Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Sistemas Políticos y Ciudadanos
Eduardo García Gaspar
18 marzo 2015
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es el origen de discusiones sin fin. De peleas, conflictos. androjo

De violencia y revoluciones. Me refiero a los desacuerdos sobre qué sistema político es el mejor.

¿Cuál de todos esos regímenes es el superior, el que debe implantarse?

La respuesta universal, hasta ahora, es la democracia.

Muy bien, pero esa respuesta es muy vaga. Demasiado etérea para ser de utilidad concreta.

Además, hay demasiadas versiones de ella, demasiadas variaciones y disfraces. Una idea de I. Kristol (1920-2009) resulta aplicable aquí. Es realmente algo original.

Según él, la única manera auténtica de evaluar a los sistemas políticos y económicos, incluso a todo conjunto de instituciones sociales, es el tipo de personas que ellos crean. La clase de personas que producen los distintos sistemas políticos y económicos.

Esto, por supuesto, presupone una cierta idea, siquiera aproximada de lo que constituye a una persona buena, ésa que debe ayudar a crear el sistema social adoptado. Un tema complejo y demasiado largo para ser tratado aquí. Sin embargo, algunas ideas pueden apuntarse.

Un tipo de sistema social parte de la idea de ser un instrumento de ayudas a los ciudadanos; una especie de reparto de beneficios que cubran necesidades materiales, especialmente entre los más necesitados de protección. Es la virtud compasiva llevada a su expresión gubernamental.

En estos sistemas, gobiernos y leyes quieren lograr un tipo de ciudadano, el ciudadano feliz, definido como uno que tiene satisfechas sus necesidades materiales, al menos las más básicas, por medios estatales.

El ciudadano concebido y creado, en este sistema, es un objeto de atención y cuidado estatal. La satisfacción de sus necesidades constituye la más alta meta política. Este es el tipo de persona que quiere crearse en estos sistemas, una satisfecha en las más necesidades posibles.

Eso es lo que, se supone, elevará a la persona integralmente. La satisfacción material tendrá un efecto positivo en la moral humana. Esto es lo que está oculto en la ideas de que es la pobreza la causa central de la criminalidad. Satisfaga usted las necesidades del pobre y la criminalidad desaparecerá.

Que eso suceda, me parece, es una expectativa no comprobada. Supondría que quien tiene todas sus necesidades satisfechas tendría un comportamiento humano ideal, o casi; que sería un ser moralmente admirable. La evidencia, mucho me temo es contraria a esta suposición.

No solo eso, es posible anticipar un efecto contrario a las buenas intenciones de ese tipo de sistema político.

Verse sujeto a depender de otro para la satisfacción propia de necesidades, crea hábitos indeseables de pasividad, incluso de merecimiento injustificado. Produciría seguramente, un cierto egoísmo material en la persona. Una especie de niño malcriado que hace rabietas cuando no se cumplen sus deseos.

Otro tipo de sistemas parten de otra idea contraria, la de creer que las personas son los mejores jueces de su vida y que, por eso, deben valerse por sí mismas. Depender de la caridad estatal, suponen, es un error y el mejor ciudadano será el que logre por sí mismo la felicidad que él se ha definido.

Nadie puede conocer tan bien a la persona como para imponerle una felicidad que no ha sido definida por ella misma. El ciudadano que este tipo de sistemas ambicionan crear es el de la persona libre e independiente, que madura aceptando las consecuencias de sus decisiones.

En estos sistemas, se acepta que la persona es imperfecta. No importa, si ricas o pobres, todas ellas podrán realizar actos indebidos, y lo que debe hacerse es aceptar esta posibilidad realista en un ambiente en el que sea propicia la formación del carácter. Esa vieja idea republicana de estatura moral en el ciudadano común.

No hay aquí que exagerar la fe en el ciudadano y su total capacidad para resolver por sí mismo todo lo que enfrenta. Por eso, son necesarias las leyes y un sistema judicial justo. Por eso se necesita, en este sistema, un código moral claro, mínimo y aceptado, que junto con la ley sirva de guía a la persona.

En fin, todo lo que he querido hacer es llamar la atención sobre una idea extraordinaria. La de juzgar a los sistemas políticos y económicos bajo un criterio que me parece incuestionable, el tipo de personas que ellos forman, el carácter que desarrollan en ellas.

Kristol lo ha expresado muy bien:

“No puede usted tener ‘auto-gobierno’ en el caso individual a menos que usted tenga una clara, aunque general, idea sobre el tipo de persona que quiere ser”.

La conclusión, entonces, es una sorpresa para muchos: usted no puede hablar de democracia sin hablar de la capacidad para autogobernarse y eso quiere decir decidir el tipo de persona que quiere ser y que quiere tener a su alrededor.

Post Scriptum

La idea general y las citas son de un ensayo titulado Republican Virtues versus Servile Institutions, publicado en Kristol, I. (2011). The Neoconservative Persuasion: Selected Essays, 1942-2009. Basic Books.

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