Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Sociedades Ideales, Imposibles
Eduardo García Gaspar
20 julio 2015
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIEDAD
Catalogado en: ,


Son ejercicios mentales. Algo como el entrenamiento físico, pero destinado a las neuronas.

Échelas a andar con, por ejemplo, la idea de que se tiene a una sociedad ideal, en la que todos son amigos y se tratan como amigos.

¿Se necesitarán leyes allí?

Realmente no. Toda la idea de «justicia» sale sobrando en esa sociedad en la que todos son amigos y se tratan entre sí como tales, siempre, sin fallar un solo momento. Ni leyes se necesitan, ni policías, ni tribunales, ni agentes de tránsito en las calles.

¿Es real suponer esa sociedad en la que todos son amigos leales y verdaderos? No, no es real. Ni siquiera dentro de una familia muy bien integrada puede suponerse que jamás existirá un conflicto, o una pelea, o una discusión.

¿Obvio e innecesario hablar de esto? No, hace falta recordarlo porque demasiados suponen que puede ser posible tener una sociedad así, pacífica, armoniosa, perfecta, en la que todos se comportan como amigos fraternales del otro. Lo siento, pero se necesitan leyes, policías, tribunales, castigos, multas… Por una razón obvia, no somos perfectos.

Mi punto, que creo que bien vale una segunda opinión, es el tener cuidado con las ambiciones de sociedades ideales.

No es que sea malo querer mejorar a la sociedad, lo que está mal es suponer que sí es posible alcanzar la perfección en esta vida. El intentarlo producirá una sociedad mucho peor que aquella a la que se quiso mejorar.

Piense usted en otra posibilidad, una que es muy común.

Me refiero a la crítica usual de la sociedad a la que se acusa de materialista, de consumista, de poner atención solo en las ganancias, de explotar a las personas, de regirse por la lógica del mercado, de rendir culto al dinero. Muchos han hablado así (vea, por ejemplo, Críticas al Capitalismo)

Ahora póngase a pensar en la solución a eso. ¿Qué haría usted? No lo sé yo, pero sí sé que usted tendría dos grandes caminos para corregir eso.

Uno, el más obvio, es cambiar el sistema al que se acusa de todo eso. Llámele capitalismo a ese sistema, critíquelo y entonces se querrá cambiarlo por otro.

¿Por cuál? Aunque usted no lo especifique, implícitamente estará diciendo que el sistema se cambie por su opuesto. Aunque usted no lo quiera. Y el sistema opuesto es el socialismo, en cualquiera de sus variantes. Eso, se presupone, remediará los defectos que usted ha encontrado en el capitalismo.

Pero hay otro camino, uno que es mucho menos obvio, el de acudir a las personas y desde ellas intentar soluciones. Le aseguro que será un camino más prometedor. Más difícil, pero mejor. Por una razón, los defectos que han servido de crítica al capitalismo no son defectos de ese sistema, sino que son defectos de la naturaleza humana.

Ella es la que no es perfecta, la que se vuelve materialista, la que deja de ser compasiva, la que rinde culto al dinero y al poder.

Esto nos lleva a una conclusión que puede ser difícil de entender: no importa el sistema económico o político bajo el que viva una sociedad, los defectos de la naturaleza humana permanecerán como una constante.

Sí, en el socialismo también se tendrá materialismo, atención al dinero, culto al poder, explotación de otros… todo eso de lo que se acusó al capitalismo lo padecerá también el socialismo, el mercantilismo, el intervencionismo, el estado de bienestar, el socialismo del siglo 21, el de Evo Morales…

Llego así al punto central de lo que quiero apuntar: se critica a la injusticia de una sociedad cualquiera; se afirma que la injusticia y los vicios que ella sufre son causados por sus estructuras económicas; y como consecuencia, se concluye que cambiando a las estructuras desaparecerán la injusticia y los vicios.

Ese razonamiento está al revés, exactamente al revés. Es la naturaleza humana, defectuosa e imperfecta, la que realmente ocasiona la injusticia y los vicios. Es la persona la responsable, no el sistema económico ni el político. El error es de consecuencias severas.

Suponga usted que se cambian las estructuras económicas que se cree son injustas y malas. Ahora en esa sociedad ya no hay capitalismo, sino socialismo. ¿Qué se ha hecho realmente? Algo gravísimo, se ha retirado responsabilidad a la persona: se le ha dicho que ella no tiene responsabilidad moral, que cambiando las estructuras sociales ella se convertirá en un ser justo, moral, compasivo.

Lo que he dicho, no es nuevo. La idea está mejor explicada en un libro de 1987, Iglesia, Ecumenismo y Política,  de Joseph Ratzinger, cuando era Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (puede verse un resumen de eso en El Peligro de lo Perfecto).

Puesto de otra manera, para mejorar a nuestra sociedad el camino más natural que puede tenerse es el de ir directamente a la persona, a su interior, para que ella misma se persuada de actuar con justicia, con compasión, con virtud. Un camino en el que El Vaticano tiene una vocación y una especialidad perfectamente adecuadas.

Cambiar de un sistema económico a otro servirá de nada, absolutamente de nada. Si El Vaticano tomara esta como su vocación se convertirá desafortunadamente en una ONG activista con una agenda política.

Post Scriptum

Por supuesto, queda un asunto pendiente. Después de comprender que para realmente mejorar a la sociedad lo que de atenderse primero es el que predominen las personas de buen corazón, justas y compasivas, debe atenderse en segundo término otro asunto.

El de qué sistema político y económico debe establecerse. La respuesta estará condicionada por la misma naturaleza humana: el sistema que más respete a su libertad y le dé oportunidades para mostrarse como un ser moral.

Quizá le interese leer La Codicia es Humana.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras