Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
15 Domingo Ordinario (ciclo C)
Textos de un Laico
8 julio 2016
Sección: Sección: Asuntos, Y TEXTOS DE UN LAICO
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• La primera lectura de la misa de este domingo, del Deuteronomio (30, 10-14) nos manda una mensaje sencillo: allí están los mandamientos y ellos no están lejos de ti. Las palabras de Moisés son claras.

Dice él, «Escucha la voz del Señor, tu Dios, que te manda guardar sus mandamientos… conviértete al Señor, tu Dios, con todo tu corazón…»

Dos veces repite la frase «el Señor, tu Dios», mostrando con eso que Dios está con nosotros.

Nuestro Dios nos manda guardar sus mandamientos y esos mandamientos no pueden estar por encima de nuestras capacidades. Por eso, las palabras de Moisés, un tanto poéticas, hablan de que esos mandamientos «no están en el cielo» y que «tampoco están otro lado del mar».

E insiste en el punto, afirmando que todos los mandamientos de Dios «están muy a tu alcance, en tu boca y en tu corazón, para que puedas cumplirlos».

Desde luego, la interpretación de esas palabras es que esos mandatos divinos no nos piden cosas que no podamos cumplir y más aún, podemos sentir que esas palabras dicen bastante más: los mandamientos están impresos en nuestra conciencia, dentro de nosotros, lo que hace ver a la conciencia interior como la voz de Dios que nos habla dándonos un sentido innato de lo que está bien y de lo que está mal.

En otras palabras, escuchar a la conciencia es escuchar la voz de Dios… lo que nos lleva al Evangelio de hoy.

 

• San Lucas en el evangelio (10, 25-37) cuenta un episodio en extremo conocido, el del buen samaritano. Pero vayamos no a esa parábola, sino a cómo nace ella.

Un doctor de la ley, se acerca a Jesús y le pregunta qué debe hacerse para alcanzar la vida eterna. Esa pregunta, por cierto, es la más seria que puede plantearse un ser humano. El doctor de la ley sabe de qué está hablando y, dice el evangelio, con su pregunta quiere poner a prueba a Jesús.

Y Jesús no responde de manera directa, sino con una pregunta, ¿qué dice la ley al respecto? El doctor a su vez contesta con la recitación literal de lo que manda el Señor, «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu ser, y a tu prójimo como a ti mismo».

El doctor, puede verse, emplea la misma idea de Moisés en el Deuteronomio, incluso usando esa misma frase de «el Señor, tu Dios». A continuación, Jesús aprueba la respuesta, pero el doctor insiste con otra interrogante, ¿quién es mi prójimo?, lo que lleva a la famosa parábola.

Todo para terminar con una lección que parece ser nueva para el experto doctor. Dice Jesús, «Anda y haz tú lo mismo» que hizo el samaritano.

Para cada uno de nosotros, ambas lecturas envían un mensaje transparente. Nos dicen primero que existen mandamientos divinos, que podemos cumplir, que no son metas imposibles, ni alejadas de nuestras capacidades.

Pero, también nos dicen que a veces, aunque conozcamos esos mandamientos vamos a tener dudas y preguntas y que si eso nos pasa podemos pedirle a Dios que nos las aclare.¿Cómo? Acudiendo a nuestra conciencia, interrogándola, no para que nos dé respuestas directas, pero sí para que nos ayude a ser nosotros mismos los que pensemos en esas respuestas que son obvias.

Sin embargo, en el evangelio se da un paso más allá que en el Antiguo Testamento y que la carta de San Pablo explica notablemente.

 

• En la segunda lectura, dice Pablo en la epístola a los colosenses, que «Cristo es la imagen de Dios invisible…en él tienen su fundamento todas las cosas creadas… Todo fue creado por medio de él y para él… Él existe antes de todas las cosas y todas tienen su consistencia en él…»

Con esas y las demás palabras de la carta en ese pasaje, Pablo muestra ese paso adelante: no sólo los mandamientos están cerca de nosotros, sino Dios mismo está con nosotros en Jesús hecho hombre, hablándonos directamente a nosotros, contestando esa pregunta de cómo debemos comportarnos para lograr la vida eterna.

• Reuniendo las tres lecturas, por tanto, podemos ver que ante nosotros está un mensaje de Dios y que es un mensaje de optimismo que contesta la más grande pregunta que nos podemos hacer, cómo conseguir la vida eterna, cómo salvar nuestra alma.

La respuesta es clara y rotunda, siguiendo los mandamientos, la ley del «Señor, tu Dios», como se dice en el Deuteronomio.

Con una ventaja: es posible consultar a Dios, igual que hizo el doctor de la ley, si dejamos que nuestra conciencia actúe, pues ella es la voz de Dios dentro de nosotros.

Desde luego, esa conciencia está guiada y educada por esa ley divina, por esos mandamientos y a ella podemos acudir cuando tengamos dudas, cuando no sepamos qué debemos hacer, teniendo la seguridad de que nos dará respuesta si en verdad queremos escuchar la voz de Dios.

Nuestra vida, sin duda alguna, está llena de momentos de duda y el Evangelio nos muestra que no estamos solos para por nosotros mismos leer los mandamientos y hacer lo que ellos mandan.

No, no estamos solos, está Cristo con nosotros, muy cerca, dispuesto a hablarnos si es que le llamamos para preguntar y compartir nuestras dudas. Y también para darnos fuerza, si es que nos falta para cumplir sus mandamientos.

Cristo mismo nos contestará a su manera, como al doctor de la ley, dejando que seamos nosotros mismos quienes saquemos las conclusiones sobre lo que debemos hacer, pues somos libres y podemos hacer lo que queramos, lo que sea, con la gran ventaja de que nuestra conciencia es la herramienta para entender a la libertad correctamente… no como la posibilidad de hacer lo que queramos, sino como la oportunidad de hacer lo que debe hacerse.

Saliendo de misa, por tanto, las palabras de Jesús deben quedarse contigo, «Anda y haz tú lo mismo» que hizo el samaritano. Hazlo en todo momento y eso te llevará a escribir tu nombre en el cielo, como se dijo en la misa del domingo pasado.

La idea de Textos de un Laico nació en 2004: el intentar encontrar los comumes denominadores de las tres lecturas de la misa católica de cada domingo.

 





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