Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Sócrates y Salsa Mexicana
Eduardo García Gaspar
10 agosto 2015
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Puede tener cualquier punto de partida. Incluso el más tonto e irrelevante; el más trivial e irreflexivo.

Todo lo que tiene que hacer es servir de detonador. Arrancar un proceso personal.

A ese proceso le llamamos pensar, reflexionar.

Puede comenzar quizá con la compra de una lata de salsa mexicana en el supermercado. Si la he comprado es porque creo que me conviene más tener esa lata que el dinero que me ha costado.

Esto me parece innegable. Es la razón por la que hago lo que hago (usted también).

Sea la acción que sea, lo realizamos porque pensamos que acabaremos en una situación mejor que la anterior. Por supuesto, podemos equivocarnos, pero eso es lo que creemos. Ahora, llevemos esto a otro nivel, superior.

Claramente usted y yo hemos preferido vivir que morir. Si hubiésemos preferido morir ya nos hubiéramos suicidado. Debo presuponer que usted ni yo lo hemos hecho. La explicación es obvia: pensamos que es mejor estar vivos que estar muertos. Esto nos envía a una pregunta que suele inquietar.

Me refiero a la razón por la que preferimos estar vivos que muertos. Me refiero al sentido que tiene nuestra vida. Presupongo que debe tener mucho sentido para valorarla tanto a pesar de que ella implica algunos muy malos momentos.

Creo que esto es algo que bien vale una segunda opinión.

¿Qué sentido tiene la vida? Me imagino que tenga más sentido que el de sólo pasarla bien. Debe haber algo en ella que vaya mas allá del ir de fiesta en fiesta, de cama en cama, de playa en playa, de tienda en tienda, de mesa en mesa.

No digo que no haya diversión en todo eso, pero sí creo que ninguna de esas cosas alcanza a darle real sentido a la vida.

Para entrar en este terreno necesito ayuda de otros. Algunos de ellos, generalmente filósofos, me dicen que mi pregunta no tiene sentido, que la vida tampoco lo tiene. Es una respuesta que no satisface, es demasiado desesperada, demasiado pesimista. Me haría concluir que da lo mismo estar vivo que estar muerto y no es lo que veo a mi alrededor.

Mejor voy con un buen tipo. Me refiero a Sócrates. Él creía en Dios, no el Dios cristiano de siglos después, pero sí un Dios similar. Esto le da sentido a la vida. Es una respuesta optimista. Para Sócrates, por ejemplo, esto le daba sentido a ocuparse en pensar, una forma de realizar los propósitos de la existencia de Dios.

Realizar eso es lo que podemos llamar ser moralmente mejores. Es lo que hace pensar que hay algo mejor y más alto que ir de cama en cama. El asunto puede explicarse si seguimos con Sócrates.

Según él, tenemos un cuerpo y tenemos un alma. La unión de cuerpo y alma es lo que forma nuestra persona.

El cuerpo es el elemento físico de nuestra persona. Es la parte terrenal en términos cristianos. Es eso que decae y muere. Pero tenemos otra parte, el alma, que es nuestra parte espiritual, con una característica muy especial, el alma es inmortal. Esto es lo que cambia totalmente las cosas.

Examinemos la parte física, el cuerpo. Es el elemento que necesita satisfacción material para sobrevivir. Nada malo hay en eso, pero también presenta un riesgo, el de desviar la satisfacción espiritual. El cuerpo puede inclinarse hacia la satisfacción material y los excesos, con el egoísmo que le hace preferir su placer al gozo espiritual.

Por el otro lado, tenemos la parte espiritual, el alma. También necesita ser satisfecha pero sus satisfactores no son materiales, son espirituales. Ella se satisface con bienes intelectuales y morales. Su máxima satisfacción es el conocimiento de la verdad y el actuar moralmente.

Ahora viene la real pregunta, la decisión más importante de nuestras vidas.

La decisión de cuál de esas partes satisfacer con prioridad, el cuerpo o el alma. No se necesita muchos pensarlo. Basta considerar que el cuerpo es mortal y que el alma no lo es. Ahora es sólo cuestión de hacer cálculos, tal vez al estilo de Blas Pascal.

Comencé hablando de mi compra de una lata de salsa mexicana, para terminar pensando en Sócrates y Pascal. Es una forma de demostrar que los hechos más triviales nos pueden conducir a reflexiones que tienen defectos considerables en nuestra vida.

Estoy seguro de que esto que he hecho es sólo un pequeño ejemplo de la necesidad que tenemos de satisfacer nuestras necesidades intelectuales y morales, es decir, poner más atención en nuestras almas.

Post Scriptum

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Para esta columna usé ideas ideas de la obra de Johnson, P. (2012). Socrates: A Man for Our Times Penguin Books.

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