grandes ideas

Tres valores que caracterizan a los conservadores. Ir más allá de lo material y económico para poner énfasis en lo espiritual que conserva a la responsabilidad personal y su libertad.

Introducción

Calificarse de conservador puede ser una experiencia difícil para algunos. Quizá no tengan una idea definida de lo que eso significa, aunque simpaticen vagamente con la idea.

Goldwater soluciona este problema al dar al conservador una definición concisa: tres creencias de los conservadores y algunas conclusiones naturales.

La idea fue encontrada en la obra de Goldwater, Barry M., The Conscience of a Conservative. James Madison Library in American Politics, Princeton University Press, 2007, capítulo 1, «The Conscience of a Conservative».

Punto de partida

Comienza el autor reconociendo que personas que sienten ser conservadoras también están inclinadas a avergonzarse de serlo. Es como admitir que ser conservador es carecer de una filosofía política digna y confiable.

El problema empeora cuando los progresistas afirman sentirse preocupados por la gente, mientras que todo lo que preocupa a los conservadores es el preservar privilegios económicos.

Los progresistas, afirman ellos, atendemos al ciudadano común y sin poder, no a los ricos y poderosos.

Los ataques, que vienen de amigos y enemigos, son injustos. Aunque tiene consecuencias económicas, el conservadurismo es más que una teoría económica.

Los tres valores de los conservadores

A partir de allí, Goldwater apunta tres rasgos centrales del conservadurismo.

Más que solo lo económico y material

El conservadurismo no es solo una escuela económica. Contrario al Socialismo, que da toda prioridad a lo material, los conservadores ponen a lo económico en un lugar solo subsidiario.

Esta es la gran diferencia en los valores conservadores. Los conservadores tienen una visión entera de la persona; los progresistas, una visión materialista.

El conservadurismo piensa que la persona es en parte una criatura económica, pero que también es una criatura espiritual.

No solo eso, esas necesidades espirituales muestran lo más alto de lo humano, teniendo precedencia sobre las económicas. Esto es poner la atención en lo espiritual y hacer de esto la preocupación central de la filosofía política.

A los progresistas les sucede lo opuesto. Tomando como justificación su preocupación por los seres humanos, ponen toda su atención en las necesidades económicas.

Y lo hacen con prisa, siéndoles muy propio el dominar a las fuerzas económicas y políticas, dentro de un enfoque colectivo, «para obligar al “progreso”».

Una necesidad total de la filosofía política es conocer la naturaleza humana. No es que el conservador tenga poderes especiales en este conocimiento, sino que acepta las experiencias pasadas, la tradición acumulada, sin desdeñar a pensadores grandes anteriores.

Los conservadores han aprendido sobre la naturaleza humana. Cada persona es única y su más preciada «posesión es su alma individual —que tiene un lado inmortal, pero también uno mortal».

El autor enfatiza ahora un punto. Para estar en concordancia con lo natural, una filosofía política debe reconocer que hay diferencias esenciales entre las personas; y que eso debe considerarse para desarrollar las potencialidades de cada persona.

Considerar a las personas como «partes indiferenciadas de una masa indeterminada» significa condenar a la persona a la esclavitud. La expresión «el hombre común» debe causar sospecha porque pone de lado a las iniciativas y acciones de personas poco comunes.

Relación entre lo espiritual y lo económico

En la naturaleza humana las facetas económicas y espirituales están complejamente entrelazadas. Una persona cualquiera no tendría libertad económica si al mismo tiempo es políticamente esclava.

No puede tenerse libertad política si se depende del estado para satisfacer necesidades económicas propias.

Responsabilidad personal

El tercero de los valores conservadores, según el autor, es atender al desarrollo humano, que es material y espiritual, «no es algo que puede ser dirigido por fuerzas externas».

Esto significa que existe la responsabilidad personal, la de su propio desarrollo para el bien de todos.

Las decisiones son propias y no puede la persona ser anulada como cuando otros toman sus decisiones sustituyéndola.

Un ejemplo, el progresista tiene ansias de aumentar los beneficios de la seguridad social. El conservador prefiere que cada uno tenga la libertad de gastar sus ingresos como lo quiera.

La actitud conservadora

Es el entendimiento de lo humano lo que diferencia al conservador del progresista.

A través de la historia, la visión conservadora jamás entiende a la persona como «peón» de otros, ni como una parte olvidada de un todo colectivo. Cada persona tiene algo de sagrado, una identidad distinta.

Eso es lo que ha hecho que el conservador sea enemigo de «autócratas y “demócratas” jacobinos”»; amigo de los campesinos frente a la monarquía tiránica francesa.

Lo que también produce rechazo a regímenes tiránicos de masas que se justifican en el nombre de la igualdad.

Un conservador se rebela frente a quien sea que rebaje la dignidad humana de la persona individual. Se enfrenta a dictadores que gobiernan por medio del miedo; y a amables colectivistas que «solicitan nuestro permiso para jugar a ser Dios con la raza humana».

No debe sorprender que bajo este entendimiento de la naturaleza humana, el conservadurismo comprenda a la política como un arte, el de lograr que las personas sean lo más libres posibles dentro del orden social.

Es decir, el conservador acepta que la libertad necesita orden para permitir que uno sea libre sin que otro pueda negarle esa libertad.

Más aún, el conservador acepta saber que el orden está sustentado en una fuerza que tiende a crecer por sí misma, «cuyo apetito crece al comer». Por eso, el conservador actúa como vigilante y con cuidado mantiene al poder dentro de sus límites.

Para el conservador el reto es claro, el de proteger y ampliar a la libertad. Bajo esta idea, el autor examina en el resto del libro asuntos concretos como derechos civiles, impuestos y gasto, libertad de trabajo y otros más.

Los valores conservadores

El valor de la idea del autor consiste en brevemente explicar la mentalidad del conservador partiendo de su entendimiento del ser humano: uno con valor individual único con necesidades materiales y espirituales. Las conclusiones que siguen son razonables.

La persona necesita ser libre para ser ella misma responsable de su desarrollo, lo que beneficia al resto.

El conservador, en esta posición, se convierte en el defensor de la libertad humana frente a los ataques progresistas, intervencionistas y socialistas. En el vigilante que no permite que los gobiernos excedan sus límites.

Una buena ilustración de la mentalidad de Goldwater, al menos en esos años, puede comprenderse en esta cita:

«Aquellos que buscan el poder absoluto, aunque lo busquen para hacer lo que ellos consideran que es bueno, simplemente están reclamando el derecho a forzar su propia versión del cielo en la tierra […] son exactamente los mismos que siempre crearán las más infernales tiranías. El poder absoluto sí corrompe y debe haber sospecha y oposición a aquellos que lo buscan».

Y unas cosas más…

Conviene ver Las características de los conservadores, Por qué no ser un conservador.

Y un libro rico en este tema:

Conservatism: An Invitation to the Great Tradition

Conservatism: An Invitation to the Great Tradition by Roger Scruton

My rating: 4 of 5 stars
Cansado de escuchar y leer caricaturas que pretenden describir a ese que se califica despectivamente como ‘conservador’, he leído varios libros al respecto. En este libro, con el mismo tema. se ofrece una bienvenida aclaración del concepto ‘conservadurismo’, muy alejada de su caricaturización vulgar e inexacta, mediante la narración de la historia de la idea y necesariamente haciendo referencia al liberalismo.
La conclusión puede constituir una sorpresa para algunos de los liberales clásicos, pues ellos encontrarán en los conservadores a aliados muy afines a sus ideas. En realidad, el conservador aparece como alguien que ha dado su aprobación al liberalismo, diciendo «sí de acuerdo, además el socialismo es nuestro enemigo, pero…».
Otro gran pequeño libro de Scruton que se lee con agrado y placer. Una obra que reta a la concepción inexacta y falsa del conservadurismo.
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[La columna fue actualizada en 2019-12]