Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Valor del Agua
Eduardo García Gaspar
19 octubre 2015
Sección: DERECHOS, ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


¿Cuánto valen las cosas? Obviamente, ellas valen. Desde cero o nada hasta mucho, muchísimo.

Esto tiene dos aspectos. El primero es la forma en la que ese valor se expresa. El segundo es cómo adquieren valor las cosas.

El tema bien vale una segunda opinión, aunque sea tan solo para recordar algo de mero sentido común, es decir, algo que puede resultar desconocido para demasiados. Especialmente gobernantes y fans ideológicos.

Véase usted a sí mismo y piense cómo expresa el valor de las cosas que necesita, de los bienes que satisfacen sus necesidades.

Fácil, usted expresa ese valor en dinero y el monto de dinero que usted usa para pagar un bien es la medida del valor que usted da al objeto que compra. Si paga mucho es que lo valora mucho y viceversa.

Pero hay algo más que necesita saberse, el valor que usted da a lo que compra. Sí, lo expresa en dinero, pero habrá que ver cuál es la causa por la que usted está dispuesto a pagar esa cantidad, sea o no grande.

Lo que le da valor a las cosas es usted mismo. Y cada persona les da valores distintos. Es decir, el valor de las cosas es subjetivo.

Cada persona las valora en niveles distintos. Y ese valor subjetivo es el que le hace decidir comprar o no comprar a determinado precio.

Esto es importante, porque significa que el valor de las cosas no está determinado por la cantidad de trabajo que se dedicó a producirlas, ni por el costo de los materiales que contienen.

Lo producido tiene el valor que las personas que lo pueden comprar le asignan y que puede ser de cero aunque el bien haya requerido miles de horas de trabajo, cuando nadie quiere comprarlo.

Un ejemplo extremo: si por proteger empleos que se hubieran perdido, un gobierno subsidia para mantener funcionando a una fábrica productora de cassettes de audio, podemos concluir que sus ventas serán escasas, muy escasas. La razón es la obvia: los compradores ya no valoran a ese producto como antes.

El gobierno podrá presumir que ha salvado empleos, pero cualquiera podrá ver que todos los recursos empleados en esa producción están siendo desperdiciados (algo muy irresponsable dada la escasez de recursos).

Entonces, las cosas quedan claras. Cada persona valora a los bienes subjetivamente, de acuerdo con lo que ella piensa que las necesita y expresa ese valor en la cantidad de dinero que está dispuesta a intercambiar por cada una de ellas. Yo no daría un centavo por un disco de Enrique Iglesias, pero habrá otros que paguen por ellos.

La cuestión, además, implica que las personas cambian su valoración de un momento a otro. Es decir, la valoración que hacemos de las cosas es dinámica. Bajo ciertas circunstancias podremos valorar mucho cierto bien, pero bajo otras circunstancias esa valoración podrá reducirse.

Un ejemplo muy conocido, el agua. Para quien ha agotado el contenido de su cantimplora y está en el desierto, el agua tendrá un valor enorme. Esa persona valorará el agua enormemente. Seguramente pagaría por un litro de ella muchas veces más de lo que cuesta en un supermercado un tercio de litro de Perrier o de Evian.

Eso lo saben todos, espero, pero lo interesante es lo que sucede en una situación opuesta a la del desierto, cuando la persona está en una situación en la que abunda el agua. ¿Cuánto pagaría por ella? La respuesta es la que usted se imagina, nada o muy poco.

Y cuando, gracias a la abundancia de un bien, su precio se reduce, ese bien también reduce su valoración. Entonces sucede que el bien comienza a ser usado en necesidades menos prioritarias. La persona del desierto no usará el agua para lavar su ropa, pero cuando ella abunda se usará para eso y para otras cosas menos vitales.

Podemos llegar a una conclusión razonable: los bienes serán usados en necesidades cada vez menos prioritarias conforme disminuya su precio.

Por ejemplo, ponga usted un precio de cero al agua y verá el descuido con el que ella se usa; suba su precio y verá que ella comienza a ser cuidada… hasta el punto extremo del cuidado que tendría con ella la persona en el desierto.

¿Sentido común? Por supuesto, pero hay ocasiones en las que no se hace caso a esto. Un ejemplo:

«[…] la Asamblea General de las Naciones Unidas reconoció explícitamente el derecho humano al agua y al saneamiento, reafirmando que un agua potable limpia y el saneamiento son esenciales para la realización de todos los derechos humanos».

No es claro totalmente lo que eso implica, pero si significa que el agua debe ser vendida a precios cercanos a cero, eso producirá un efecto predecible: las personas usarán ese recurso escaso descuidadamente, lo que producirá más escasez.

Le digo, hay veces en las que es necesario recordar lo obvio. Sí, incluso a quienes, como en la ONU, usted supondría que son expertos.

Post Scriptum

Una propuesta representa muy bien lo que he intentado decir:

«[…] El agua debe llegar a todas las personas sin restricciones. Nadie debe quedar excluido del acceso al agua de buena calidad […] Las personas deben tener acceso a una dotación de agua suficiente para satisfacer sus necesidades básicas: bebida, cocina, higiene personal, limpieza de la vivienda y lavado de ropa […] El servicio de agua debe llegar en forma continua y permanente. Lo ideal es disponer de agua durante las 24 horas del día […] El agua es un bien social pero también económico, cuya obtención y distribución implica un costo. Este costo ha de incluir el tratamiento, el mantenimiento y la reparación de las instalaciones, así como los gastos administrativos que un buen servicio exige».

Muy bien, que sea un derecho, pero lo que dictará la realidad no es diferente al resto de los bienes escasos: será valorado de acuerdo con su costo; si ese costo es reducido, el agua tenderá a ser usada con descuido.

Si le gustó la columna, probablemente también: Agua y Precios, El Agua También Cuesta y Agua y Sentido Común.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras