Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Una Falla Optimista
Leonardo Girondella Mora
31 agosto 2015
Sección: EDUCACION, LIBERTAD CULTURAL, Sección: Asuntos
Catalogado en:


La idea general asegura que en una batalla de ideas, el error y la verdad combaten entre sí y que al final, la verdad terminará siendo aceptada —lo que justifica que las personas participen en ese combate porque al final ellas aceptarán la verdad.

Esto es lo que justifica a la libertad de expresión, la que produce ese campo de batalla entre opiniones equivocadas y opiniones verdaderas. Es también lo que justifica la apertura mental a escuchar opiniones ajenas, aunque ellas sean opuestas.

Esto es lo que pretendo explorar en lo que sigue —esta idea de que la verdad eventualmente triunfará en medio de una infinidad de errores. Ante lo que expreso una actitud escéptica sobre ese poder de la verdad que eventualmente llegue a ser reconocida por todos.

• Para que eso suceda —para que la verdad triunfe— debe cumplirse con un requisito indispensable: la disposición personal de aceptar la verdad. Es decir, todos deben compartir la vocación de búsqueda de la verdad muy por encima de la terquedad que usualmente se encuentra cuando la persona defiende sus puntos de vista.

Con lo anterior quiero decir que el triunfo eventual de la verdad, en un campo de batalla de opiniones equivocadas y verdaderas, sólo puede suceder cuando las personas aceptan que la verdad existe y que puede no coincidir con sus creencias personales previas.

• Otro problema con la opinión de que la verdad eventualmente triunfará en medio de los errores, es la determinación del tiempo que eso tomará—quizás pueda tomar un par de horas de discusión, varios años, o tal vez nunca llegará ese momento.

Me imagino que el caso de discutir la existencia de Dios será uno de esos en los que la aceptación de una verdad por parte de todos nunca llegue —como también me parece que sucederá en el tema de las funciones de los gobiernos.

• Adicionalmente, se requiere que la discusión que lleve a la verdad se realice en un medio ambiente de libertad que sólo es posible dentro de ciertos regímenes políticos —en los que la posibilidad de censura, cualquier forma que ésta tome, sea prácticamente nula.

Dentro de un sistema político que no garantice una amplia libertad de expresión, será imposible tener esa batalla entre opiniones equivocadas y opiniones verdaderas —y, por tanto, la verdad tendrá muy poca probabilidad de triunfar.

• No solamente influirá el ambiente político mencionado en el punto anterior —el ambiente cultural tendrá un impacto sustancial en esa batalla entre el error y la verdad.

Donde domine una mentalidad relativista, esa discusión no tiene sentido alguno —lo único que será solicitado será la tolerancia de todas las opiniones, lo que significa qué será tolerado el error no importa cuál sea.

Dentro del ambiente cultural tendrá una influencia significativa la preparación y la educación de las personas, especialmente en lo que se refiere al uso de herramientas de razonamiento —donde se carezca de esa capacidad, la victoria última de la verdad será poco probable.

• También, será importante la politización de la discusión —la que acontece cuando los gobiernos participan en la solución de las discusiones siendo parciales a algunas de ellas.

Por ejemplo, en la discusión sobre mercados libres y mercados intervenidos es obvio que los gobiernos serán parciales en lo general —favorecerán la “verdad” de los mercados intervenidos no porque ella sea la verdad sino porque eso les significa tener más poder económico.

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Lo que he hecho con los puntos anteriores es demostrar la dificultad que enfrenta la idea de que en una batalla entre el error y la verdad ésta última saldrá triunfante al final —es muy posible que no sea así.

Es posible que todo lo que dicho antes se focalice en un solo punto: la actitud de las personas frente a la verdad.

Es una posibilidad real que a las personas no interese la verdad —quizá deriven un beneficio personal defendiendo al error, o sean indiferentes ante la verdad, o, si es que la conocen, hagan poco o nada por defenderla, o no tengan la capacidad para reconocer el error.

Al final, esa idea sobre el eventual triunfo de la verdad pinta las cosas de color rosa y, sin querer ser pesimista, me parece adecuado concluir que la verdad necesita ser defendida continuamente —incluso en tiempos en los que ella domina debe ser reafirmada porque muy posiblemente llegarán tiempos en los que pueda ser olvidada.

Nota del Editor

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