Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Teoría y Práctica Electorales
Eduardo García Gaspar
20 octubre 2015
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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La idea central es sólida. Tiene sentido y justifica todo un sistema político.

Justifica a la democracia. A las elecciones democráticas.

Todo comienza con una idea, la de la elección por mayoría. Gobernarán quienes tengan más votos.

No está nada mal. Es una manera pacífica de resolver el problema de cambio de gobierno (la otra manera es una revolución o un golpe de estado). Y las elecciones son una competencia entre partidos políticos.

Sus candidatos exponen sus plataformas y planes de gobierno, que son evaluados por los ciudadanos, quienes cierto día votan por quienes piensan serán mejores gobernantes (o menos malos).

La idea es que los candidatos presentan, defienden, explican, razonan; y que eso también hacen los ciudadanos. Es como un proceso de ideas y opiniones que son examinadas y donde juegan un papel importante las argumentaciones racionales. Una especie de mercado de ideas en competencia en el que ganan las mejores (o las menos malas).

Hasta aquí, eso es la teoría que sostiene a las elecciones democráticas y que supone que todos razonan y tienen un mínimo de conocimientos. No suena nada mal, al contrario, pero es teoría. Es el ideal esperado.

La práctica, mucho me temo, es muy distinta. En la práctica hay poco razonamientos pero muchas impresiones; pocos conocimientos pero muchas opiniones; poca objetividad pero mucha ideología.

«Cuando un partido político está exponiendo su caso por medio de, en efecto, no exponer su caso realmente sino crear una impresión, puede ser difícil apuntar los errores de razonamiento».

Recuerdo el tema de una campaña electoral reciente que se limitaba a decir «Buen Gobierno». Sí, esta es la práctica y consiste generalmente es comunicar lo obvio, algo tan vago que realmente nadie podrá estar en contra. ¿Quién se opondrá a la idea de crear empleos?

Peor aún, lo que en teoría supone que los candidatos presentan planes y propuestas posibles de realizar en la práctica se convierte en un lanzamiento de promesas exageradas. ¿Quién se opondría a la creación de 300 000 empleos el primer año?

Con el advenimiento de las promesas exageradas comienza un concurso de desmesuras. Si un candidato promete crear 300 000 empleos, el otro propone crear 400 000. Y así, la práctica de las elecciones abre la puerta a lo imposible: los candidatos se convierten en una máquina creadora de ofrecimientos irrealizables.

La práctica electoral, claramente, deja de ser ese proceso de argumentación de propuestas y plataformas de gobierno y se vuelve un caso de creación de primeras impresiones en el que juegan con importancia variables irrelevantes, como la apariencia del candidato y su personalidad percibida.

En la teoría electoral poco importa tanto como las propuestas y las ideas de cada candidato; su personalidad juega un papel menor. Pero en la práctica electoral, la personalidad lo es todo, especialmente una variable curiosa: la cercanía percibida del candidato con la gente.

Cuanto más similar es percibido el candidato a la gente común, más probabilidad tendrá de ser elegido, con independencia de sus ideas y propuestas. En buena parte lograr esto es el objetivo del marketing político. Las ideas, las propuestas, los planes de gobierno, todos ellos ceden su lugar a las impresiones y las percepciones que los candidatos crean en el electorado.

Y, por supuesto, hay en esto un fenómeno fascinante.

En la teoría electoral, una elite crea y propone planes de gobierno y plataformas electorales entre las que el electorado selecciona por medio del voto. Es decir, en teoría las propuestas y plataformas son creadas por esa minoría conocedora de asuntos gubernamentales.

En la práctica, sin embargo, las propuestas y las plataformas ya no son tanto creadas por quienes saben, sino por el mismo electorado, por el mismo votante que en realidad poco sabe del tema. Esto es lo que crea peticiones como la de educación universitaria gratuita, internet gratuito y similares.

Quizá el cambio de la teoría a la práctica electorales pueda resumirse diciendo que ha habido una mutación: los planes de gobierno propuestos por los candidatos han sido convertidos en las promesas de satisfacción de necesidades personales del electorado.

Post Scriptum

La cita es de Baggini, Julian. 2009. The Duck That Won the Lottery: 100 New Experiments for the Armchair Philosopher. Plume.

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