Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Un Mundo Aplanado
Eduardo García Gaspar
8 septiembre 2015
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIEDAD
Catalogado en: ,


Es como una falta de volumen. De carencia de fondo. Como una pintura en la que todo parece plano, allanado.

Es falta de profundidad. Como una hoja de papel, con solo dos dimensiones. Un rasgo de nuestros tiempos, esta la carencia de volumen en la vida.

Tome usted sucesos que realmente marcan a la vida. Son unos pocos, quizá solo tres: nacimiento, matrimonio, muerte. En nuestros tiempos, ellos han sido aplanados hasta significar muy poco.

Tome usted al matrimonio convertido en poco más que el acuerdo mutuo de una mudanza de muebles de un sitio a otro.

Matrimonio reconstruido como algo plano, sin volumen: informal, fácil de disolver, sin ceremonia, sin expresión de compromiso, con quien sea. Es algo un poco más serio que decidir con quién pasar una noche o dos. La pérdida es sustancial. No hay celebración, no hay promesas públicas, no hay ceremonia. Ni siquiera a veces hay registro civil.

El nacimiento ha sido vaciado de su volumen de significación. Tan aplanado está que es legalmente permitido matar a los no nacidos. Buena muestra de un mundo plano y sin dimensión. Nacer ha sido reconstruido como el resultado de la decisión de matar o no al que viene.

La muerte ha sido también aplanada. Se le ha quitado volumen, llegando incluso a proponer formas para acelerarla. Y a darle un sentido de desaparición total, a ser un simple convertirse en nada.

Si nacimiento, matrimonio y muerte han sido aplanados, sus significados allanados, no sorprende que también el vivir haya sufrido el mismo destino. La vida reconstruida como un concepto plano.

Tenemos, pues, me parece, un mundo aplanado, liso, sin volumen, como un universo de dos dimensiones, en el que pensar en la tercera sería ahora una herejía política.

Pero, viniendo de un mundo que sí tenía volumen, este aplanamiento produce cierta insatisfacción. Causa inquietudes que tienen sus manifestaciones.

Encontré una hace unos días en una persona. Creía ella en un vago concepto de Madre Tierra que veía a los humanos como criaturas suyas que le debían respeto, incluso adoración. Uno de muchos casos de búsqueda de volumen en la vida, de dejar de vivir en un mundo aplanado.

Un mundo que no provee la explicación de la vida, ni de los momentos que le dan sentido, como nacimiento, matrimonio y muerte.

Puede esto verse de una manera más conocida, le suelen llamar «materialismo», eso que niega todo lo que es sobrenatural, trascendente. El mundo solo material es ese mundo aplanado del que hablo. Como un globo desinflado.

O bien, piense usted en el shock que produce una tercera dimensión a quien vive solamente en dos. Concebir la tercera dimensión es casi imposible, como ahora es difícil entender la existencia de lo sobrenatural y trascendente.

No resulta sorprendente que se rechace lo inmaterial, al mismo tiempo que se intente encontrar las grandes explicaciones en lo físico, como la Madre Tierra y la ciencia. Igual que tampoco es causa de extrañeza el sacar de su contexto original a las manifestaciones de lo sobrenatural.

C. Taylor, en quien he basado mucho de lo anterior, tiene un buen ejemplo de esto: la misa en si menor de J. S. Bach. Claramente es una obra litúrgica, posible de entender enteramente en un mundo que no es aplanado. Su «casa» no es realmente una sala de conciertos, es un templo. Fuera de este, la obra está fuera de contexto.

Este mundo allanado de nuestros días es uno que ha perdido su dimensión de trascendencia, en el que lo sobrenatural es una imposibilidad y las más grandes interrogantes de nuestra vida pueden solo ser respondidas por lo material.

Es así que nacimientos, matrimonios, muertes y vidas dejan de ser cosas maravillosas, milagrosas, fuera de nuestra total comprensión.

La pérdida del sentido de lo asombroso y lo incomprensible es, creo, lo que ha aplanado a nuestros tiempos. Ha vuelto a nuestra vida algo común, vulgar, convencional, sin significado. Un efecto colateral del avance científico que ha sido interpretado erróneamente como el vaciar de contenido a lo sobrenatural.

El fin, lo que he intentado hacer es mostrar un rasgo de nuestros tiempos, el de un mundo aplanado, en el que dejan de tener gran sentido los matrimonios, los nacimientos, las muertes y, también, la vida misma.

Post Scriptum

Usé para la columna la obra de Smith, James K. A. How (Not) to be Secular: Reading Charles Taylor. Wm. B. Eerdmans Publishing Co., 2014.

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