Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Altruismo Que Daña
Selección de ContraPeso.info
15 febrero 2016
Sección: ETICA, Sección: Análisis
Catalogado en:


Las buenas intenciones que lastiman es la idea de Mario Šilar (donde se encuentra la columna completa). Agradecemos al Instituto Acton en Argentina el amable permiso de publicación. El título original de la columna es Cuando El Altruismo Hace Daño

La tendencia humana a asumir las distinciones binarias de un modo maniqueo está muy presente en el ámbito de la interpretación de nuestras acciones libres —es decir, en el ámbito de la moralidad—.

Hay algo de razonable en esto. En efecto, el hombre necesita saber que existen  acciones que están bien y acciones que están mal para, de este modo, orientar su acción con claridad.

[…]

Donde más han contribuido a generar confusión, paradójicamente, las distinciones binarias simplistas es en el terreno de la moral, donde muchos de los términos que se utilizan para describir las acciones morales terminan siendo armas de doble filo.

Por ejemplo, la distinción entre altruismo y egoísmo, dada la carga valorativa de estos términos, suele obstaculizar la comprensión adecuada de la moralidad de algunas acciones.

A primera vista, y asumiendo la carga valorativa de los términos utilizados, las acciones egoístas son malas y las acciones altruistas son buenas. Hasta aquí lo evidente.

Sin embargo, existen fundadas razones para señalar, en primer lugar, el carácter incompleto que tiene la distinción altruismo-egoísmo. ¿Dónde se ubicarían, por mencionar un caso, las acciones que suponen un “legítimo autointerés”?

[…]

Un reciente estudio de Barbara A. Oakley (Oakland University) publicado en el Proceedings of the National Academy of Sciences pone el dedo en la llaga sobre esta inquietante pregunta.

El trabajo titulado «Concepts and implications of altruism bias and pathological altruism» es una densa síntesis de un libro editado por la autora en 2011, con el título Pathological Altruism.

Abordar los problemas vinculados al altruismo patológico es de extrema importancia ya que permite tomar una mejor conciencia de los problemas que subyacen en la dicotomía simplista altruismo-egoísmo. Esta dicotomía asume la legitimidad inherente a la conducta altruista, cosa que es bastante cuestionable.

[…]

¿Cómo se define el altruismo patológico? Oakley ofrece tres definiciones, una genérica, una más específica y una definición operativa.

El altruismo patológico es una acción en la que la motivación subjetiva, implícita o explícita, pretende hacer el bien a otra persona. Sin embargo, la acción intentada genera consecuencias negativas, sea a la persona que se ha querido ayudar o a uno mismo.

El carácter “patológico” de esta conducta no implica una diagnosis clínica sino la simple descripción de una conducta desordenada o abusiva.

Como se puede observar, el enfoque que ofrece Oakley supone una aproximación a mitad de camino entre la ciencia moral y la psicología.

Un punto interesante del trabajo de Oakley es que su análisis aborda tanto los problemas que el altruismo patológico genera a nivel individual como a nivel colectivo.

En este segundo nivel es donde el estudio exhibe sus puntos más sugerentes, donde se analiza el impacto que el altruismo patológico genera sobre las políticas públicas.

[…]

Muchas veces existe cierta tendencia en el seno de comunidades creyentes (sean estas religiosas o laicales) por promover una actitud altruista, considerada esta como sinónimo de ideal de vida cristiana. Con agudeza Oakley subraya que los intentos por promover el altruismo de modo ciego terminan generando escenarios de altruismo patológico.

Este altruismo patológico no sólo daña al receptor de la pretendida ayuda sino también, en muchos casos, al mismo agente que se pretende ayudar.

Entre las personas que orientan su vida bajo el ideal de la ayuda al prójimo —entre los laicos existen determinadas profesiones particularmente afines para esto, como las vinculadas a la educación y la salud—, suelen aparecer en el mediano y largo plazo diversos tipos de trastornos, tales como complejos de culpa, angustias, estrés (burnout), cuadros depresivos, además de otros trastornos de personalidad, que constituyen la exteriorización de una tensión de calado más profundo.

Aquí, Oakley aborda la relación que esto tiene con los distintos perfiles psicológicos y la formación de la personalidad en la niñez y la adolescencia. Existe, por ejemplo, un perfil psicológico de niños que suelen tener una clara predisposición altruista pero que está unida a bajos niveles de autoestima, escasos niveles de gratificación ante la tarea realizada y un limitado espíritu de autonomía.

Las personas con este perfil psicológico suelen ser proclives a padecer las consecuencias del altruismo patológico. En efecto, dada la impronta altruista de su carácter suelen integrarse en grupos y comunidades que promueven la ayuda al prójimo.

Sin embargo, dado el escaso nivel de autonomía y capacidad de realización en la tarea que exhiben, estas personas quedan inermes a la acción perniciosa que el altruista patológico ejerce sobre ellos. Así, a menudo, el agotamiento, el stress y demás síntomas de malestar que sufren son señalados por el altruista patológico como signos de falta de compromiso y de generosidad en la entrega.

