Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Religión, Defensa Liberal
Eduardo García Gaspar
17 marzo 2015
Sección: RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
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Es una idea desprestigiada. Es vista con desprecio. androjo

Abandonarla, más aún, es signo de avance y de progreso. O, al menos, eso es lo que comúnmente se piensa.

Es parte del pensamiento estándar de nuestros tiempos.

Me refiero a pensar que abandonar la idea de Dios es de dejar atrás una superstición.

Entro al tema directamente: las consecuencias de la negación de la existencia de Dios. Los efectos que tiene en la vida de las sociedades actuales el abandono de la idea de un Ser Superior.

No importa ser creyente o no serlo, eso no importa para reconocer que dejar de creer en Dios tiene consecuencias.

Eso es precisamente lo que quiero tratar aquí, sabiendo que hacerlo causará escepticismo en muchos. Pensarán ellos que las consecuencias de abandonar a la idea de Dios son positivas. Yo creo lo contrario y eso es lo que intento explicar a continuación.

Comienzo por algo que me parece irrefutable. Lo explicó esquemáticamente.

En tiempos anteriores, la idea de Dios dominaba la vida, o al menos era un enorme factor de influencia en la sociedad occidental. En la actualidad, la idea de Dios ha dejado de ser un factor tan dominante como lo era antes.

Es lógico y natural que se produzcan cambios. Diferencias entre las sociedades anteriores y las actuales que tienen su origen en esa causa.

Creo que las consecuencias del abandono de la idea de Dios son negativas. Lo creo porque es un asunto de autoridad moral, de alta autoridad.

Cuando se acepta la idea de Dios, también se le reconoce como la fuente y el origen de una moral superior. Los preceptos básicos que de ahí emergen serán los que dominen a la vida y a las instituciones de la sociedad.

Esto tiene un efecto muy sano. En la práctica se convierte en un control externo sobre lo que puede y no puede hacerse, sobre lo que debe y no debe hacerse. Es una fuerte limitación al poder personal, pero sobre todo al poder gubernamental.

En palabras prácticas, la idea de Dios y sus mandatos morales constituye un freno al abuso del poder político.

Por tanto, si se retira la idea de Dios, también se retira a esa fuerza que limita el poder estatal. Ese poder quedaría ahora libre de ataduras morales. No tendría ya un contrapeso que pueda ser utilizado por el ciudadano. Éste quedará indefenso frente al poder estatal.

Claramente el abandono de la idea de Dios tiene otros efectos, pero aquí solo me concentro en la consecuencia de una transformación de la situación política.

Con Dios y su moral, el ciudadano tiene una defensa fuerte y externa frente a los abusos gubernamentales. Sin Dios, el ciudadano queda a merced de la voluntad del gobernante.

Esto que estoy proponiendo, es una idea que pone de cabeza a la creencia de que el abandono de Dios es un avance humano. Creo que es todo lo contrario.

Es un retraso hacia los tiempos de gobiernos con poderes desmedidos. Esos viejos tiempos en los que la idea de una persona digna y con libertades era impensable.

Entiendo que entre los socialistas y a los progresistas sea popular la idea de que abandonar la noción de Dios constituya un avance social.

La noción de Dios es para ellos un fastidio porque impide el crecimiento de los grandes gobiernos que ellos proponen. La idea de un poder moral independiente del Estado es una gran molestia para ellos.

Entre los liberales, en cambio, hay muchos que también consideran que la idea de la creencia en Dios es algo que conviene abandonar. Creo que se equivocan porque la idea de Dios es una de las más grandes ayudas que ellos pueden recibir para evitar el crecimiento desmedido del poder estatal.

Una buena forma de expresar esto, es lo que escribió William Buckley Jr (1925-2008)

“Creo que el duelo entre el Cristianismo y el ateísmo es el más más importante en el mundo. Más aún, creo que en la lucha entre el individualismo y el colectivismo es esa misma lucha que se reproduce en otro nivel”.

La idea que propongo causará sorpresa, especialmente entre los liberales. Hace de la religión un aliado no esperado de los defensores de las libertades.

Si ellos defienden a las libertades, resultaría un absurdo que no defendieran también a la libertad de creencia religiosa. Y si la defienden, sería también absurdo que pensaran que abandonar a la idea de Dios constituyera un avance.

Recordemos, finalmente, que la idea de una persona digna y valiosa en sí misma tiene un origen cristiano. Abandonar a la idea de Dios, por tanto, sería debilitar esa noción de una persona digna y valiosa en sí misma, que es anterior al gobierno cuyos abusos no debe sufrir.

Post Scriptum

La cita es de la obra de William Buckley Jr, (2002). God & Man At Yale (Fiftieth Anniversary Edition Ed.). Regnery Publishing.

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