Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Rumbo al Carácter
Selección de ContraPeso.info
29 junio 2015
Sección: RELIGION, Sección: Asuntos
Catalogado en: , ,


ContraPeso.info presenta una idea de Elise Hilton. Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de publicación. El título original de la columna es On the Road to Character – Finding Sin and Grace Along the Way.

El nuevo libro del escritor del New York Times, David Brooks, On the Road to Character, examina lo que se requiere para crear una vida virtuosa. La pregunta central del autor: ¿una persona de carácter se enfoca solamente a la construcción de las fortalezas propias, o confronta ella sus debilidades y las mejora?

Es un tópico interesante para un hombre que se gana la vida escribiendo columnas concisas, a veces políticas, en un periódico muy secular. Aunque Brooks es judío, un cristiano se sentirá muy cómodo con su lenguaje y motivos. Y, al final, el libro no trata simplemente sobre el carácter, sino acerca del pecado, la gracia y la salvación.

No es esta una interpretación. El mismo Brooks lo refleja, «Para ser honesto, lo escribí para salvar a mi propia alma».

Mientras que el principio del libro habla de logro profesional y de lo que se necesita para tener éxito en el campo de acción de uno, los temas secundarios del libro, de gozo, amor y redención, lo hacen más que un libro de auto ayuda o una guía para el éxito. En realidad, se lee decididamente como un trabajo religioso.

Los capítulos están titulados con temas como lucha, auto conquista y amor ordenado. En cada uno él usa uno o dos personas para ilustrar el tema. Estos son todos gente muy conocida — como Dorothy Day y Dwight D. Eisenhower— pero no hay pedestales.

Brooks es claro y todos sus ejemplos tienen pies de barro. Lucharon ellos poderosamente contra sus demonios internos, sus fallas… su pecado. Brooks quiere que los lectores sepan debemos encontrar aliento en la perseverancia de esa gente y no enfocarnos (demasiado) en sus faltas.

Para una católica como yo, esto suena mucho a la comunión de los santos. Los católicos creen que los humanos —a pesar de su naturaleza pecadora y defectuosa— pueden lograr la última meta: habitar eternamente en la presencia de Dios. Desde luego, esta gente con defectos hace esto optando por una lucha vitalicia contra su propio pecado y por la gracia de Dios.

En una entrevista con Catholic News Agency, Brooks menciona el conocer al “locamente alegre” monseñor Ray East, un sacerdote de un barrio pobre en Washington. Brooks dice que a pesar del éxito en su carrera, no tuvo él lo que monseñor: alegría. ¿Cómo se puede alcanzar eso? Su libro, The Road to Character, es el intento de Brooks para dar respuesta a esa pregunta.

El libro no está exento de fallas. El tratamiento que hace del amor es embrollado (tiene dos capítulos, uno titulado “Amor” y otro titulado “Amor ordenado”).

En el primero, Brooks se enfoca en el autor George Eliot, de nacimiento Mary Ann Evans en 1819, en Inglaterra. Eliot tiene hambre de afecto —que no es lo mismo que amor. Ella quiere ser admirada —que no es lo mismo que ser amada. Al final, ella encuentra en George Lewes, un compañero de vida, un hombre casado que tuvo un “matrimonio abierto”.

Eventualmente Eliot da la espalda a su educación cristiana y a las normas de la sociedad decidiendo vivir con Lewes e insistiendo en ser llamada “Señora Lewes” aunque jamás se casaron. Brooks describe al amor en este capítulo como estando «fuera de control», «primordial» y algo que no podemos «planear, programar, ni determinar».

Aunque esta interpretación es bastante común, ella es en mi opinión, juvenil y romántica. Desde este punto de vista, el amor es una carga emocional que dice «quiero lo que quiero y al diablo con los demás». Busca la satisfacción propia y de nadie más. Argumentaría yo que no es amor sino egoísmo disfrazado del amor.

En la sección siguiente, “Amor ordenado”, Brooks se acerca más al punto. Examina aquí la vida de San Agustín, un hombre de apetito lujurioso. Agustín se da cuenta que buscar la realización de los deseos primordiales por medio de correrías sexuales no es suficiente. Brooks lo pone en la siguiente manera:

«Dejados a nosotros mismos, a menudo deseamos las cosas equivocadas. Si las encontramos en las charolas del postre o en los bares de horas avanzadas, no importa, sabemos que debemos escoger una cosa pero terminamos optando por otra. Como dice la Biblia en la carta a los romanos, “Y así, no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero”».

Agustín aprendió que el amor no estaba fuera de control, ni desperdigado ni era libertino. El amor es en última instancia una decisión, un acto de voluntad: decido actuar en el mejor interés del otro. Un padre es un buen ejemplo: escojo lo que es mejor para mi hijo y no lo que yo quiero. Y elijo a mi hijo una y otra vez hasta que sea responsable por sí mismo. Y incluso entonces, elijo a mi hijo porque amo a mi hijo.

El capítulo final es uno religioso. Brooks dice «somos al final salvados por la gracia». Los humanos tienen vaivenes en su camino hacia Dios, luchando para superar obstáculos y a sus propias pasiones. Es el tropezar, junto con la gracia de Dios, lo que lleva a nuestra alegría:

«La alegría no la produce la admiración de otros. La alegría emana inesperada y espontáneamente. La alegría viene como un don cuando menos lo esperas. En esos momentos fugaces que sabes por qué has sido puesto aquí y cuál es la verdad a la que sirves».

No son éstas las palabras de un hombre enfocado meramente a la formación de carácter, al éxito financiero, ni a la fama. Estas son las palabras de un hombre descubriendo a Dios.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras