Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Terrorismo y Represalias
Leonardo Girondella Mora
3 diciembre 2015
Sección: EDUCACION, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


Esta reacción es común después de ataques terroristas. Aparece con casi total seguridad. Una reacción que ilustra una manera particular de pensar —lo que pretendo mostrar en lo que sigue.

La opinión a la que me refiero tiene componentes organizados de tal manera que llevan a una conclusión acerca de cómo enmarcar y entender a los ataques terroristas.

Aunque el orden de aparición de esos componentes es variable, ellos son los siguientes —ilustrados con una columna de opinión reciente que los ilustra ejemplarmente.

• Se coloca en contra de las «dicotomías radicales [que] simplifican mucho la vida», con lo que se ubican en un plano que sospecha de la clasificación de buenos-contra-malos en el terrorismo.

No es un mal componente, al contrario —la realidad es tremendamente compleja en el terrorismo y el uso de personajes de caricatura de héroes y villanos es deseable evitar.

Es concreto, esta opinión que analizo se opone a entender al terrorismo como un conflicto entre el salvajismo y la civilización.

• Hace una aclaración que varía en intensidad, pero que especifica que no se está a favor de la causa terrorista —en este caso, del Estado Islámico.

Es una aclaración pertinente que afina a la opinión que estoy analizando.

• Otro componente, quizá el que mejor define a esa opinión, es la mención de que la parte atacada, la que ha sido víctima del terrorismo —en este caso Francia— no tiene justificación para tomar represalias en contra del atacante.

«[…] ni los norteamericanos ni los europeos pueden autonombrarse defensores de la civilización cuando en las guerras sostenidas por ellos en Europa, Asia, África o América Latina han cometido barbaridades iguales o peores que las cometidas hoy por los fanáticos de Alá».

Para ilustrar el punto, suele acudir a la lista usual de actos reprobables de Occidente: Hiroshima, la Inquisición, Vietnam, Pinochet —más las intervenciones militares en buena cantidad de lugares.

• La conclusión, por tanto, es la lógica de acuerdo a este punto de vista: los contraataques dirigidos al autor del acto terrorista no son legítimos porque son realizados por quienes han realizado otros ataques similares o iguales a los del terrorismo.

«[…] en la historia no luchan las buenos contra los malos; luchan unos intereses contra otros y la persecución del poder lleva a cometer atrocidades como las vividas en días pasados en París o como las Torres Gemelas o […] como la Santa Inquisición».

Para todo propósito práctico, entonces, ninguna de las partes, ni el atacado por el terrorismo, ni el autor del terrorismo realizan acciones legítimas, justificables —no hay buenos contra malos, sino intereses en conflicto.

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Una vez entendida esa opinión, que aparece con regularidad, procedo a apuntar sus errores y fallos.

• Ella se mueve en un plano demasiado general que une en la misma identidad exclusiva las acciones cometidas por un gobierno en un momento dado con otras acciones de otro gobierno en otro momento.

Por ejemplo, hace aparecer como un mismo autor al gobierno del país que bombardeó Vietnam en los años 60 con el gobierno de otro país que bombardea ahora Al-Raqa en Siria en 2015 —claramente dos entidades distintas.

Un error que en el caso de usar el ejemplo de la Inquisición es equivalente a identificar al esa institución como el mismo que lanzó la bomba en Hiroshima.

• Ella se mueve también en un plano demasiado personalista —uno que pone toda su atención en las personas y casi ninguno en las ideas y los principios.

La descalificación que hace es absoluta: nadie cuyos antecesores hayan cometido una acción injusta tiene autoridad legítima para defender una causa justa —una aseveración demasiado atrevida.

Por ejemplo, la guerra de los bóers (1899-192) descalificaría el Reino Unido a tomar represalias ante el ataque terrorista en Londres, en julio de 2005.

Peor aún, tampoco el Reino Unido hubiera tenido autoridad legítima para frenar la ofensiva nazi —bajo esta óptica, Francia hubiera estado en el mismo caso y no habría sido legítima su defensa ante el avance de Hitler.

• La opinión que analizo incluso puede ser vista como una falacia —en específico la de «tu quoqe», es decir, tú también:

«Es una falacia porque ataca a la persona, no a sus razones; porque intenta justificar nuestra conducta basándonos en lo que hacen los demás, en vez de en argumentos; y porque desvía el tema de conversación. Una cosa es si la persona es hipócrita o no, y otra bien distinta es si tiene razones buenas para decir lo que dice».

Al centrar su foco de atención en personas —diferentes pero identificadas como una sola—, esa opinión presupone que ninguno que haya cometido un acto indebido puede actuar en contra del acto indebido de otro.

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Lo que he querido hacer es examinar una opinión tan frecuente como débil —la que asevera que, por ejemplo en el caso de Francia, su gobierno no tiene la autoridad moral tomar represalias en contra de los autores de los ataques que sufrió.

Si alguien quiere probar que Francia no la tiene, deberá acudir a otra manera de razonar —ya que esta contiene errores sustantivos.

Addendum

Las citas son de una columna de opinión: «¿Civilización o Barbarie?», Rosaura Barahona, El Norte, México, 17 noviembre 2015 —con lo que no pretendo singularizar a su autora, sino mostrar una opinión frecuente en muchos otros.

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