Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Activista, Socialista, Sacerdote
Eduardo García Gaspar
9 mayo 2016
Sección: RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Pude verlo con claridad. Pude ver lo que no debe ser. La ocasión fue una conversación con un sacerdote.

Hace ya tiempo, cuando me dijo que era él socialista; que luchaba por implantar al socialismo en el país y que lo hacía desde le púlpito.

No debe ser. Es claro que no debe ser. Los sacerdotes tienen la misión de evangelizar. Son misioneros de Cristo. No son activistas sociales, ni promotores de ideologías. Son, antes que nada, hombres consagrados a Dios. No a Marx, ni a Keynes, ni a Marcuse, ni a Habermas.

Lo que llamó mi atención fue el poder ver con claridad lo que no debe ser. Y creo que eso tuve en común con ese sacerdote.

Los dos veíamos algo que no debía ser. Yo veía a un sacerdote equivocando su vocación; él veía una situación de pobreza que tampoco debía ser.

Creo que esto merece una segunda opinión. Me refiero a la capacidad de encontrar lo que no debe ser.

Me parece que los humanos tenemos una especial capacidad para ver la realidad y encontrar cosas que no deben ser. Quizá no tengamos un sentido muy desarrollado de eso, pero de seguro es algo que tenemos en nuestra naturaleza.

Con el tiempo, la experiencia, el estudio y la reflexión, ese sentido de lo que no debe ser va refinándose, afinándose. Vuelvo al caso del sacerdote. Claramente le indignaban situaciones de pobreza; eso que no debe ser. Y más claramente veía el remedio en el socialismo.

Esto me permite diferenciar dos facetas. Una es la capacidad para encontrar eso que pensamos que no debe ser. La otra y que es muy diferente, es la de encontrar los medios para solucionar lo que no debe ser. No son iguales.

Exploremos esto con un caso concreto, las relaciones iglesias-gobiernos.

En nuestros días es común pensar que está mal que el poder religioso se una al poder político. Las experiencias anteriores muestran que las concentraciones de poder conducen sin remedio a abusos notables.

Es así que sabemos algo que no debe ser: no debe concentrase el poder en general, y en concreto, no debe unirse el poder político al religioso. Muy bien, esto es razonable y lógico, pero no conduce a una solución simple y fácil, como sería la de creer que esos dos poderes puedan vivir sin relación alguna entre ellos.

La relación de total y absoluta independencia es imposible. En ambos poderes existe preocupación por los asuntos terrenales. Esa es la razón de ser de los gobiernos, la de hacer a la sociedad algo en lo que pueda vivirse y prosperar. Si bien la religión tiene su foco central en los asuntos espirituales y la vida eterna, no descuida los terrenales.

Hay entre esos dos poderes un área común de intereses. Esto es lo que hace imposible la absoluta separación de ellos, como lo han propuesto los progresistas. Suponen ellos que la religión es un asunto de la vida privada que no interfiere con la vida pública, ignorando que es una misma persona que que vive sin separación ambas vidas.

Más aún, creo que perder a las iglesias como una parte de la sociedad sería una merma importante. Las iglesias, en mi opinión, tienen una función vital terrenal, la de realizar «un profundo escrutinio de nuestra sociedad» como lo escribió T. S. Eliot.

Hablo de lo que conozco, del Cristianismo, y de su muy alta capacidad para realizar esa función de encontrar lo que está mal. Con una salvedad; vuelvo a citar a Eliot:

«Es mucho más la función de la Iglesia el decir lo que está mal, es decir, lo que es inconsistente con la doctrina cristiana, que el proponer esquemas particulares de mejora».

No pienso que esté en la capacidad eclesiástica el recomendar políticas particulares de conducción económica, sean socialistas o no.

Pero sí tiene una amplia experiencia y una habilidad notable para hacernos ver lo que está mal, lo que no debe ser. La sociedad que perdiera esa contribución sufriría un quebranto notable.

Piense usted en esto. Si acaso usted está de acuerdo con el principio de la división del poder, ese mecanismo que debilita la capacidad para cometer abusos de autoridad, las iglesias juegan un papel bienvenido. Incluso para los ateos. Sirven ellas de contrapeso a la fuerza gubernamental e ilustrando a la opinión pública.

Cierto, las iglesias tendrán que entender ese papel de responsabilidad terrenal dentro de un sistema de libertad de opinión, reconociendo que ellas son una voz entra muchas.

Un miembro de una iglesia, como ese sacerdote, convertido en apologista socialista, va contra ese espíritu; ha olvidado hacer el escrutinio de lo que está mal y se ha convertido en promotor de una solución que está muy sujeta a debate. ¡Qué pérdida de tiempo y talento!

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