malo. ¿Es posible? Sí, sí es posible.

No es una idea alocada el suponer que la gente sí tiene una cierta capacidad, siquiera mínima que le permite hacer esa distinción.

Tome usted al ejecutivo de finanzas que manipula los estados financieros de una empresa, al gobernante que acepta un cohecho, a quien asalta en la calle. Me parecería una hipótesis extrema el suponer que ninguno de ellos sea capaz de reconocer que su conducta es indebida.

Si lo anterior es cierto, entonces la solución a eso que se diagnosticó como “ausencia de valores”, no es la adecuada, al menos no totalmente. El remedio no está absolutamente concentrado en capacitar a la gente para que distinga lo bueno de lo malo. En realidad ya lo puede hacer, aunque sea de una manera primitiva.

Volvamos con ese gobernante corrupto, para preguntarle si acaso no sabe que su conducta es indebida. El simple hecho de que la oculte es prueba de que lo sabe. Tiene conciencia de lo bueno y de lo malo. Entonces, el problema es de otro tipo. Puede y debe plantearse de otra manera.

Tal vez pueda tenerse un mejor diagnóstico de la situación cuando nos preguntemos la razón por la que algunos realizan actos a pesar de saber que esos actos son indebidos, reprobables. Obligarlos a asistir a un curso de valores podría ser de provecho sólo hasta cierto punto.

No sería un total desperdicio recordarles eso que ya saben. Sin embargo, este curso recordatorio de valores no resolvería el problema de fondo: la razón por la que se realiza una conducta que uno mismo sabe que es mala e indebida.

Lo que creo que bien vale una segunda opinión es dar ese giro al problema que ha sido diagnosticado como “falta de valores”. Bien puede ser que esa ausencia de valores no exista en la mente, y que el problema sea realmente otro: el porqué se hace algo sabiendo que no debe hacerse.

Esta forma de plantear el problema, lo creo sinceramente, es más realista. La inmensa mayoría tenemos algo que se llama conciencia y que por defectuosa que sea, nos llama la atención cuando hacemos algo indebido. Pero además, esta es la manera en la que se nos plantea la vida entera.

Nuestra vida no es un escenario en el que unos son totalmente malos y otros son totalmente buenos. Es más bien un escenario en el que todos tenemos una idea sobre lo bueno lo malo, en el que la gran mayoría realizan actos malvados ocasionales dándose cuenta de ello. Una minoría es la que los realiza consistentemente, sabiendo que eso es indebido (una minoría que se vuelven problemática cuando crece más allá de cierto punto).

En fin, todo lo que querido hacer es proponer una idea sencilla. Una idea para cambiar el eje de una conversación muy frecuente.

Me parece que sería fructífero considerar que es posible que el diagnóstico de “falta de valores” no sea tan acertado como nos lo puede parecer.

Que tal vez, ganemos algo si hacemos otra pregunta. La pregunta de por qué solemos actuar de cierta manera sabiendo que eso es indebido, moralmente reprobable. Intentar contestar esta pregunta nos podría dar avenidas prometedoras para al menos comprender mejor eso de lo que tanto nos quejamos en nuestros días.

Post Scriptum

Lo anterior me lleva para añadir otra consideración. Una que puede ser bien expresada en términos cristianos: todos somos pecadores, todos cometemos actos indebidos. La diferencia está entre quienes sabiendo eso tratan de corregirse y quienes también sabiéndolo no intentan esa corrección.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras