Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Somos Sujetos, No Objetos
Eduardo García Gaspar
11 junio 2015
Sección: DERECHOS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


El tema es de fondo. Realmente del fondo.androjo

Se trata de saber quién soy yo; quién es usted. Por definición, quiénes somos los humanos.

Responder a esto tiene consecuencias. Tiene efectos con aplicación en un millar de circunstancias.

Podemos definirnos como personas, todos sin excepción, cualquiera que sea el estado en el que nos encontremos. Por ser personas, tenemos una cierta naturaleza. Un autor lo ha explicado muy bien:

«… si soy una persona entonces por naturaleza soy un portador de derechos, por naturaleza un sujeto de absoluta consideración —no por lo que puedo hacer, sino por lo que soy».

Hay dos elementos allí. La persona como un portador de derechos y la persona que tiene un valor absoluto que es independiente de lo que ella hace o puede hacer. El mismo autor continúa hablando:

«En resumen, una persona es por naturaleza alguien a quien es equivocado ver sólo funcionalmente —equivocado valuarlo meramente como un medio para un fin o para los intereses de otros. Si usted me considera una persona solamente porque soy capaz de realizar ciertas capacidades que le interesan, entonces usted está diciendo que soy un objeto de su consideración no en un sentido absoluto sino sólo relativo».

El punto queda claro simplemente por insistencia. Todos tenemos un valor absoluto lo que significa que somos portadores de derechos.

Por supuesto, esos derechos imponen obligaciones en los demás. Teniendo todos los mismos derechos, tenemos también las mismas obligaciones.

Ahora bien, ese valor absoluto es real con independencia de lo que los demás valoren de nosotros. Somos sujetos, no objetos. Esto tiene consecuencias.

Cuando usted necesita un carpintero buscará entre las personas quienes mejor le sirvan para esa función. No hay problema en eso.

Usted pagará al carpintero lo que entre usted y él acuerden como un precio justo por sus servicios. Para el carpintero, usted es una fuente de ingreso. Para usted, el carpintero satsifará la necesidad que tiene de una mesa. Insisto, no hay ningún problema en esto.

Pero independientemente de esa consideración funcional que tienen uno del otro, tanto el carpintero como usted son personas con un valor absoluto que es mayor al de esa consideración funcional.

Esto es lo que hace indebido que el carpintero desaparezca con el adelanto que usted le dio; y que usted no le pague al carpintero por su trabajo.

Esto es lo que es fascinante, el ir más allá, mucho más allá, de ver a los demás como meros instrumentos para la satisfacción de necesidades propias. Es lo que hace reprobable a la esclavitud, la que se funda en la creencia de que el esclavo solamente tiene utilidad para servir al amo.

En la misma dirección, más allá de la consideración funcional de los demás, podemos llegar casos que merecen ser hechos explícitos.

Supongamos el caso de una persona que no tiene utilidad alguna para nadie, y así entender claramente lo dicho antes: esa persona vale con independencia de la utilidad que representa para los demás.

Un recién nacido, por ejemplo, es un caso de ese tipo. No tiene la capacidad para realizar capacidades que puedan interesar a otros. No importa, es una persona y por esa razón es un portador de derechos que implican obligaciones en los demás. Lo mismo aplica a un paralítico y también a un bebé que aún no ha nacido.

El principio de que todos somos personas y que por eso somos también portadores de derechos que imponen obligaciones en los demás, no tiene excepciones. Ninguna excepción.

Si las tuviera, se abriría la puerta a la posibilidad de acomodar prejuicios personales: razas superiores a otras, clases sociales superiores a otras y así por el estilo.

Tome usted otro caso, el de las llamadas sexoservidoras. Entre ellas y sus clientes se establece una relación funcional, que obliga a la justicia: ella debe proveer el servicio y él pagar el precio acordado por ambos.

Sin embargo, entre ellos solamente existe una valoración funcional. Uno a otro se ven como objetos exclusivamente; no como sujetos.

Las ideas tienen consecuencias. Muchas de esas consecuencias en nuestra vida parten de la manera en la que nos entendemos a nosotros mismos. Depende de cómo nos definamos lo que sucederá incluso los más mínimos detalles de nuestras vidas.

Las mas pequeñas diferencias en la manera en la que nos entendamos a nosotros mismos producirán grandes efectos posteriores en nuestra conducta.

Eso es lo que creo que bien vale una segunda opinión. Entender que si no nos definimos como personas portadoras de derechos que tienen un valor absoluto que nos hace sujetos, nuestro mundo no sería tan bueno como podría serlo… podría con facilidad ser una pesadilla.

Post Scriptum

Las citas son del libro de Budziszewski, J. (2011). What We Can’t Not Know: A Guide (Rev Exp ed.). Ignatius Press.

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