De este modo, la carga de culpa y malestar que estas personas sufren termina siendo mayor. Se trata del fenómeno de «codependencia» psicológica muy frecuente en los casos de altruismo patológico.

Por ello, una educación religiosa y ética uniformizante (one size fits all), que simplemente se limite a afirmar acríticamente la importancia de la consecución del altruismo y sin atender a los distintos perfiles psicológicos, puede causar mucho daño en algunas personas […]

Pero es tal vez en las «implicaciones extendidas», en concreto, en las implicancias vinculadas al análisis de las políticas públicas donde la consideración del altruismo patológico ofrezca más virtualidades.

De algún modo Oakley viene a ofrecer un marco de comprensión psicológico-social para la distinción, que hiciera célebre Bastiat aplicándola al análisis económico, entre «lo que se ve» y «lo que no se ve» (falacia de la ventana rota).

No obstante, en el análisis moral me parece que esta tensión es mucho más compleja y sutil. En efecto, según dónde se ubique la perspectiva del agente que actúa, lo que se ve y lo que no se ve puede diferir.

A primera vista, para el observador exterior lo que se ve es la consecuencia exterior de la acción y lo que no se ve es el plano intencional. De igual modo, para el agente que actúa lo que se ve designaría, en primer lugar, el plano de su propia intención, y lo que no se ve designaría el plano de las consecuencias, todavía no existentes, pero que se prevén surgirán como consecuencia de su acción.

[…]

Aunque todo esto parezca bastante complicado viene a iluminar un problema acuciante en la actualidad: los escasos niveles de racionalidad presentes en el debate de las políticas públicas en donde a menudo el plano intencional-emotivo ocupa un papel protagónico, tanto entre quienes propugnan como entre quienes pretenden impugnar determinadas políticas públicas.

De este modo, el sesgo cognitivo causado por el altruismo patológico permitiría comprender la confusión presente a nivel psicoafectivo en multitud de actores sociales, que tienden a inferir los resultados de las políticas públicas a partir de la supuesta bondad presente en las intenciones que orientaron esas políticas.

Así, la presunta buena intención que guiaría algunas de las medidas que suelen gozar de amplio consenso entre la opinión pública —como por ejemplo las medidas de progresividad impositiva, las leyes de salario mínimo, la ampliación universal de determinados beneficios sociales, etc.—, suele oscurecer las consecuencias generalmente negativas, y contrarias a lo que se quería lograr, que esas medidas terminan causando.

Aquí Oakley hace una advertencia que no se debe perder de vista, que muchas de las medidas más perniciosas para las sociedades durante el último siglo han sido causadas en el contexto o como consecuencia de haber querido ayudar a otras personas.

En todo caso, una cosa positiva que el altruismo patológico permite poner de manifiesto es el rol crucial que juega la libertad para alentar escenarios en los que se produzcan buenas acciones genuinas.

En efecto, hay muchas buenas personas en quienes su bondad no termina de estar enamorada o convencida del gran bien que supone la libertad.

Como consecuencia de esto, tienden a minusvalorar la legítima esfera de autonomía e intimidad de la persona a la que quieren ayudar, por lo que se introducen en una pendiente resbaladiza donde terminan imponiendo su propio criterio de bien sobre la persona que dicen querer ayudar. Esto es un gran drama. Y un gran daño.

Es el drama de los buenos, que en su intento por hacer el bien, terminan erradicando de sus vidas la humildad —que es «andar en verdad»—, un requisito imprescindible poder actuar bien, respetando a la otra persona y sin invadir ni cooptar su voluntad.

En el largo plazo, las mejores acciones para ayudar a otros, tanto a nivel individual como colectivo no son inmediata o intuitivamente claras, no son tampoco del tipo de cosas que nos hagan sentir bien, finalmente, tampoco suelen ser el tipo de actitudes que promuevan otros individuos —estos también sesgados por sus propios intereses—.

Tener esto presente es indicio de una personalidad atenta a no querer dejarse arrastrar por deseos y planes propios para ayudar a los demás. Un indicio de esta actitud se manifiesta en la tendencia a seguir cursos de acción en donde la ayuda intentada tiene consecuencias en el corto o mediano plazo.

En síntesis, el trabajo de Oakley ofrece una lección muy concreta: las personas que quieran orientar su vida bajo la vocación de ayudar al prójimo, lo primero que deberían hacer, por el bien de esas otras personas y de ellos mismos, es reconocer que el altruismo en algunos casos puede hacer mucho daño.

Nota del Editor

Hay un enorme mérito en el apuntar esa gran verdad: las buenas intenciones no bastan, ni son suficientes para justificar decisiones de ayuda a otros. Esto es especialmente cierto en el terreno de las políticas públicas.

El autor, Mario Šilar, es Senior Researcher del Instituto Acton Argentina. Es Bachiller, Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte “Santo Tomás de Aquino”. Hizo estudios de Posgrado en Organización y Gestión Educativa, en la Universidad Austral. Tiene un Máster en Derecho de la Integración Económica, por la Université Paris I Panthéon-Sorbonne y un Máster en Formación del Profesorado por la UNED (España). Es Diploma de Estudios Avanzados en Filosofía por la Universidad de Navarra.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras