Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Sin Sudor, Sin Lágrimas, Sin Vida
Eduardo García Gaspar
7 octubre 2015
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La idea está extendida. Contrapone términos. Los trata como opuestos.

Es eso de poner de un lado al trabajo, a lo laboral, a los deberes, Y, del otro, al ocio, al descanso y al tiempo libre.

¿Son realmente opuestos? No lo creo.

Hay palabras que se asocian a la idea de trabajo: afán, adversidad, apuro, tarea, estrechez, incomodidad, miseria, penalidad, agotamiento, destajo, penuria, tribulación. Esta esto bien expresado en «tan malo es el trabajo que tienen que pagarte para que lo hagas».

Hay, por su parte, palabras que se asocian a descanso: tiempo libre, esparcimiento, diversión, solaz, holganza. Aunque debo mencionar algunas otras con connotación negativa: pereza, holgazanería, vagancia.

Sirva lo anterior como introducción a una idea de nuestros tiempos, la del equilibrio entre trabajo y vida; donde vida se entiende como tiempo libre. La idea de ese equilibrio fue encontrada en un fenómeno muy reciente de nuestra historia: las horas de trabajo han disminuido.

La realidad es un hallazgo de dos filos: la cantidad de ocio que tenemos. Nuestra productividad es lo que ha permitido eso. Eso, y también ingresos mayores. La cantidad de tiempo libre en la Edad Media, antes y después, hasta la industrialización, la puede imaginar usted. Simplemente no existía el concepto de tiempo libre.

Pero ahora lo tenemos y está en crecimiento. Nuestra expectativa de vida es mayor y existe otra idea nueva, la de la jubilación. Más gente, más años, de tiempo libre, definido como no-trabajo. Más aún, usamos menos tiempo para satisfacer necesidades. Beber leche en la Edad Media significaba ordeñar. Ahora basta con ir al refrigerador.

¿Equilibrio entre trabajo y vida? Así lo expresan. Una mala manera de hacerlo, como si trabajar fuera lo opuesto a vivir. Vivir sin trabajar, mucho me temo, sea tener una vida hueca, sin mucho sentido. Y es que hay algo en el trabajo que suele pasarse por alto.

Es fácil ver la superficie del trabajo: esfuerzo, contrariedades, frustración, fracaso, sudor, adversidad. Aunque no debe olvidarse que en él también hay alegrías, logros, éxitos, satisfacciones. Una mezcla muy humana, muy agridulce. Esto es fácil de ver.

Lo que puede pasarse por alto es el contenido moral que existe en el trabajo. Hay en él enseñanzas y aprendizaje, valoración de disciplina, recompensa al esfuerzo, premios a la incomodidad. No se detiene allí, pues el trabajo significa producir y eso cambia las cosas.

Las cambia radicalmente. Trabajando se produce para dos, siempre para dos. El que trabaja obtiene ingresos, medios de vida. Con una adición importante, se trabaja también para otros, aunque no se quiera. El albañil que trabaja para vivir lo hace sirviendo a otros, aunque no le sean simpáticos.

Otra cosa: la satisfacción personal que produce el trabajo, eso que quizá sea lo que los economistas llaman ingresos no-monetarios. Sin duda, muchas personas echarían de menos esto al dejar de trabajar, extrañar el ser productivos y valerse por sí mismos.

En fin, mi punto es que la idea de contraponer al trabajo con el vivir es al menos desafortunado. ¡Como si trabajar fuera dejar de vivir! (Por supuesto, debe hacerse explícito el síndrome del trabajólico, usualmente manifestado en el abandono de deberes familiares y que es un extremo indebido).

El asunto es serio. Hay una propuesta, por ejemplo, para reducir las horas semanales trabajadas a 21, lo que “ayudaría a romper el hábito de vivir para trabajar, trabajar para ganar y ganar para consumir”.

Se me ocurre otra idea, más simple: dejar que cada persona decida lo que quiera hacer sin que el gobierno entre a decirle cuántas horas debe trabajar. Déjelos que ellos decidan, que realicen sus ideas propias sin necesidad de dar al gobierno ahora el poder para detener el trabajo.

Y es que si el trabajo es visto como opuesto a la vida, ella dejaría de tener ese componente moral complejo que está compuesto por el aprendizaje del fracaso, la satisfacción del éxito, la dificultad de la disciplina, el esfuerzo del estudio.

Y, lo peor, dejaríamos de ponernos al servicio de los demás, volviéndonos tal vez irresponsables que solo buscan divertirse en el tiempo libre.

Hace tiempo, un amigo me regaló una placa en un cuadro, con esta leyenda:

«El maestro en el arte de la vida no distingue mucho entre su trabajo y su juego, su trabajo y su ocio, su mente y su cuerpo, su educación y su recreación. Apenas distingue cuál es cuál. Simplemente, percibe la visión de la excelencia en todo lo que hace, dejando que otros decidan si él está jugando o trabajando. A sus propios ojos, él siempre está haciendo las dos cosas».

En fin, todo lo que he querido hacer es prevenir al lector de un mal concepto, el de balance vida-trabajo. Parte de una premisa errónea.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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