Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
“Yo Bien, Ellos Mal”
Eduardo García Gaspar
28 mayo 2015
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es un tipo especial. Una clase de persona peculiar. Tiene rasgos claros, concretos.androjo

La posee un sentimiento de guía universal. No, mejor dicho, de instructor.

Un entrenador de deportes cuyas órdenes deben seguirse.

Su tema favorito es los otros, los que sean que tienen más que ella.

Los considera tontos, o casi. Razón por la que piensa que sus instrucciones son las mejores posibles en este mundo. No importa en qué nivel de ingresos se encuentre esta persona, ese es el nivel ideal.

Los que están por encima tienen recursos de sobra que deberían emplear de otra manera.

Si esta persona posee un auto, el que sea, es porque la compra suya fue la más razonable. Todo el que tenga un coche más caro ha tirado su dinero.

Y, de nuevo, afirma que ese dinero podrían haberlo empleado de otra manera mejor. Se califica a sí misma de austera, a los demás de gastadores compulsivos.

Para ella, el nivel de recursos que tiene, su fortuna, es suficiente para vivir feliz. Los que tienen más de eso constituyen una anormalidad.

Así va por la vida, siempre pensando que lo que los demás hacen es irracional, que lo que ella hace debería hacerlo todo el mundo. Ella es el modelo universal por excelencia.

Esta tipo de persona se encuentra con frecuencia entre activistas sociales que critican patrones de consumo a los que reprueban.

Son los que dicen ser los únicos que se salvan del terrible poder de la publicidad para hacer al resto comprar lo que no necesita. Ellos son los inmunes, nosotros los tontos.

Son personas muy propensas a establecer cánones sobre lo necesario y lo superfluo. Y obviamente ellas jamás adquieren nada superfluo como sí lo hace el resto de la gente que es una inconsciente.

Poseen un complejo de superioridad nato, muy inclinado a regular la vida ajena.

Regularla bajo el principio de “la gente necesita esto, pero no lo otro”. Si ellas tuvieran poder sobre la gente, les darían instrucciones precisas sobre sus compras, sobre sus casas, sobre su vida. El resto tendríamos que acomodarnos al tipo de vida que ella considera ideal y que es el suyo, obviamente.

La cosa no pasa a mayores mientras esa persona no llegue al poder. Todos conocemos personas de ese tipo o con inclinaciones para serlo. Incluso nosotros mismos a veces nos comportamos de esa manera.

Nada grave realmente, pero sí es sumamente serio cuando la persona llega a una posición de importancia, de poder sobre muchos otros.

Piense en el peor escenario: este tipo persona llega a ser presidente de un país; la posición perfecta para desde allí dar instrucciones al resto. Instrucciones específicas, concretas, sobre cómo vivir.

La idea que ella tiene de la vida ideal es lo que forzará al resto a adoptar. Adoptar usando la fuerza gubernamental.

Lo notable de esta posibilidad es su punto de partida: los demás son tontos, yo soy el inteligente, por tanto, irremediablemente deben seguir mis instrucciones.

Un caso especial de esto es el quien considera a la religión una colección de supersticiones que deben desterrarse y como consecuencia manda erradicar, hasta donde puede, a la religión, como en el caso de México y la educación.

Pero, más común, es el evitar que haya gente con más ingresos de los que la persona cree que son suficientes para vivir según sus criterios propios. Si se les deja el dinero, lo malgastarán en lujos estúpidos y cosas innecesarias, piensa ella. De aquí surgen, en buena parte, los impuestos progresivos y la confiscación de herencias.

Esas medidas tienen un parecido extraordinario a la mentalidad y las políticas del socialismo, pero en el caso de esta persona eso es una coincidencia y nada más que eso. Estas personas pueden no saber nada del socialismo y su doctrina, tan solo las alimenta su sentido de superioridad. Superioridad moral.

Es que su mente le indica una y otra vez que “yo bien, ellos mal”.

Hay que guiarlos, hay que salvarlos de su estupidez. Esa es la mentalidad que resulta curiosa y pintoresca hasta que se combina con el poder y entonces se torna letal. Una arma de destrucción masiva sin explosiones.

En fin, todo lo que quise hacer es apuntar uno de los más grandes peligros de la política de todos los tiempos: llevar al poder a alguien que piensa que “yo bien, ellos mal”, que cree que está rodeado de idiotas que no entienden que la salvación de todos depende de que sigan sin chistar las instrucciones que les da. ¡Ah, y eliminar a los que no piensan como él!

Post Scriptum

Obama califica muy cerca de este tipo de persona, al menos según algunos comentarios. Uno los casos más claros es la dinastía de Kim Il-sung, Kim Jong-il y Kim Jong-un, en Corea del Norte.

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