Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Alternativas Artificiales
Eduardo García Gaspar
14 junio 2016
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Un asunto de preferencias, de elección. ¿Crecimiento económico o destrucción ambiental?

¿Control estatal de precios o inflación sin límite?

¿Igualdad o injusticia?

Estos y muchos otros más, son planteamientos comunes. Formas de definir problemas a manera de disyuntivas entre dos posibilidades. Una de ellas es la que debe seleccionarse. Una y solamente una.

Con frecuencia los asuntos políticos se plantean de esa manera, con dos alternativas únicas. El problema es que pueden ser reales esas alternativas, pero también pueden ser artificiales.

Tome usted al novio que le pide la mano a su novia. Ella tiene a su disposición dos caminos que son obvios y no hay más que esos dos. ¿O hay más? Posiblemente los haya. Quizá ella responda que no sabe y que prefiere esperar un tiempo antes de responder.

Pongamos un nombre a esto, el de la dicotomía falsa. Una especie de falacia que tiene su propia naturaleza. Ofrece ella la ventaja de la simplificación, pero al mismo seguramente puede cometer un error de simplismo.

Igualmente, puede plantear opciones correctas, pero también es posible que haya más de dos, o incluso, que no sea real la disyuntiva, que no haya oposición dicotómica entre las alternativas.

Hace ya tiempo un profesor de universidad planteó la idea de que los gobiernos tenían que decidir entre mantener un sistema económico injusto o dar entrada a medidas distributivas que solucionaran la desigualdad. No había opción adicional. «¿Injusticia o igualdad?», dijo él.

Bueno, cualquiera puede ver que no son esas alternativas opuestas que necesiten una decisión de selección. Más bien es una manera equivocada de definir un problema y esta es precisamente la falla que se comete al usar dicotomías artificiales. La decisión que se tome será también artificial.

Pero el asunto es más complicado aún.

Un libro que trata el tema nos previene de que si acaso nos volvemos unos fundamentalistas al respecto, perderíamos disyuntivas inspiradas, como «La vida es una gran aventura o es nada» (Baggini, Julian. 2009. The Duck That Won the Lottery: 100 New Experiments for the Armchair Philosopher). Y como la quizá más artística disyuntiva jamás planteada:

« ¡Ser, o no ser, es la cuestión! ¿Qué debe más dignamente optar el alma noble entre sufrir de la fortuna impía, el porfiador rigor, o rebelarse contra un mar de desdichas, y afrontándolo desaparecer con ellas?»

En la búsqueda de soluciones a problemas de política económica, suele usarse la estructura de socialismo-o-capitalismo. Tiene su sentido hacerlo y hay algo de razonable en esas dos opciones como únicas. Al menos, la llamada tercera vía no es más que una variante socialista, que en el caso de Argentina está bien ilustrada:

«La otra variante de la tercera vía es la que lleva a cabo Juan D. Perón en la Argentina entre mediados de los años cuarenta y cincuenta. Con una fuerte intervención del Estado, promoción del capitalismo nacional y un amplio programa de bienestar para los trabajadores, esta política se dilata hasta el golpe de Estado de 1955».

En resumen, lo que queda es una nota de aviso y prevención. ¡Cuidado con las dicotomías únicas! Es posible que sean artificiales, que definan mal al problema; pero pueden contener alguna dosis de realidad e incluso a veces pueden ser ciertas.

Ella son un reto para la mente y requieren el uso de neuronas que muestren si hay posibilidad de explicaciones adicionales.

¿Crecimiento económico o destrucción ambiental? ¿De verdad es esa disyuntiva real? Me imagino que cualquiera pueda encontrar opciones adicionales que revelen lo artificial de la dicotomía. Y, más aún, que la hagan sospechosa de un intento de manipulación deshonesta.

Este es un buen resumen de estas dicotomías:

«También es conocida como la falacia del blanco o negro o del dilema falso. Se han reducido el número de opciones a dos, siendo normalmente las más extremas. Así, el atacante acota el argumento y oculta las demás posibilidades, consiguiendo que no se tengan en cuenta otros factores. Es una falacia lógica porque se está simplificando y en consecuencia no se está teniendo en cuenta todo el espectro de opciones».

El problema, sin embargo, subsiste: es posible que en verdad exista ese dilema entre solamente dos opciones. Un amigo lo explica con el ejemplo de «se está o no se está embarazado, no hay tercera opción».

O bien, puede ser que la dicotomía sea planteada así en opciones extremas, pero más tarde sea explicada y mostradas sus sutilezas. Uno de ellos es fascinante, el de ciencia-o-religión, que ha sido bien resumido viendo sus representantes:

«Seudo-científicos sin escrúpulos pronunciando toda clase de disparates acerca de la ciencia, trastornando la esencia del pensamiento científico: el cuestionamiento. Así mismo, seudo-religiosos insensatos articulando juicios categóricos acerca de temas en donde no debieran entrometerse».

Post Scriptum

Imagino que el caso de las disyuntivas falaces o dicotomías falsas sea en primer lugar una especie de aviso de cuidado, para detenerse y pensar si es real la dicotomía, si tiene algo de fondo, si es metafórica solamente, si es un error, o si es una manipulación deshonesta.

¿La solución? El principio de la caridad en la interpretación, eso que pide una actitud comprensiva y solicita suponer que lo dicho por el otro tiene una base racional, que no ha sido dicho sin cuidado y que si contiene un error, es involuntario.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras