Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Sentimientos y Emociones
Eduardo García Gaspar
6 octubre 2015
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


El fenómeno es simple. Cualquiera lo entiende. Sin embargo, suele permanecer oculto y eso produce confusiones, conflictos y caos.

Es el asunto de las definiciones variables. Tome usted un caso, el de racismo.

Todos tenemos una idea siquiera vaga de su significado, pero cuando quiere irse al detalle, las cosas se ponen interesantes. La siguiente es una definición real de racismo, alguien la propuso:

«cualquier incidente que es percibido como racista por la víctima o cualquier otra persona»

Es muy diferente a otras, por ejemplo, esta:

«Prejuicio, discriminación, o antagonismo dirigido a alguien de raza diferente sustentado en la creencia de que la raza de uno es superior»

Bastante mejor esta última porque añade especificaciones; tiene menos emoción, más análisis. La primera, en cambio, es realmente mala: deja el veredicto de la acusación en la interpretación subjetiva y sentimental de la supuesta víctima o de un testigo.

El fondo del asunto es la percepción de una persona y si lo que ella capta por medio de los sentidos puede producir un veredicto confiable que sea la verdad o algo muy cercano a ella.

Conozco a una mujer que cualquier contratiempo que tiene lo atribuye a a un sentimiento de discriminación femenina, así sea un levísmo mal trato en el supermercado.

El problema es fascinante porque hay otra variable adicional: solemos acomodar nuestras percepciones a nuestras creencias previas, las interpretamos de manera que se acomoden a las ideas que ya tenemos. Si esa mujer tiene un accidente de tránsito, podrá llegar a pensar que fue un acto de machismo por parte del que chocó el auto de ella.

El punto es obvio: las personas tenderán a sentirse víctimas de discriminación en mayor proporción de lo que lo son en realidad (si es que lo son). Es un problema de emociones y sentimientos puestos por encima de la razón. Un socialista, conocido mío, es un ejemplo fascinante de esto.

Por más que se muestren evidencias de las terribles matanzas de las purgas soviéticas, él no «siente» que sean pruebas de nada que repruebe a ese régimen (y suele usar el clisé útil en extremo de «la historia la escribe el vencedor»).

Un ejemplo extraordinario de lo que trato de decir es la falacia del jugador. Ella ha sido bien definida como un sentimiento:

«La falacia del jugador es la errónea creencia de que un proceso aleatorio se vuelve menos aleatorio y más predecible a medida que se repite. Esto se ve de manera habitual en el juego, por lo que recibe el nombre de falacia. Por ejemplo, una persona jugando craps puede sentir que los dados van a sacar un determinado número, basándose en su fracaso de aciertos después de múltiples tiradas. Esta es una falsa creencia, ya que la posibilidad de que los dados saquen un número es la misma en cada tirada, independientemente de las tiradas anteriores o posteriores».

Es la emoción contra la razón, la emoción contra la realidad. Las personas seleccionan la información que confirma sus ideas y descartan a la que las contradice. Así es que puede «sentirse» que si en una ruleta han salido cinco rojos, el siguiente tiene mayor probabilidad de salir el negro que el rojo.

Llego con eso a lo que creo que es uno de los rasgos de nuestros tiempos, el sentimentalismo podríamos decir.

El predominio de la emoción sobre la razón. Esto es lo que provoca que las percepciones sean tan valoradas, como cuando alguien dice sentirse ofendido por la presencia de un símbolo religioso en la calle, o por un regaño por un trabajo mal hecho interpretado como microagresión.

Finalmente, en el combate a la pobreza creo que este problema de emoción agrava la situación. Es tanto el sentimiento que la pobreza produce que quienes sobre esa base sentimental quieren ayudar a los pobres son capaces de implantar medidas que un análisis más racional no avalaría. Y eso empeora la situación de los pobres.

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