Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Secularización Moderna
Eduardo García Gaspar
10 septiembre 2015
Sección: RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión, SOCIEDAD
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Es uno de los fenómenos de nuestros tiempos. Quizá el rasgo que más describe lo que sucede en estos días.

Ha recibido varios nombres. Lo han llamado secularismo, secularización, laicismo y otros más. Describe la pérdida del sentido de Dios, el abandono de la idea del Cristianismo en Occidente.

Parecería una postura imposible el tratar de negarlo. Es francamente cierto. Nuestros tiempos no son cristianos en el sentido en el que lo eran no hace mucho.

La primera constitución de México independiente contiene fuertes elementos religiosos. Lo mismo en la declaración de independencia de los EEUU.

Antes de eso, era obvio que la religión en Occidente era un elemento presente en la vida diaria de las personas. No más. Nuestros días no contienen ya ese elemento y esto es lo que los hace profundamente distintos a todo tiempo anterior cuando la religión era parte sustancial de la vida social.

Es una posición muy razonable y real el afirmar que estos son días especiales, únicos y diferentes de todo tiempo pasado, al menos en Occidente. Nuestras circunstancias son nuevas en este sentido y eso tiene repercusiones profundas en nuestras vidas. Nuestra sociedad no es igual a ninguna en el pasado.

Un ejemplo ilustra esto. San Pablo entre los romanos les habla del altar al dios desconocido y se los hace conocer, se llama Jesucristo. Si san Pablo estuviera en nuestros días, no encontraría ese altar al dios desconocido y tampoco encontraría inclinación religiosa como entre los romanos.

San Pablo tendría que predicar en un ambiente en el que no existe religiosidad. En el que hay poca o nula noción de trascendencia humana, esa noción de realidad más allá de lo que vemos y que genera ideas de inmortalidad, divinidad, de lo sobrenatural. La trascendencia humana es algo en lo que simplemente no se piensa. Ha sido puesta de lado. Es un no-tema.

Para san Pablo estos tiempos no serían paganos, en ellos no se adoran dioses equivocados; es que simplemente no existe el concepto de adoración que provocaría el creer en lo sobrenatural. Esto es un elemento de la secularización moderna, tal vez la clave para entenderla correctamente.

Así es descrita, más o menos, la secularización según Charles Taylor ( A Secular Age).

Una sociedad en la que los asuntos de Dios no importan ya; y en la que rige lo que Taylor llama «humanismo exclusivo»: tener sentido en la vida sin necesidad de considerar la existencia de lo sobrenatural, de lo trascendente.

En resumen, nuestros tiempos son muy diferentes a los anteriores, al menos en este sentido. ¿Consecuencias? En extremo difícil de ser específico al respecto, pero de seguro las hay y ellas son considerables. Ignorar la idea de la trascedencia humana debe cambiar las cosas y mucho, muchísimo.

Por ejemplo, la vida del creyente cambia notablemente. Es él ahora alguien que afirma la trascendencia humana en medio de un ambiente dentro del que ese tema es irrelevante. Si antes podían tenerse dudas al respecto, ahora es un tema en el que no se cree. O mejor dicho, simplemente no se considera, está fuera de los temas del día.

El no creyente, por su parte, enfrenta otro problema nada pequeño, el de crear una nueva moral con independencia de los trascendente. Una moral exclusivamente humana, material, sustentada en lo visible, lo terrenal. Si bien la tarea es imposible, ella se intenta.

Los intentos son numerosos y crean una nueva condición de nuestros tiempos, la del menú de opciones para activistas y las alternativas morales variadas para todos.

La consecuencia es ese medio ambiente en el que hay, como nunca antes, alternativas morales. De entre ellas, cada persona selecciona la más conveniente y la cambia cuando quiere.

Ya no existe la dicotomía acostumbrada entre religiosidad y ateísmo. Las opciones se han multiplicado con posibilidades numerosas que funcionan en un medio ambiente en el que las personas viven entre presiones de cada posibilidad que persigue adeptos.

Mi temor, en medio de ese medio ambiente, es el perder la brújula moral de nuestra conducta. Sin ideas claras no será difícil cometer acciones reprobables, creyendo que son buenas (como la legalización del aborto).

En fin, el riesgo de nuestros días es precisamente ese, el de ir a la deriva moral.

Post Scriptum

Un fenómeno extraordinariamente curioso de nuestros días puede verse en la atención fuera de serie que se da al Vaticano. En una interpretación simple, el medio ambiente secularizado indicaría que lo que haga o diga el Papa no pasaría de ser una trivialidad curiosa.

Y, sin embargo, no es así, el Papa recibe una atención inexplicable, especialmente cuando se trata de presionar al Vaticano a cambiar sus preceptos actualizando sus ideas al humanismo exclusivo. Claramente, me parece, el Vaticano es percibido como un apoyo sustancial posible a activismos; por ejemplo, al ambientalismo, a las escuelas económicas, a las ideologías políticas.

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