Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Socialistas Involuntarios
Leonardo Girondella Mora
2 julio 2015
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
Catalogado en:


En esta columna quiero tratar un fenómeno poco conocido —el del socialismo disfrazado.

Un fenómeno primeras apariencias y presentaciones novedosas de una vieja idea que ha logrado sobrevivir con un éxito a veces arrollador.

El tema concreto es el del socialismo y sus disfraces. Creo razonable decir que el socialismo no es en nuestros días una palabra popular, excepto en casos extremos curiosos como Cuba y Venezuela.

El socialismo en nuestros tiempos, ahora mismo, a pesar de que no sea una palabra pronunciada con la frecuencia de tiempo atrás, no es algo que haya desaparecido —simplemente ha tomado a apariencias diferentes.

• Se le encuentra con mucha frecuencia en todo movimiento que manifiesta actitudes contrarias al liberalismo —por ejemplo, en todas las protestas en contra del libre comercio y en movimientos del tipo de “los indignados”.

• Todos los disfraces y modalidades el socialismo algo está en nuestros días mantiene viva la idea esencial de esa ideología: hacer crecer el poder gubernamental, es decir, dar más funciones y responsabilidades al gobierno.

Esta es la característica esencial que puede utilizarse para reconocer el socialismo contenido en buena cantidad de movimientos y formas de pensar.

• Cualquier persona puede identificar al socialismo en sistemas como el del estado de bienestar —un nombre agradable para lo que no es más que el control de la vida personal por parte del gobierno, el que bajo esta modalidad tiene las funciones y responsabilidades de cuidar a las personas desde que nacen hasta que mueren.

• El socialismo también se encuentra bajo la obsesión y igualitaria de nuestros días, cuando se ha llegado a ser equivalente a la desigualdad con la injusticia —en este caso el gobierno es el responsable del proceso de igualación material dentro de la sociedad, implantando, por ejemplo, altos impuestos progresivos a los ingresos personales y a las herencias.

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Pero lo más llamativo de todo es que el socialismo ha penetrado en la mente de muchos ciudadanos, sin que ellos se den cuenta, para convertirlos en partidarios inconscientes —ciudadanos que con una terrible ingenuidad ante cualquier problema reclama una solución gubernamental, sin pensar en la posibilidad de otra alternativa.

Este disfraz socialista toma la forma del socialista involuntario y se manifiesta de dos maneras principales.

Una de esas maneras, es la de la falta de imaginación el ciudadano que mencioné antes. Puede reconocerse este disfraz en las personas que ante cualquier problema sólo pueden pensar en la intervención gubernamental como solución —una posición que tiene la consecuencia de ampliar las funciones y responsabilidades de los gobiernos.

La otra manera en la que el socialismo se disfraza es la verdad dependencia gubernamental, muy bien representada en la burocracia cuyos ingresos dependen de la intensidad de la intervención gubernamental.

De manera indirecta, la dependencia gubernamental también se manifiesta en otros casos —como el del empresario cuya existencia depende de subsidios y otros favores gubernamentales. Incluye también a los segmentos de la población que se ven favorecidos con tratamientos gubernamentales especiales.

Ha sido mi intención mostrar que pesar de que el socialismo no sea una palabra de uso frecuente en la política, su esencia permanece viva bajo multitud de disfraces — como el del estado de bienestar, pero especialmente oculto en la mentalidad del ciudadano convertido en un socialista involuntario

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